Capítulo 7 Una decisión crucial
- Una decisión crucial
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El amanecer en Lunasangreera silencioso pero inquietante, como si la fortaleza misma respirara en anticipación de lo que estaba por venir. Lyra había despertado temprano, perturbada por un sueño que no podía recordar del todo pero que la había dejado con una sensación de ansiedad inexplicable. Se levantó y se asomó a la ventana, observando cómo la niebla se alzaba lentamente desde el bosque, envolviendo los árboles en un velo de misterio.
El sonido de los cuernos resonó por todo el campamento, rompiendo el silencio de la mañana. Era una señal clara de que algo inusual estaba ocurriendo. Lyra se vistió rápidamente, recogiendo su cabello en una trenza descuidada antes de salir al pasillo. A medida que avanzaba hacia el patio principal, notó a los lobos moverse con un propósito renovado, sus expresiones graves y tensas.
Cuando llegó, se encontró con una escena que nunca había esperado presenciar. En el centro del patio estaba Damon, de pie como una figura imponente, rodeado por sus Betas y varios otros miembros de la manada. Frente a ellos, un grupo de extraños lobos de una manada rival se mantenía firme, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y cautela.
Uno de ellos dio un paso al frente, un hombre alto y delgado con cabello gris que parecía aún más brillante bajo la luz del sol naciente. Su porte era altivo, y aunque no llevaba una insignia visible, su presencia dejaba claro que era un Alfa.
—Damon de Lunasangre—dijo, su voz resonando en el aire frío de la mañana. —Venimos en son de paz, pero con un mensaje que no puedes ignorar.
El Alfa de Lunasangremantuvo su postura rígida, sus ojos oscuros fijos en el recién llegado. Había una tensión palpable en el aire, como si cualquier movimiento en falso pudiera encender un enfrentamiento.
—Habla rápido, Elias —respondió Damon con un tono seco, su voz como un cuchillo afilado. —No tengo tiempo para tus juegos.
El hombre, Elias, dejó escapar una ligera sonrisa, pero no era un gesto amistoso. Era la clase de sonrisa que escondía intenciones oscuras.
—Hay rumores —dijo Elias, sus palabras lentas y deliberadas. —Rumores de que ocultas algo... o a alguien que podría alterar el equilibrio de poder entre las manadas.
El corazón de Lyra se detuvo por un momento al escuchar esas palabras. Aunque Elias no la miró directamente, sintió como si su declaración estuviera dirigida hacia ella. Manteniéndose al margen, intentó parecer invisible, pero su mente trabajaba frenéticamente.
Damon entrecerró los ojos, cruzando los brazos frente a su pecho. —Si tienes algo que decir, dilo ya. No tengo paciencia para tus insinuaciones.
Elias dio un paso más cerca, sus ojos brillando con una intensidad peligrosa. —Solo diré esto, Damon: los secretos tienen una forma de salir a la luz. Y cuando lo hagan, más vale que estés listo para enfrentar las consecuencias.
Con esas palabras, Elias se giró, haciendo un gesto a su grupo para que lo siguieran. Mientras los lobos rivales se retiraban hacia el bosque, la tensión en el patio principal no desapareció. Damon permaneció inmóvil por un largo momento antes de girarse hacia su manada.
—Vuelvan a sus puestos —ordenó, su voz firme y controlada. —Y que alguien vigile los límites del territorio. No quiero sorpresas.
Mientras los lobos se dispersaban, Lyra se dio cuenta de que Damon había fijado su mirada en ella. No dijo nada, pero la intensidad en sus ojos le dijo todo lo que necesitaba saber: esta visita no era una coincidencia, y de alguna manera, ella estaba en el centro de todo.
El día continuó con una pesadez casi palpable en el aire, como si la visita de Elias hubiera dejado una sombra sobre la fortaleza. Lyra intentó mantenerse ocupada con las tareas asignadas, pero no podía ignorar las miradas furtivas que recibía de algunos de los lobos. Algo había cambiado después de esa mañana, y aunque nadie decía nada, podía sentir que el campamento entero estaba en alerta.
Mientras ayudaba en el almacén a clasificar las provisiones, Caleb entró al lugar con la misma actitud autoritaria que siempre lo caracterizaba. Su mirada recorrió la habitación antes de detenerse en Lyra.
—El Alfa quiere verte en el patio principal —dijo, su tono neutral, pero con un peso que dejaba claro que no era una petición.
