Capítulo 21 NADIE TOCARA A MI ESPOSA

Valeria, muerta de la vergüenza, con las mejillas ardiendo y con un horrible calor a pesar de no tener el montón de cobijas, suplicó con voz desesperada.

—¡Doctor, por favor, dígale que no me estoy muriendo, que lo único que tengo es una crisis nerviosa por culpa de este cavernícola!

El doctor B...

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