Capítulo 6 Sombras en la Fortaleza (2)

Sombras en la Fortaleza (2)

Mientras cerraba la puerta, Lyra sintió que sus rodillas temblaban ligeramente, pues había algo en Damon que la atraía y la desconcertaba a partes iguales, pero sabía que no podía bajar la guardia porque, aunque él no lo dijera en voz alta, Damon también estaba buscando respuestas y, tarde o temprano, las encontraría.

​La fortaleza de Lunasangre estaba envuelta en un silencio que resultaba inquietante a medida que la noche avanzaba, mientras Lyra se encontraba acostada en su cama, mirando el techo de piedra que estaba iluminado tenuemente por la luz de la luna que se colaba por la ventana; pero, aunque su cuerpo estuviera inmóvil, su mente no encontraba descanso.

​Las palabras de Damon seguían resonando en su cabeza: "Eres diferente", una afirmación que era más peligrosa de lo que él sabía, por lo que Lyra la sentía como una amenaza y una advertencia ya que, si Damon llegaba a descubrir la verdad, su posición en Lunasangre cambiaría drásticamente y no para mejor.

​El susurro de Eira rompió la tensión en su mente, actuando como una brisa fría que sacudía sus pensamientos.

​—Algo te está llamando, Lyra.

​—No esta noche —respondió ella en un murmullo, mientras se giraba hacia la pared como si eso pudiera silenciar a su lobo interior.

​Pero Eira no se detuvo, pues había una urgencia en su tono que Lyra no podía ignorar.

​—Hay algo en esta fortaleza... algo que puede cambiarlo todo, escúchame.

​Resignada, Lyra se levantó de la cama, mientras sus pies descalzos tocaban el suelo frío de piedra; algo dentro de ella también sentía esa atracción que era inexplicable, un tirón hacia algo desconocido, así que se acercó a la puerta con cautela y la abrió lo suficiente para asomarse al pasillo, el cual estaba desierto.

​El corazón le latía con fuerza mientras se deslizaba fuera de su habitación, moviéndose en silencio por los corredores que estaban oscuros; no estaba segura de a dónde iba, pero sus pies parecían saberlo, siendo guiados por un instinto que no era del todo suyo.

​Finalmente, llegó a una gran puerta de madera que no recordaba haber visto antes, la cual era vieja y pesada, poseyendo intrincados grabados que parecían casi runas antiguas. Lyra extendió una mano que estaba temblorosa y la presionó contra la superficie rugosa.

​—Adelante —susurró Eira, con una voz que era baja pero clara.

​Con un ligero empujón, la puerta se abrió con un chirrido, revelando una habitación que parecía estar envuelta en penumbra; Lyra dio un paso dentro, y la luz plateada de la luna que se filtraba por una rendija del techo iluminó lo que había en el centro de la habitación: un pedestal de piedra con un objeto brillante colocado sobre él.

​Lyra se acercó lentamente, manteniendo su respiración contenida mientras sus ojos examinaban el objeto, el cual era un colgante de plata con una pequeña piedra en el centro que parecía pulsar con una luz interna; había algo hipnótico en él, algo que hacía que Lyra sintiera un nudo en el pecho.

​—Eso pertenece a ellos —dijo Eira, con un tono que estaba cargado de reverencia—, pero también te pertenece a ti.

​Lyra extendió una mano hacia el colgante, pero antes de que pudiera tocarlo, un sonido detrás de ella la hizo girarse rápidamente.

​Damon estaba allí, de pie en el umbral de la puerta, con sus ojos oscuros brillando con una mezcla de sorpresa y algo más que Lyra no pudo identificar.

​—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó él, con una voz que era baja pero estaba cargada de autoridad.

​Por un momento, Lyra no supo qué responder mientras sus ojos se encontraban con los de Damon, y el silencio entre ellos se volvía casi tangible.

​—No podía dormir —respondió finalmente, con una voz que era apenas un susurro—, sentí algo... y me llevó hasta aquí.

​Damon avanzó hacia ella, con pasos que eran lentos pero seguros; cuando llegó al pedestal, sus ojos se desviaron hacia el colgante y su expresión cambió sutilmente, como si reconociera algo en él.

​—Este lugar no es para ti, Lyra —dijo él, con una voz que era más suave ahora—, deberías volver a tu habitación.

