Capítulo 4 Capítulo 4 - Los Instintos de la Manada (2)
Capítulo 4 - Los Instintos de la Manada (2)
El sol estaba en lo alto del cielo cuando Lyra salió del almacén, habiendo terminado con la tarea asignada por Caleb. Sus brazos estaban adoloridos por cargar cajas durante horas, pero su mente estaba alerta, como siempre. En un lugar como Lunasangre, no podía permitirse un solo momento de relajación. Sabía que los ojos de los lobos la seguían a cada paso, buscando cualquier razón para señalarla como débil.
Mientras caminaba hacia el patio principal, un grupo de lobos se cruzó en su camino. Había tres de ellos, todos jóvenes pero claramente entrenados. Sus movimientos eran totalmente ágiles, sus sonrisas teñidas de una arrogancia que solo los guerreros recién ascendidos podían tener.
—Mira quién decidió salir de su agujero —comentó uno de ellos, un hombre alto con cabello castaño desordenado. Su voz llevaba un tono burlón que provocó risas en los otros dos.
Lyra los miró de reojo, pero no dijo nada. Sabía que responder solo alimentaría sus provocaciones, y tenía cosas más importantes en las que concentrarse. Sin embargo, su silencio solo pareció animarlos.
—¿Demasiado buena para hablar con nosotros, humana? —intervino otro, esta vez una mujer con cabello corto y mirada desafiante. Dio un paso hacia Lyra, bloqueándole el camino. —Tal vez deberíamos enseñarte un poco de respeto.
Lyra apretó los labios, sintiendo cómo Eira se agitaba dentro de ella. Su lobo no respondía bien a las amenazas, pero Lyra sabía que no podía permitirse perder el control. Se obligó a mantener la calma mientras levantaba la mirada hacia la mujer que la enfrentaba.
—Solo estoy cumpliendo con mi tarea. No busco problemas.
La respuesta fue calmada, pero la tensión en el aire se podia cortar con una espada se podria dcir que era palpable. Los otros lobos intercambiaron miradas, como si consideraran si valía la pena presionarla más. Finalmente, el primero en hablar dio un paso al frente, sonriendo de manera insolente.
—Eso es lo que dicen todos los débiles. ¿Qué piensas, Leah? ¿Deberíamos ponerla a prueba?
Antes de que pudieran dar otro paso, una voz profunda resonó desde el otro lado del patio.
—¿Cuál es el problema aquí?
Todos giraron hacia la figura que se acercaba: Caleb. Su presencia parecía disipar la tensión en el aire, y los lobos retrocedieron ligeramente, aunque sus expresiones seguían siendo desafiantes.
—Nada, Beta. Solo nos asegurábamos de que nuestra nueva... invitada, entendiera las reglas. —La mujer, Leah, bajó la mirada, pero su tono seguía cargado de sarcasmo.
Caleb los miró con una mezcla de desdén y aburrimiento antes de girarse hacia Lyra.
—Ve a la cocina y ayuda con la limpieza. No pierdas el tiempo aquí.
Lyra asintió rápidamente y salió del lugar antes de que pudieran detenerla. Mientras se alejaba, podía sentir la mirada de Caleb sobre ella, como si estuviera evaluándola. Pero lo que realmente le preocupaba era cómo los otros lobos la miraban ahora: no como una prisionera, sino como alguien que debía ser vigilado.
La noche cayó sobre Lunasangre con un silencio inquietante. Desde la ventana de la cocina, Lyra podía ver cómo la luna llena comenzaba a alzarse en el cielo, su luz plateada bañando el campamento. Había pasado horas limpiando utensilios y suelos bajo la mirada crítica de un supervisor, pero finalmente le permitieron regresar a su habitación. Su cuerpo estaba exhausto, pero su mente estaba lejos de estar en paz.
Cuando salió de la cocina, el aire fresco de la noche la envolvió, llevándose parte del peso del día. Caminó por los pasillos de la fortaleza, intentando pasar desapercibida, pero no pudo ignorar la sensación de que algo estaba mal. Los guardias que solían patrullar las zonas comunes parecían estar en otro lugar, y el ambiente estaba cargado de... una energía extraña.
