Capítulo 5 Sombras en la Fortaleza (1)
Sombras en la Fortaleza (1)
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El día comenzó con una pesadez en el ambiente que Lyra no pudo ignorar, pues desde el momento en que salió de su habitación, sintió cómo las miradas de los lobos de Lunasangre estaban clavadas en ella. Estas eran diferentes a las de días anteriores y se sentían más intensas, como si algo en ella hubiera cambiado y ellos lo supieran, por lo que apretó los labios y mantuvo la cabeza alta mientras caminaba hacia el patio, pues estaba decidida a no mostrar debilidad.
La tarea de ese día era diferente ya que Caleb la había asignado a ayudar con el entrenamiento de armas, no como participante, sino como asistente. Su trabajo consistía en recoger las espadas de madera para devolverlas a sus respectivos lugares después de cada práctica; no era un trabajo glamoroso, pero aquello significaba estar en el centro de la acción, donde podía observar las habilidades de los guerreros y memorizar cada movimiento.
Mientras trabajaba, un lobo particularmente arrogante llamado Kael la observaba desde el otro lado del patio, quien era uno de los guerreros más jóvenes, recién ascendido y conocido porque poseía un temperamento explosivo. Lyra trató de ignorarlo, pero cuando él comenzó a caminar hacia ella con una sonrisa que era burlona, supo que no sería fácil.
—¿Qué hace una humana como tú en un lugar como este? —preguntó Kael, mientras su tono estaba lleno de desdén—, no perteneces aquí.
Lyra levantó una espada de madera y la colocó en su estante sin responder, habiendo aprendido que ignorar a los provocadores solía ser su mejor defensa, pero Kael no parecía dispuesto a dejarlo pasar.
—Estoy hablando contigo, ¿o es que crees que eres demasiado buena para contestarme? —dijo él, mientras daba un paso más cerca de ella.
—Estoy haciendo mi trabajo —respondió Lyra finalmente, mientras mantenía su voz tranquila.
Kael soltó una carcajada, y algunos de los otros lobos que observaban se unieron a él, mientras Lyra sentía cómo su lobo interior, Eira, comenzaba a agitarse e instándola a reaccionar, pero ella se obligaba a mantener la calma.
—Eso es lo único que puedes hacer, ¿verdad?, un trabajo que es servil, pues no eres más que una carga aquí —Kael extendió la mano y empujó una de las espadas hacia ella, lo que hizo que cayera al suelo con un ruido seco—, recógela.
Lyra lo miró a los ojos por un momento mientras su mandíbula estaba apretada, sintiendo cómo su paciencia se agotaba y sabiendo que si reaccionaba de la manera equivocada, las cosas empeorarían. Se agachó lentamente para recoger la espada, pero cuando la levantó, Kael le lanzó una sonrisa que era cruel.
—¿Ves?, eres exactamente lo que pensábamos, una simple...
Antes de que pudiera terminar su frase, Lyra se puso de pie rápidamente mientras sostenía la espada de madera con firmeza, con una mirada que estaba fría y una voz que, cuando habló, sonaba baja pero llena de determinación.
—¿Por qué no me muestras cómo se supone que debo usar esto?
El grupo que observaba cayó en un silencio que era tenso mientras Kael levantaba una ceja, pues estaba sorprendido por su desafío, pero su sonrisa no desapareció.
—¿Quieres probar suerte? —preguntó, mientras tomaba una de las espadas de madera y la giraba con facilidad en su mano—, no digas que no te lo advertí.
Lyra sabía que estaba tomando un riesgo, pero también sabía que debía establecer límites, pues si dejaba que Kael la humillara públicamente, perdería cualquier posibilidad de respeto en Lunasangre. Respiró profundamente y adoptó una postura que era defensiva, recordando los entrenamientos básicos que había recibido en Sombravía.
Kael fue el primero en atacar, moviéndose con rapidez y fuerza, pero Lyra bloqueó el golpe con la espada de madera, aunque sus brazos estaban temblando por el impacto pero se mantenían firmes. Podía escuchar a los lobos que observaban murmurar entre ellos, pues estaban sorprendidos de que hubiera resistido el primer golpe.
El enfrentamiento continuó durante varios minutos, con Kael lanzando ataque tras ataque y Lyra esquivando y bloqueando como podía; no era tan rápida ni fuerte como él, pero su determinación y sus movimientos que eran calculados le permitieron mantenerse en pie.
Finalmente, Kael lanzó un golpe particularmente agresivo que Lyra no pudo bloquear por completo, lo que provocó que la espada de madera se deslizara de su mano y cayera al suelo con un ruido sordo. Kael se acercó a ella con una sonrisa que era triunfante, levantando su espada como si fuera a declarar su victoria.
Pero antes de que pudiera decir algo, una voz profunda resonó en el patio.
—Suficiente.