​Lyra abrió la boca para protestar, pero algo en la mirada de Damon la detuvo, pues había una intensidad en sus ojos que la hacía sentir expuesta, como si él pudiera ver más de lo que ella quería mostrar.

​—Te escoltaré de regreso —dijo él finalmente, mientras tomaba el colgante y cerraba la mano alrededor de él.

​Sin otra opción, Lyra asintió y lo siguió fuera de la habitación, sintiendo cómo la curiosidad y el temor se mezclaban dentro de ella; algo estaba cambiando en Lunasangre, y ahora sabía que Damon también lo sentía.

​La caminata de regreso a su habitación fue silenciosa, pero estaba cargada de una tensión que Lyra no podía ignorar mientras Damon avanzaba frente a ella, con su figura imponente proyectando sombras largas bajo la luz tenue de las antorchas. La presencia del colgante en su mano parecía irradiar una energía que Lyra podía sentir, actuando como un eco que resonaba en su interior.

​Cuando finalmente llegaron a su puerta, Damon se detuvo y se giró hacia ella; sus ojos oscuros se clavaron en los de Lyra y, por un instante, pareció que iba a decir algo más, pero en lugar de eso, le entregó una advertencia en forma de mirada y se alejó sin decir palabra, perdiéndose en la penumbra del pasillo.

​Lyra entró en su habitación y cerró la puerta detrás de ella, dejando escapar un suspiro que no sabía que había estado conteniendo, mientras apoyaba la espalda contra la madera y cerraba los ojos, intentando calmar el torbellino de emociones que la consumía, pero no tuvo tiempo de encontrar su centro.

​—Ese objeto es importante —la voz de Eira irrumpió en su mente, estando cargada de urgencia—, pertenece a nuestra sangre, a nuestro linaje, ¿no lo sentiste?

​—Lo sentí —admitió Lyra en voz baja, mientras se llevaba una mano al pecho; había algo en el colgante, algo que despertaba una parte de ella que siempre había tratado de mantener oculta, pero no podía permitirse explorar eso ahora, pues estaba en territorio enemigo y cualquier paso en falso podría ser fatal.

​—El Alfa lo sabe —el tono de Eira se volvió más grave—, lo sintió tanto como tú y por eso lo tomó, porque teme lo que puede significar.

​Lyra apretó los labios, obligándose a caminar hacia la cama para dejarse caer sobre el colchón sencillo mientras hundía el rostro en sus manos; había demasiadas piezas en juego y demasiados misterios que no entendía, pero lo que más la inquietaba era Damon, pues había algo en él y en su forma de mirarla que hacía que se sintiera vulnerable.

​—Deberíamos mantenernos alejadas de él —murmuró Lyra, más para sí misma que para Eira.

​—Y sin embargo, no puedes —respondió su lobo con una mezcla que era de burla y desafío—, hay algo en él que te llama, igual que ese colgante, algo que no puedes ignorar.

​Lyra apretó los puños mientras su mandíbula se tensaba, queriendo negar las palabras de Eira aunque sabía que eran ciertas; desde el momento en que Damon había entrado en su vida, su mundo había comenzado a desmoronarse y sus muros, antes cuidadosamente construidos, empezaban a agrietarse. Y ahora, con ese colgante y la extraña conexión que compartían, todo se sentía aún más confuso.

​La lucha interna que sentía era casi insoportable pues, por un lado, estaba Eira exigiendo que aceptara lo que era, y por otro lado estaba el miedo y el conocimiento de que cualquier muestra de ese poder podría condenarla en un lugar como Lunasangre.

​Finalmente, dejó escapar un suspiro tembloroso y se tumbó en la cama, mirando el techo mientras la luz de la luna iluminaba la habitación y, en el silencio de la noche, sus pensamientos se mezclaban con los susurros de Eira.

​—Habrá un momento, Lyra —dijo su lobo suavemente—, un momento en que no podrás seguir ocultándote y, cuando llegue, tendrás que elegir.

​Lyra cerró los ojos, sintiendo cómo las lágrimas amenazaban con dermarse porque sabía que Eira tenía razón y que su tiempo se estaba acabando, pero lo que no sabía era si estaría lista cuando ese momento llegara.

​Mientras la noche avanzaba y el campamento se sumía en un profundo silencio, Lyra hizo lo único que podía hacer: esperar, prepararse y tratar de encontrar un poco de paz en el caos que la rodeaba, pero incluso mientras dormía, los ecos de sus secretos y las miradas de Damon la perseguían en sus sueños.

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