Capítulo 3 Los Instintos de la Manada

Capítulo 3 - Los Instintos de la Manada

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La luz del amanecer se filtraba débilmente a través de la pequeña ventana de la habitación, bañando las paredes de piedra con un tono grisáceo. Lyra apenas había pegado ojo durante la noche. Cada ruido, cada paso que resonaba en el pasillo fuera de su puerta, la había mantenido en vilo, preparada para lo peor. No podía permitirse el lujo de bajar la guardia, no aquí, no entre los lobos de Lunasangre.

El golpe seco en la puerta llegó antes de que el sol se alzara por completo. Lyra estaba sentada en el borde de la cama, alerta, cuando la voz brusca del guardia la llamó desde el otro lado.

—¡Levántate! No tenemos todo el día.

Se puso de pie de inmediato, alisando el vestido sencillo y desgastado que llevaba puesto. No era más que una prenda de algodón que le habían dado al llegar, pero era mejor que las ropas sucias y rotas con las que había sido capturada. Al abrir la puerta, se encontró con un hombre corpulento de mirada severa y una cicatriz que cruzaba su frente. Le lanzó un trozo de pan duro y una manzana arrugada, que ella atrapó rápidamente antes de que cayeran al suelo.

—Esto es lo que hay para el desayuno. —dijo el guardia con una sonrisa torcida. Luego hizo un gesto con la cabeza, indicándole que lo siguiera. —Vamos, Caleb te está esperando.

Lyra mordió el pan sin hacer comentarios, más por necesidad que por hambre. Mientras caminaba tras el guardia, sus ojos escudriñaron el entorno. Cada paso que daba era una oportunidad para observar, para memorizar detalles que podrían ser útiles más adelante. Los pasillos eran estrechos y oscuros, pero estaban impecablemente organizados. A diferencia de Sombravía, donde todo había comenzado a desmoronarse antes de la guerra, aquí reinaba un orden férreo.

Cuando finalmente llegó al patio principal, Caleb la estaba esperando junto a un grupo de lobos que entrenaban con armas. El Beta de Damon era un hombre alto y robusto, con un porte que reflejaba tanto autoridad como paciencia. Sus ojos se encontraron con los de Lyra, y por un momento pareció evaluarla, como si buscara algo más allá de lo evidente.

—Así que aquí estás —dijo Caleb, rompiendo el silencio con un tono que no dejaba claro si hablaba en serio o con burla. —El Alfa ha decidido que no eres completamente inútil, así que hoy trabajarás organizando los suministros del campamento. Es un trabajo sencillo, pero quiero resultados.

Lyra asintió sin decir palabra. No era el tipo de tarea que esperaba, pero prefería eso a algo más degradante. Caleb pareció notar su falta de respuesta, porque una pequeña sonrisa apareció en la esquina de sus labios.

—Silenciosa, ¿eh? Eso me gusta. Menos palabras y más trabajo.

Señaló hacia un edificio de madera al otro lado del patio. Lyra comenzó a caminar en la dirección indicada, pero no pudo evitar notar las miradas de los lobos a su alrededor. Algunos la miraban con curiosidad, otros con desprecio, pero todos parecían interesados en observar a la "nueva adquisición"del campamento.

Mientras entraba en el edificio, Lyra dejó escapar un suspiro silencioso. El espacio estaba abarrotado de cajas, sacos y herramientas. El olor a madera y hierro llenaba el aire. Sabía que este no sería un trabajo fácil, pero al menos le daría la oportunidad de mantenerse ocupada y, más importante aún, de aprender más sobre el funcionamiento interno de Lunasangre.

—Sobrevivir. Ese es el objetivo. —murmuró para sí misma mientras tomaba una caja pesada y la colocaba junto a otras, ese se habia convertido en su mantra personal.

