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Después de cenar, salieron del restaurante.

David aferraba con fuerza la cintura de Hania, deseando poder llevársela en ese mismo instante.

Aunque Miles no podía ver, podía imaginar qué estaba pensando y haciendo David.

Así que sugirió adrede:

—Hania, ¿por qué no te quedas unos días? Puedes toma...

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