Capítulo 5 Buenas noches señorita Ada
- No me diga señor, por favor. Me hace sentir viejo. Y tutéame, no me molesta que lo hagas, es más, me gusta. - dijo Eduardo, con una sonrisa prometedora. Estaba coqueteando abiertamente. Justo aquí. Justo frente a todos y a él no le importaba mucho.
- No lo hare entonces, si me lo estas pidiendo. Pero luego no se queje si entro en confianza y empiezo a ponerle apodos.
- ¿Cómo cuáles? Podría ser, mi jefe el malo- comenzó a parlotear- o mi jefe el explotador, o quizá, mi sexy jefe.
Me puse roja. Sentí que todo en mi cabeza empezó a calentarse. No supe que decir.
El mesero trajo la cuenta, esa que el tomo y pago después sin titubear. Nos levantamos para irnos del establecimiento y ya tocaban casi las siete de la noche. Aún era temprano, para mí. Una mujer que prefería adelantar trabajo a dormir las completas ocho horas diarias necesarias.
Salimos a la calle, dándonos de lleno con el frio viento. Sin querer choque con su traje, o, mejor dicho, con su cuerpo, cuando intentaba apartarme de la puerta para que Mónica saliera tras de mí.
- Hermosa noche - Mónica comento entrando en el auto cuando Eduardo le abrió la puerta incitándola a entrar.
Luego, él se giró y abrió la siguiente puerta. Quería que me subiera también. ¿iba a llevarme a mi casa?
- No, yo puedo tomar un taxi.
- ¿Un taxi? Es peligroso que tomes un taxi sola a esta hora. Si no quieres que te lleve, dime donde está tu carro e iré por él. Pero no me moveré de aquí hasta que estés segura.
- Puedo tomar un taxi, de verdad. - le hice saber, sosteniendo mi punto. No quería contarle que no tenía auto. Harías más preguntas, que yo no quería responder y una pregunta llevaría a las otras haciendo un bucle de todo.
- Ada, no te iras en taxi. Voy a llevarte a tu casa, sube. - Dictamino abriendo la puerta aún más. Quise rezongar, pero me contuve de hacerlo, subiendo rápido al auto.
Él se subió junto a mí. Y cerró la puerta. Me sentí confundida, no entendía quién iba a llevar el mando del carro si él se iba a sentar aquí...
El chofer entro en el puesto del piloto y comenzó a andar, poniendo el carro en marcha. Opte por mirar a la ventana y no enfocarme en como Eduardo no veía más que la pantalla de su celular. Arrugando el ceño de vez en cuando y tecleando cosas imposibles de ver. Porque yo mantenía la vista lejos de eso.
- Espero le haya gustado la cena de hoy - dijo con un tono monótono. Soltando el teléfono observando mi rostro. No había luz adentro del auto, así que no miraba exactamente la dirección de estos sobre mí.
- Me gustó mucho, todo estuvo excelente - correspondí su mirada.
- ¿No quiere nada mas o necesita algo para su hogar? - pregunto sin timidez como si fuésemos íntimos amigos. Y no pude dejar de abrir los ojos. Él también estaba siendo extraño.
- Tengo todo lo que necesito en casa, estoy bien, gracias - asentí mirándole a través de la oscuridad para darle más fundamento a mis palabras.
- ¿En serio vive sola? Creí que sus padres aun la acompañaban. - pregunto cambiando de tema.
- Vivo sola desde que trabajo con usted, mis padres tienen una vida lejos de aquí. Y no les pediría que la cambiaran solo para venir a esta ciudad, donde sé que jamás serían felices. Prefiero vivir sola, y que ellos sean felices dónde quieran vivir.
- Tiene razón, es muy acertada. - dijo.
- Disfruto vivir sola, así que no he tenido problemas con ello. Por supuesto, que a veces extraño a mis padres, pero, no es como si no pudiera llevar está vida.
- ¿Cree que podrá con mi tía? - jugaba con los mechones de su cabello. Sus dedos estaban inquietos. ¿Él estaba nervioso?
- Si - sonreí. Mónica me caía muy bien ya, era linda y amable. - Quizá, hasta nos hagamos muy buenas amigas mientras esté aquí. - confesé.
- Mañana necesito algunos papeles en mi escritorio señorita Ada, por favor que estén listos a la brevedad posible para yo revisarlos apenas llegue. - dejó en claro cambiando nuevamente de tema y yo asentí.
- Los tendré listos.
- Excelente. - finalizó volviendo a su teléfono.
El chofer del auto me pidió la dirección exacta y se la dije con recelo. Odiaba que el jefe Eduardo desde hoy supiera dónde vivo.
No tardamos en llegar al edificio de ladrillos ubicado un poco lejos de la empresa, se encontraba muy bien alumbrado y agradecía por ello para que no diera un aspecto de guarida tenebrosa de noche.
Al llegar, me siguió hasta el ascensor, ese que subió conmigo. Y dos pisos más arriba abordé el pasillo que se mostró.
Caminó conmigo en silencio, con solo los tacones haciendo eco y yo temblaba un poco de nerviosismo.
Me quedé en el apartamento 206 y tomé las llaves del bolso para después ponerlas sobre el pomo. Abriendo de inmediato encontrándome con una oscuridad bastante abrumadora.
- Encenderé las luces - dije poniendo el bolso en uno de los sofás. Sin escuchar palabra alguna de Eduardo, quién se mantenía parado en el marco de la puerta atento a cualquier movimiento.
Prendí las luces y volví hasta la puerta donde el me observó con las manos dentro de sus bolsillos. Solo miraba el resto de la habitación y alternaba sus ojos con los míos. Pidiendo algo de aprobación para mirar.
- Ya está - dije un poco atolondrada sin saber qué hacer.
¿Debía invitarle a entrar?
- Bien, me iré ahora mismo, ya que está bien y a salvo. - asintió ofreciéndome una de sus palmas que tomé y estreché de inmediato. Electrificándome con el calor de su mano, y la suavidad de los dedos que envolvieron con confianza mi mano.
- Buenas noches señor Eduardo. -
- Buenas noches señorita Ada. –
Cerré la puerta. Me quité los tacones y mis pies respiraron dejando que la sangre circulara perfectamente por ellos. Fui hasta la cocina para hacerme un vaso de avena antes de dormir, algo como un agua de hojuelas dulce, porque estoy bastante llena como para comer algo más y sólido por esta noche. Quedé muy satisfecha.
No estaba logrando entender perfectamente lo que estaba sucediendo dentro de mi cabeza. Estaba siendo toda una revolución de sentimientos y sensaciones encontradas que desde hace mucho no veía levantarse. Sabía que no había ninguna oportunidad con él, siendo tan diferentes no sería yo la primera mujer que quisiera enamorarse de él.
Me di un baño rápido, lavando mi cabello y me enrollé en una toalla al salir.
El celular vibró en la mesa de noche, dónde lo puse al entrar y no quise mirarlo de inmediato. Los párpados se me estaban cerrando al punto de, perder el hilo de esos pensamientos que rozaban lo insoportable. Arrisque a vestirme y acostarme. No podía sacarme todo lo que hoy había ocurrido de la cabeza, pero me obligue a dormir.