Pero incluso mientras trabajaba, no podía sacarse de la cabeza la presencia de Damon, su mirada intensa y la sensación indescriptible que había sentido al estar frente a él. Algo estaba cambiando, y aunque no sabía qué era, estaba segura de que no sería algo fácil de enfrentar.

El aire estaba cargado de actividad en el patio principal mientras Lyra trabajaba con las cajas dentro del almacén. Su tarea era tediosa, pero no complicada: mover suministros, organizarlos y asegurarse de que todo estuviera en su lugar. El sonido de los lobos entrenando afuera, el entrechocar de espadas de madera y las órdenes de los supervisores, se filtraba a través de las paredes de madera, recordándole constantemente que estaba rodeada de enemigos.

Con cada caja que levantaba, Lyra sentía el peso no solo en sus brazos, sino también en su mente. Sabía que estaba siendo observada, quizás no en ese momento exacto, pero en un lugar como Lunasangre, el anonimato era un lujo que no podía darse. En cualquier instante, alguien podría entrar, cuestionarla o peor, descubrir algo que prefería mantener oculto.

Mientras levantaba una caja particularmente pesada, escuchó el sonido de pasos acercándose al almacén. Al principio, pensó que sería uno de los guardias supervisores, pero la intensidad de la energía que acompañaba esos pasos era inconfundible era una presencia que hacía que el aire en la habitación se sintiera más pesado. Damon.

El Alfa entró en el almacén como si lo poseyera, con su andar seguro y su mirada fija en ella desde el primer momento. Lyra sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, pero se obligó a no detenerse. Colocó la caja junto a otras y enderezó la espalda lentamente, enfrentando su mirada sin ser obvia.

—¿Te resulta complicado seguir órdenes simples? —dijo Damon, con un tono frío, aunque no alzó la voz. Había algo inquietante en cómo podía llenar la habitación con su presencia sin necesidad de gritar.

Lyra alzó la barbilla ligeramente, obligándose a mantener la calma. —Estoy cumpliendo con mi tarea. ¿Algo no está a su satisfacción?

Damon entrecerró los ojos, como si sus palabras lo hubieran sorprendido ligeramente. Estaba acostumbrado a la sumisión, a prisioneros que bajaban la cabeza y no hablaban a menos que se les ordenara. Pero esta mujer era diferente. Había algo en ella que lo intrigaba y lo irritaba en igual medida.

—Tu tono podría ser más humilde —respondió, caminando lentamente hacia ella. Cada paso era medido, como el de un depredador acechando a su presa. —Recuerda dónde estás y quién está a cargo aquí.

Lyra mantuvo su postura firme, aunque sintió el instinto de Eira agitarse dentro de ella. Su lobo nunca había reaccionado de esta manera ante nadie, y eso la inquietaba profundamente. Pero no podía permitir que Damon lo notara.

—Lo tengo muy claro, Alfa —dijo finalmente, utilizando el título con una mezcla de respeto y desafío apenas disimulado.

Damon se detuvo a pocos pasos de ella, lo suficientemente cerca como para que Lyra pudiera sentir el calor que irradiaba su cuerpo. Su mirada se mantuvo fija en la de ella durante un largo momento, como si intentara descifrar algo que no lograba comprender.

—Eres... interesante —dijo finalmente, con un tono que no revelaba si era un cumplido o un insulto o tal ves una amenaza ¿quien sabe?. Antes de que Lyra pudiera responder, Damon giró sobre sus talones y salió del almacén, dejando tras de sí una sensación de tensión eléctrica en el aire.

Lyra soltó un suspiro silencioso una vez que estuvo sola, pero su mente no pudo dejar de repasar el encuentro. Damon era peligroso, no solo por su posición como Alfa, sino por lo que despertaba en ella. Algo que estaba fuera de su control y que no podía permitirse explorar.

Mientras retomaba su trabajo, no pudo evitar mirar hacia la puerta, esperando que no volviera. Pero una pequeña parte de ella, una que no estaba dispuesta a reconocer, deseaba lo contrario.

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