Antes de llegar a su habitación, un ruido la detuvo en seco. Provenía del exterior, del patio principal. Era un sonido gutural, profundo, que le erizó la piel. Eira se agitó dentro de ella, alerta y expectante.
—Ve. —El susurro de su lobo resonó en su mente como una orden, pero Lyra dudó. Sabía que no debía involucrarse en nada que pudiera ponerla en el radar de Damon o de sus lobos. Sin embargo, la curiosidad y el instinto fueron más fuertes.
Se dirigió al patio, asegurándose de mantenerse oculta entre las sombras. Al llegar, lo vio. Damon estaba en el centro del espacio, rodeado por unos pocos miembros de la manada, pero su atención no estaba en ellos. Estaba en un lobo de pelaje gris oscuro, enorme y claramente hostil, que gruñía mientras se movía en círculos a su alrededor.
—Controla tu forma, Jared. —La voz de Damon era fría y autoritaria, pero cargada de una calma que solo un Alfa podría mostrar en una situación así.
El lobo, que Lyra supuso era un miembro de la manada que había perdido el control de su transformación, soltó un gruñido más fuerte, mostrando los colmillos. Lyra notó cómo Damon permanecía inmóvil, mientras sus ojos se mantenian clavados en el lobo, sin rastro alguno de miedo. Había algo en su postura que transmitía una fuerza inquebrantable, pero también una paciencia calculada.
Finalmente, el lobo saltó hacia Damon, incapaz de contenerse más. Lyra contuvo el aliento, pero Damon no se movió ni un centímetro. Cuando el lobo estuvo lo suficientemente cerca, Damon alzó una mano y lo golpeó con una fuerza no para herirlo, sino para someterlo. El impacto resonó en el aire, y el lobo cayó al suelo, jadeando, antes de retroceder con las orejas bajas.
—Regresa a tu forma humana y busca al sanador. Ahora. —ordenó Damon con ese tono de alfa que no admitía discusión.
El lobo gimió una vez antes de obedecer, alejándose tambaleante hacia las sombras. Damon lo siguió con la mirada por un momento antes de darse la vuelta, y fue entonces cuando sus ojos encontraron a Lyra.
Ella sintió cómo su corazón se detenía por un segundo. No había esperado ser descubierta, pero la intensidad en la mirada de Damon la dejó paralizada. Él caminó hacia ella lentamente, su expresión era impenetrable, hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para que Lyra sintiera el calor de su presencia.
—¿Disfrutaste del espectáculo? —preguntó Damon, su voz era baja pero cargada de un filo peligroso.
—No era mi intención espiar —respondió Lyra rápidamente, aunque no pudo evitar que su voz temblara ligeramente.
Damon inclinó la cabeza, observándola con detenimiento. Había algo en ella que lo desconcertaba, algo que no podía identificar, pero que lo hacía querer saber más y eso lo hacia mas interesante.
—¿Sabes lo que les pasa a los que pierden el control aquí? —dijo finalmente, cambiando de tema, pero su tono seguía siendo intenso.
Lyra negó con la cabeza, manteniendo su mirada fija en la de él. No quería parecer débil, aunque sabía que estaba caminando por una línea muy delgada.
—No sobreviven mucho tiempo —continuó Damon, con sus ojos clavados en los de ella. —Espero que tú tengas más autocontrol que Jared.
La implicación en sus palabras no pasó desapercibida para Lyra, pero antes de que pudiera responder, Damon se alejó, dejándola sola en la oscuridad. Mientras lo veía desaparecer en la noche, Lyra sintió cómo su pecho se llenaba con una mezcla de emociones que no podía explicar.
Había algo en Damon que la atraía y la aterraba al mismo tiempo. Y aunque no sabía qué era, tenía la inquietante sensación de que su destino estaba irremediablemente entrelazado con el de él.