Lyra sintió cómo su estómago se revolvía al escuchar esas palabras. Asintió sin decir nada, se limpió las manos en la tela de su vestido sencillo y lo siguió fuera del almacén. Cada paso que daba hacia el patio parecía más pesado que el anterior, como si estuviera caminando hacia algo inevitable.
Cuando llegó, encontró a Damon de pie en el centro del espacio, rodeado por un grupo de guerreros de la manada. Sus ojos se alzaron hacia ella cuando cruzó el umbral del patio, y aunque su expresión permaneció imperturbable, había algo en su mirada que la hizo detenerse por un momento.
—Acércate —ordenó Damon, su voz firme pero no hostil.
Lyra obedeció, sintiendo cómo las miradas de todos los presentes se posaban en ella. Al llegar frente a Damon, notó que sostenía dos espadas de madera en sus manos. Extendió una hacia ella, y aunque no dijo nada, el mensaje era claro.
—¿Qué está pasando? —preguntó Lyra con cautela, mirando la espada antes de alzar la vista hacia Damon.
—Quiero ver de qué eres capaz —respondió él, su tono frío. —No puedo permitir que alguien inútil ocupe espacio en mi campamento.
Las palabras fueron como un golpe, pero Lyra se obligó a mantener la calma. Sabía que este no era un simple entrenamiento. Esto era una prueba, y no solo de sus habilidades físicas, sino también de su capacidad para mantener su secreto.
Tomó la espada de madera con ambas manos, sintiendo el peso familiar del arma. Había entrenado con espadas en Sombravía, pero siempre con la intención de protegerse, nunca para atacar. Ahora, estaba a punto de enfrentarse al Alfa de Lunasangrefrente a toda su manada, y sabía que no podía permitirse un error.
Damon no perdió tiempo en dar el primer movimiento. Su ataque fue rápido y preciso, obligando a Lyra a retroceder mientras levantaba la espada para bloquear el golpe. El impacto resonó en el aire, arrancándole un leve jadeo. Damon no le dio respiro, lanzando otro ataque inmediato que ella apenas logró esquivar.
Los murmullos entre los lobos crecieron a medida que el enfrentamiento continuaba. Lyra sabía que Damon estaba probándola, pero también sabía que no podía mostrar todo lo que sabía. Cada movimiento que hacía era cuidadosamente calculado para parecer competente pero no demasiado hábil, suficiente para no levantar sospechas.
Sin embargo, Damon no se lo ponía fácil. Sus ataques eran precisos y cada vez más rápidos, forzándola a responder con más fuerza de la que quería mostrar. Finalmente, Damon lanzó un golpe que Lyra bloqueó por puro instinto, desviando la espada de madera con una fuerza inesperada que lo hizo retroceder unos pasos.
El silencio cayó sobre el patio mientras todos los presentes observaban a Damon con los ojos abiertos de par en par. Él se quedó inmóvil por un momento antes de alzar la mirada hacia Lyra, y aunque su expresión seguía siendo neutral, había un brillo de interés en sus ojos.
—Suficiente —dijo finalmente, dejando caer su espada al suelo. —Vuelve a tus tareas.
Lyra asintió rápidamente, dejando caer su propia espada antes de girarse para marcharse. Su corazón latía con fuerza mientras se alejaba del patio, pero no por el esfuerzo físico, sino por lo cerca que había estado de revelar demasiado.
Sabía que Damon había notado algo, aunque no estaba segura de qué. Pero mientras regresaba al almacén, una cosa era segura: mantener su secreto iba a ser mucho más difícil de lo que había pensado.
La noche cayó sobre Lunasangrecon un manto de estrellas que parecía demasiado pacífico para el peso que Lyra sentía en su pecho. Había pasado el resto del día evitando las miradas curiosas de los lobos, pero sabía que su enfrentamiento con Damon no sería olvidado tan fácilmente. No podía evitar preguntarse qué estaba pensando él, si había visto más de lo que pretendía mostrar.
Cuando el campamento finalmente quedó en silencio, Lyra se aventuró fuera de su habitación. La energía acumulada en su cuerpo no la dejaba descansar, y necesitaba el aire fresco para despejar su mente. Caminó en silencio por los pasillos oscuros, siguiendo instintivamente el sendero que la llevaba al bosque cercano.
La luna iluminaba el camino mientras Lyra se adentraba entre los árboles, permitiéndole ver lo suficiente para no tropezar. No estaba segura de hacia dónde iba, pero había algo en la tranquilidad del bosque que la atraía, como si pudiera encontrar respuestas en su abrazo silencioso.
Sin embargo, no estaba sola.
