Capítulo 10 Tormenta en el horizonte (2).
Tormenta en el horizonte (2).
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Damon se acercó a ella, manteniendo su expresión cerrada pero con sus ojos brillando con una intensidad que hacía difícil sostenerle la mirada; era evidente que lo que había visto en Lyra durante el combate había despertado nuevas preguntas que, probablemente, ella no estaba preparada para responder.
—Están aquí por ti —dijo él finalmente, con una voz que era baja pero firme, lanzando no una pregunta sino una afirmación que resonaba en el aire.
Lyra quiso negarlo, pero las palabras murieron en su garganta ya que no podía mentir tras lo sucedido; en lugar de responder, se concentró en recuperar el aliento e intentaba mantener su fachada lo mejor posible.
Antes de que Damon pudiera presionar más, Caleb apareció desde el otro lado del claro, sosteniendo algo en sus manos que era un trozo de tela sucia y rota. Cuando se la entregó a Damon, algo en su expresión cambió mientras desenrollaba el material con cuidado para revelar, en el centro, un símbolo grabado en un trozo de metal oxidado.
Lyra sintió que el mundo se detenía al ver ese símbolo; era el mismo que había visto en antiguos libros de Sombravía, siendo un emblema asociado con una vieja línea de sangre de alfas poderosos que, supuestamente, había sido destruida hace generaciones.
—Esto estaba en uno de los humanos —dijo Caleb, con un tono que dejaba entrever su preocupación.
Damon sostuvo el emblema en su mano, girándolo bajo la luz tenue que se filtraba a través de los árboles mientras su rostro se mantenía tenso, como si estuviera tratando de unir las piezas de un rompecabezas que aún no podía resolver.
—¿Lo reconoces? —preguntó Caleb, con su mirada alternando entre Damon y Lyra.
Damon no respondió de inmediato, sino que se giró lentamente hacia Lyra; esta vez no había dudas en su mirada porque había algo en ese emblema que lo conectaba directamente con ella.
—Esto tiene que ver contigo, ¿verdad? —preguntó finalmente, con un tono que era más suave pero aún implacable.
Lyra abrió la boca para responder, pero las palabras que salieron no eran las que había planeado. —No lo sé.
Era una mentira, al menos en parte; había algo en ese emblema que le resultaba familiar y que despertaba recuerdos fragmentados que ella había intentado enterrar, pero no podía admitir eso frente a Damon.
—Necesitamos respuestas —dijo Caleb, rompiendo la tensión—; si estos atacantes están conectados con ese símbolo, necesitamos saber qué significa antes de que vuelvan.
Damon asintió, aunque su mirada permanecía fija en Lyra. —Encontraremos esas respuestas, de una forma u otra.
Se giró hacia el resto de los guerreros, dando órdenes para que se aseguraran de que el área estaba despejada antes de regresar a la fortaleza; incluso mientras dirigía a la manada, Lyra podía sentir su atención sobre ella, actuando como una llama que no podía apagar.
Mientras seguían su camino de regreso, Lyra no pudo evitar mirar una vez más el emblema que estaba en manos de Damon; sentía que contenía no solo una pieza de su pasado, sino también una clave para su futuro. Aunque había logrado mantener su secreto, sabía que el tiempo se estaba acabando.
—Es de nuestra sangre —susurró Eira en su mente, con un tono que estaba lleno de reverencia—, es una señal de quién eres realmente.
Lyra apretó los labios, sabiendo que su lobo tenía razón; aceptar eso significaba arriesgar todo lo que había construido en Lunasangre y, por primera vez, no estaba segura de si era un riesgo que estaba dispuesta a tomar.
El grupo llegó a la fortaleza al caer la tarde, arrastrando consigo el peso de la batalla reciente; Damon iba al frente con un paso que era decidido, mientras Caleb cargaba el emblema con el cuidado de quien sabe que posee algo importante. Lyra, por su parte, caminaba en silencio, sintiendo el peso de las miradas de los guerreros porque sabía que todos habían visto más de lo que ella pretendía mostrar.
Cuando llegaron al patio principal, Damon se detuvo y se giró hacia el grupo. —Caleb, organiza una reunión con los Betas, quiero un informe completo antes del amanecer.
Caleb asintió y se dirigió al interior, seguido por los guerreros, mientras Lyra comenzaba a moverse con la esperanza de desaparecer, pero la voz de Damon la detuvo.
—Tú, quédate.
Lyra se giró lentamente, encontrándose con la mirada de Damon que estaba intensa; pensó en desobedecer, pero sabía que eso solo empeoraría las cosas, así que apretó los labios y lo siguió.
La condujo a una de las salas más privadas, un lugar pequeño y oscuro que estaba iluminado solo por un par de antorchas; Damon cerró la puerta y se giró hacia ella, cruzando los brazos frente a su pecho.
—Creo que ya hemos esperado suficiente, Lyra —dijo él, con un tono que era grave—, es hora de que me digas quién eres realmente.
El corazón de Lyra latió con fuerza; aunque había esperado este momento, no era menos aterrador; Damon la observaba como un depredador que espera un error.
—Soy exactamente lo que dije que soy —respondió ella, manteniendo su voz lo más firme posible—, una sobreviviente que busca refugio.
Damon dejó escapar un resoplido, claramente insatisfecho, y dio un paso hacia adelante mientras su voz se volvía casi un susurro.
—Eso no explica lo que pasó en el bosque, ni explica cómo enfrentaste a esos atacantes como si hubieras sido entrenada toda tu vida.
Lyra apretó los puños, sintiendo cómo el temblor recorría su cuerpo porque sabía que no podía seguir evadiendo las preguntas.
—Eres fuerte, más de lo que debería ser posible para alguien como tú —continuó Damon, mientras sus ojos escaneaban su rostro—, y ese emblema... lo reconociste, ¿verdad?
Lyra desvió la mirada, incapaz de sostener la intensidad de él. —No sé de qué hablas.
Damon suspiró y, aunque pareció relajarse, su expresión seguía siendo seria. —Esto no es un juego, Lyra; lo que ocultas no solo te afecta a ti, ahora somos parte de esto, quieras o no.
El peso de sus palabras cayó sobre ella como una losa; Damon tenía razón y su presencia había traído problemas inevitables; pero decir la verdad significaba arriesgarlo todo.
Finalmente, levantó la mirada hacia él, con una voz que era más débil de lo que pretendía. —No puedo...
Damon la interrumpió colocando una mano sobre su hombro, un gesto que no era agresivo pero que buscaba conectar con ella para entender lo que la estaba reteniendo.
—Lo que sea que estés escondiendo, es mejor enfrentarlo juntos que seguir negándolo.
Lyra sintió cómo su garganta se cerraba y la idea de confiar en él parecía tentadora, pero un golpe en la puerta los interrumpió.
—Alfa —dijo la voz de Caleb—, necesitas venir al salón principal, es urgente.
Damon retrocedió, mientras su expresión se endurecía nuevamente, y antes de salir lanzó una última mirada a Lyra. —Esto no ha terminado
