Capítulo 49 Eduardo, el

Me levanté del banco de madera de la plaza sintiendo un calambre punzante que me recorrió las piernas entumecidas por la ráfaga de viento helado. Me froté las muslos por encima del abrigo para reactivar la circulación y eché a caminar a pasos apresurados hacia un pequeño establecimiento de comida rá...

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