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Hania se mordió el labio y dejó de hablar, con un atisbo de culpa en los ojos.

Sabía que no podía engañar a David.

En silencio, David caminó hasta su lado y la envolvió entre sus brazos.

Acariciándole la espalda para reconfortarla un poco, la tranquilizó:

—No te preocupes. Es culpa mía. No estuv...

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