Damon estaba de pie al borde del patio, su expresión estaba fría y su mirada permanecía fija en Kael, lo que hizo que el silencio cayera sobre el lugar mientras todos los lobos se apartaban ligeramente, dejando un espacio alrededor del Alfa.
—¿Esto es lo que haces con tu tiempo, Kael?, intimidar a una prisionera que está desarmada —dijo Damon, mientras su tono estaba cargado de desprecio.
Kael bajó la mirada, mientras retrocedía ligeramente. —Solo estaba...
—Silencio —interrumpió Damon, caminando hacia el centro del patio mientras su mirada se desviaba hacia Lyra por un momento sin decir nada, volviéndose finalmente hacia Kael—, vuelve a tus tareas, ahora.
Kael obedeció rápidamente, lanzándole a Lyra una última mirada antes de alejarse, mientras Damon permanecía en el lugar por un momento más, observando cómo los lobos se dispersaban antes de girarse hacia Lyra.
—Ve a tu habitación —su tono era neutral, pero su mirada se mantenía intensa, así que Lyra asintió y se alejó, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
Mientras regresaba a su habitación, no pudo evitar pensar en Damon, pues había algo en su intervención que no podía ignorar, algo que hacía que las preguntas en su mente se multiplicaran.
La luna seguía brillando con intensidad cuando Lyra se encontró de pie frente a la ventana de su habitación, mirando el cielo que estaba despejado con sus pensamientos convertidos en un torbellino, reviviendo el enfrentamiento con Kael y la intervención de Damon. Aunque había salido relativamente ilesa, no podía sacudirse la sensación de que algo en Lunasangre estaba a punto de cambiar y que ella se encontraba en el centro de ello.
El sonido de pasos en el pasillo interrumpió sus pensamientos y, aunque al principio pensó que era uno de los guardias haciendo su ronda habitual, los pasos se detuvieron justo frente a su puerta. Un silencio que era tenso llenó el aire antes de que alguien tocara, con un golpe firme que resonó como una orden.
Lyra respiró hondo antes de abrir la puerta y no se sorprendió al ver a Damon de pie frente a ella, pero la intensidad en su mirada la desarmó por completo, pues había algo en él esa noche, una energía contenida que parecía amenazar con desbordarse.
—¿Puedo entrar? —preguntó, aunque su tono dejó claro que no esperaba un "no" como respuesta.
Lyra asintió lentamente, apartándose para dejarle pasar mientras Damon cruzaba el umbral con una gracia que era depredadora, llenando la pequeña habitación con su presencia. Se detuvo en el centro del espacio, observando su entorno con una mirada que era crítica antes de volverse hacia ella.
—Kael no volverá a molestarte —dijo, su voz era baja pero firme, siendo una declaración y no una pregunta.
Lyra cruzó los brazos frente a su pecho, tratando de ocultar la mezcla de emociones que bullían dentro de ella. —No necesito que me protejas.
Damon arqueó una ceja, pues estaba sorprendido por su respuesta. —No se trata de protección, se trata de respeto, pues no puedo permitir que mis guerreros actúen como salvajes, especialmente frente a los prisioneros.
El énfasis en la palabra "prisioneros" hizo que Lyra apretara los labios, pues sabía que esa era su posición aquí, pero escucharla de Damon hacía que el término se sintiera como una cadena que se apretaba un poco más.
—Aun así, puedo manejarme sola —insistió ella, mientras mantenía su mirada fija en la de él.
Damon dio un paso hacia ella, cerrando la distancia entre ambos con una presencia que resultaba abrumadora, pero Lyra se negó a retroceder mientras sus ojos oscuros parecían escudriñar cada rincón de su alma, buscando algo que ni siquiera ella sabía que existía.
—Eso es lo que intento averiguar —murmuró Damon, con una voz que era apenas un susurro.
—¿Qué intentas averiguar? —preguntó Lyra, mientras su corazón latía con fuerza en su pecho.
Damon inclinó ligeramente la cabeza, como si considerara sus palabras con cuidado, y finalmente habló con un tono que era más suave, casi introspectivo.
—Eres diferente, Lyra, no eres como los demás prisioneros, pues hay algo en ti... algo que no logro entender.
Sus palabras dejaron a Lyra sin aliento y, aunque por un momento quiso responder, se detuvo, pues no podía permitirse revelar nada cuando apenas tenía el control de sí misma.
—Solo soy una más —dijo finalmente, con una voz que era firme a pesar del temblor que sentía en su interior.
Damon dejó escapar un ligero resoplido, como si no creyera en absoluto sus palabras, y dio un paso hacia atrás, lo que rompió la tensión que había crecido entre ellos.
—Entonces demuéstramelo —dijo, mientras su tono volvía a ser frío y autoritario, girándose hacia la puerta pero deteniéndose una vez más antes de salir sin mirarla—, el respeto se gana, Lyra, deberías recordar eso.
Y con eso, desapareció en el pasillo, dejando a Lyra con más preguntas que respuestas
