Capítulo 3 Precios

La empresa Polls General Advertising Agency. Donde cualquier publicidad de tus sueños puede ser creada. Eduardo es el diseñador principal, siempre está creando excelentes diseños y todos sabemos que nadie es mejor que él, por algo sus padres se fueron dándole la empresa en sus manos. Sabían lo bien que él iba a trabajar.

Camino envuelta en el abrigo, a paso apresurado intentando llegar hasta la biblioteca que queda a unas tres cuadras lejos de la empresa. Pongo el cronometro de una hora en el reloj y dejo que empiece el conteo. Cuando sea la hora, debo regresar.

Al llegar, no tardo en observar las pocas personas que hay en la biblioteca, el clima impedía a muchos venir, pero yo no perdía tiempo para ojear algunos libros; Y quizá conseguir una buena idea para alguna publicidad. El primer papel estaba sobre los otros, primero haría todo lo de la oficina y después hojearía los libros.

"Contrato de publicidad a la empresa de Rick Borge."

Mire lo demás y tome las anotaciones más importantes subrayando las con algunos marcadores que traía en el bolso.

El teléfono sonó y creí que era por la alarma. Lo tomé rápidamente entre los dedos al igual que los papeles, y me levanté de inmediato, mirando la pantalla del celular mientras caminaba a la salida para echarme a andar hacia la empresa.

- Señorita Ada. - su voz audible se escuchó de inmediato, en el otro lado de la bocina.

Algo malo había sucedido y eso era seguro.

- Habla ella, ¿Qué ocurre? - pregunté temerosa. Sintiendo como cada fibra de mi cuerpo temblaba, a medida que me alejaba de la biblioteca con camino a la empresa. ¿Por qué motivo estaba llamándome?

- Necesito que venga conmigo para hacer unas cosas. ¿Puede? - preguntó.

Mi corazón aleteo en todas las direcciones posibles. Estremeciendo los pedazos dentro de mí. Sin entender que ocurría exactamente, pude escuchar cómo mi boca pronunció un corto sí. Y seguidamente indiqué mi dirección. Cosa que él no tardó en escuchar finalizando la llamada y llegando en menos de nada.

Mi cuerpo estaba en shock. Sin comprender por qué el jefe Eduardo quería mi compañía. O mi ayuda, como dijo el que me necesitaba. ¿Qué cosas haría? Jamás nos habíamos visto más que en las paredes de la empresa. Aparte de que hoy solo recibí un regaño de su parte. ¿Qué le pasa? Estaba olvidando lo mucho que detestaba tenerme a su lado, o eso era lo que yo notaba alenguas. A través de esos costosos trajes y cualquier cosa que llevara consigo. Demostrándome toda la imponencia y superioridad que tenía hacia mí.

Bajó del auto sin ninguna prisa, flexionando sus fornidos brazos para quitarse los lentes negros que cubrían sus ojos. Me sorprendió al verlo acercarse hasta mí directamente.

- Señorita Ada, ¿me acompaña? - abrió la puerta de atrás y me hizo un ademán para que entrara en el auto.

Tragué tan grueso que creo haber compartido el sonido de mi saliva con todos. Específicamente con Eduardo. Cerró la puerta dejándome dentro y sentí como si una piedra cayera en mi estómago cuando de reojo vi ese abrigo en el asiento de al lado. Y no tardé en mirar hacia el frente, encontrando a la sexy mujer de caminar sensual, postrada en el asiento del copiloto. En total confianza.

Su figura se giró hacia mi puesto y congelé.

- Me llamo Mónica, soy la tía de Eduardo. Hermana de Francisco Polls. - dejó en claro extendiendo parte de su palma para apretar la mía.

Una enorme confusión me atrapo. Se veía muy joven. Y hasta podría dudar si la información que me daba era real. Estaba ahora sí, en shock.

- Ho-hola - pronuncié regalándole una sonrisa nerviosa mientras me soltaba la mano y se enderezaba en su asiento luego de darme un asentimiento con su cabeza. Estaba convencida de lo perfecta que era esta mujer, destilando sensualidad y elegancia en todos los aspectos.

Eduardo subió al auto, para empezar a manejar con dirección contraria por donde ambos vinimos. El no pronunció más palabras mientras atravesábamos el centro de la ciudad, y el silencio se adueñaba del espacio dentro del auto. Viendo como los focos empezaban a encenderse mientras el sol se iba perdiendo en el horizonte poco a poco gracias al frio y la neblina.

Yo, Estaba nerviosa. Inquieta sin saber el motivo de mi presencia aqui. Quizá Eduardo planeaba matarme y yo como una tonta no había dudado en salir con él, a ayudarle. Ni siquiera sé en qué estaba pensando cuando acepté, luego de dos años mi jefe me pide ayuda fuera de la oficina, y yo acepto a las de primeras. Eso es sospechoso. ¿Qué ocurre conmigo?

- ¿A dónde vamos?

No podía estar un segundo más adentro del auto sin saber lo que estaba ocurriendo realmente.

Sus ojos se encontraron con los míos desde el retrovisor. Una música suave sonaba de fondo y deje que mi pecho se calmara lentamente.

- Me tomé el atrevimiento de llamarte y solicitar tu ayuda, Ada, porque necesito qué acompañes a Mónica, ahora que llegó de viaje, Y está sola en esta ciudad tan grande.

La explicación me dejó más confusa de lo que ya estaba. El estaba eligiéndome, para que yo fuera la acompañante de su tía.

¿Creía que era un perrito de millonarios qué se dedicaba a hacerle compañía a sus dueños? Porque si era así, estaba entendiendo perfectamente.

- ¿Y por qué yo? - no podía echarme tal responsabilidad encima cuando tenía más trabajo del que quería.

No podía darme el lujo de pasear con la tía de mi jefe por las tiendas más caras y cargar sus bolsas, mientras el trabajo en la oficina se caía a pedazos, y al llegar toda la culpa sería echada sobre mis hombros.

- ¿No hay alguien más que lo haga? - quizá soné molesta y no fue la mejor forma de decirlo.

- Te pagaré para que lo hagas. - Eduardo pronunció sin más dándole fin al asunto.

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