Capítulo 6 Enemigos
Los rumores de que Williams Shepard venía a la oficina en miércoles era cierto, total y absolutamente cierto. A pesar de que ayer, había sido un lindo día de paz y tranquilidad, hoy, en miércoles, todo estaba siendo un desastre. No sé por qué estoy usando esas palabras, pero me encanta exagerarlo todo. Aunque, no estoy exagerando cuando digo que todo está hecho un desastre.
Las cosas en la oficina estaban patas para arriba. Y yo no dejaba de tener papeles llenos de información sobre la mesa, para confirmar, aprobar y llevárselos al jefe.
El edificio estaba repleto de personas. La cantidad de directivos me parecía hasta excesiva. Eduardo estaba totalmente estresado saliendo de una reunión para luego entrar a otra, pidiéndome un vaso de agua entre cada junta de menos de quince minutos. Para aclarar cualquier duda del próximo proyecto que entraría a la empresa por los comerciales de Halloween de octubre.
Eduardo estaba ahora mismo acomodando su traje. Esa corbata azul le daba un aspecto fresco y relajado. Justo lo que el necesitaba en este momento, pero al parecer, estaba más enojado que fresco. Sus ojos estaban puestos en el portátil en sus manos. Revisando las palabras que le había escrito la noche anterior y que debía aprendérselas para dar un corto comunicado a la prensa, anunciando parte de su propuesta para este mes.
Eran alrededor de las once. Mónica me había arrastrado a las ocho a comprar ciertos sombreros elegantes, que tardo en escoger de varias tiendas, pero al final optó por uno lila que iba acorde con su vestimenta. Y por supuesto, no olvidó comprarme uno rojo para mí, que iba acorde con mi atuendo. Ella se pensaba que ahora yo era su hija, prima, hermana o experimento, como quisiera llamarlo. Y me obligaba, se acercaba a eso... a ponerme cosas iguales a las de ella.
- Ada, a mi oficina. -Eduardo rugió la orden caminando lejos de la chica que acomodaba su traje en la sala de juntas. Atravesó la puerta dejándome con la boca abierta por la forma en que me hablo, mientras yo, veía unos papeles junto a Enrique, quién me ayudaba a decidir el restaurante para la cena de esta noche con los inversionistas que se quedarían en la ciudad.
Lo seguí por el pasillo. El caminaba delante apartando a todos y se trepo al ascensor en cuestión es de segundos.
Al final, casi trote para no tardarme más y me subí junto a él, apretando el botón que daría al tercer piso, dónde trabajamos.
Pero la felicidad duró poco cuando lo vi girarse hasta mí, y poner su cuerpo delante del mío, intimidándome con su gran altura y ese rostro imponente y dominante que llevaba consigo cada minuto. No podía descifrar la amargura de sus ojos, ni tampoco esa gota de empatía que observaba en la suavidad de su gesto con la boca y mejillas. No era del todo duro. No era del todo ridículo.
Era más humano que cualquiera de nosotros. Quizá estaba cansando y por eso me veía como si fuese una presa de pollo asado.
- ¿Qué es lo que hace señorita Ada? - su voz resonó por todo el espacio. Dejando un corto eco en las paredes que se esfumó de inmediato.
No capté de inmediato su pregunta. Y mucho menos después. ¿A qué se refería? ¿Qué estoy haciendo?
- ¿Qué? Estoy parada justo aquí, señor Eduardo. - respondí arrugando las cejas hacia él. Y no sé inmutó.
Me miró de vuelta dejando que sus labios se relamieran secos por el frío del ascensor.
- No hablo de eso. - susurró.
Pude haberlo imaginado, pero en el momento en que lo dijo se giró quedando de frente a la puerta y está se abrió. Dándonos paso al pasillo donde debíamos bajarnos. Quedé atolondrada. Y en el momento en que él se bajó, yo lo seguí rápidamente con las manos temblorosas. Su acercamiento me dejaba más nerviosa de lo que alguien podía estar.
- Necesito los papeles firmados por Gustavo. Y el acuerdo de Shepard con nosotros. - dijo entrando a su oficina, dónde dejó abierta la puerta para mí.
- ¿Para qué necesita el acuerdo de Shepard? ¿Hay algún problema con él? - pregunté confundida.
- No, no hay ningún problema, pero todavía no sabemos si en el futuro exista uno. - ladeo su cabeza hacia mí haciendo hincapié en eso.
- ¿Traigo todos los referentes a ese acuerdo o solo el acuerdo? Hay varios papeles que el firmó para la empresa, aparte del contrato con nosotros.
- ¿Qué otros papeles firmaron? - preguntó inquieto parándose del otro lado del escritorio viendo la ciudad desde el gran ventanal que había.
- Acuerdos para entrega de materiales, inversiones, recursos humanos, obreros. El metió las narices en todo y encargó personal suyo a la empresa. Tuvimos que ceder. Usted también leyó dichos papeles.
- Ada, si hubiera leído esos papeles lo recordaría perfectamente, créeme. Y no lo hice porque no hay nada en mi cabeza con respecto a esos papeles. Se los diste a alguien más para que los supervisara y no lo recuerdas.
- Por supuesto que no. Usted mismo los mandó a hacer ese día, y los reviso a detalle. No ponga en duda mi memoria tampoco, porque sé exactamente lo que ocurrió el día que Williams firmó el contrato.
Sus pasos se hicieron presentes por la oficina. Caminaba hacia mí con las manos dentro del bolsillo. El traje le sentaba a la perfección y su rostro estaba relajado. Mirando y dibujando algunas de mis facciones con sus ojos azules. Esos que, me intimidaban cada que los tenía cerca.
Se detuvo junto a la silla del escritorio. No tan lejos de mí. Yo estaba parada a un par de metros de la puerta. Con las manos sobre el pecho. Cosa que, solté de inmediato intentando no hacer notar el par de montañas envueltas en la camisa. Llevaba el cabello lacio y estirado, detrás de mis hombros. Llegaba a mi cadera, dándome un aspecto de diosa licantropa. Me fascinaba como se veía, mi cabello, claro.
- Tráeme los documentos, y entenderé perfectamente si ya no quieres trabajar conmigo. - soltó mirando su reloj.
¿Qué demonios?
