Capítulo 8 Una decisión crucial (2)

Una decisión crucial (2)

—¿Siempre te gusta vagar sola en la oscuridad? —La voz de Damon rompió el silencio como un trueno, haciendo que Lyra se detuviera en seco.

Se giró rápidamente, y allí estaba él, de pie a pocos metros de distancia. Su figura alta y poderosa parecía fundirse con la sombra de los árboles, pero la luz de la luna iluminaba sus ojos, haciéndolos brillar con una intensidad que hacía imposible mirarlos por demasiado tiempo.

—¿Me estás siguiendo? —preguntó Lyra, cruzando los brazos frente a su pecho para ocultar el nerviosismo que comenzaba a apoderarse de ella.

Damon se encogió de hombros, dando un paso hacia adelante con una calma que solo un Alfa podía mostrar. —Estás en mi territorio. Es mi deber saber dónde estás en todo momento.

El corazón de Lyra latía con fuerza, pero se obligó a mantenerse firme. Había algo en Damon que la desafiaba, que la hacía querer enfrentarlo incluso cuando sabía que era una batalla que no podía ganar.

—Solo necesitaba aire fresco —respondió finalmente, tratando de mantener su tono neutral. —No pensé que eso fuera un problema.

Damon arqueó una ceja, estudiándola como si pudiera leer las partes de ella que intentaba ocultar. —Hay muchas cosas en ti que no encajan, Lyra. Cosas que no tienen sentido.

Lyra sintió un nudo formarse en su estómago, pero se negó a apartar la mirada. —Quizás no todo necesita tener sentido.

Damon dejó escapar un leve suspiro, como si su respuesta no fuera suficiente para apaciguar las preguntas que rondaban en su mente. Dio otro paso hacia ella, acortando aún más la distancia entre ambos, y esta vez su mirada era más suave, casi introspectiva.

—Eres más fuerte de lo que aparentas —dijo en voz baja, casi como si estuviera hablando consigo mismo. —Y eso me hace preguntarme... ¿cuánto más hay que no estás mostrando?

Lyra abrió la boca para responder, pero las palabras murieron en su garganta. La cercanía de Damon hacía que el aire se sintiera más pesado, y la intensidad de su mirada hacía imposible que encontrara una respuesta adecuada.

Finalmente, Damon dio un paso atrás, rompiendo la tensión que había crecido entre ellos. —Sea lo que sea, tarde o temprano saldrá a la luz. Y cuando eso ocurra, más te vale estar preparada.

Sin esperar una respuesta, Damon se giró y comenzó a caminar de regreso hacia la fortaleza, dejando a Lyra sola entre los árboles. Sus palabras resonaron en su mente, como un eco que no podía ignorar.

Mientras volvía lentamente hacia el campamento, Lyra supo que había llegado el momento de empezar a enfrentar las verdades que tanto había tratado de ocultar. Pero también sabía que hacerlo significaría arriesgarlo todo.

La luz tenue del amanecer comenzaba a filtrarse a través de los árboles cuando Lyra regresó a su habitación. Apenas había dormido, atormentada por las palabras de Damon y la sensación persistente de que algo inevitable se acercaba. Sus pensamientos iban y venían, como olas golpeando contra una roca. ¿Cuánto tiempo más podría mantener su secreto oculto?

Mientras se lavaba el rostro con agua fría, un golpe en la puerta rompió el silencio. Lyra se quedó inmóvil por un momento antes de acercarse y abrirla. Frente a ella estaba Caleb, su expresión más seria de lo habitual.

—El Alfa quiere verte, ahora —dijo sin preámbulos.

Lyra asintió lentamente y salió de la habitación, siguiendo a Caleb por los pasillos de la fortaleza. Cada paso que daba aumentaba la tensión en su pecho, y aunque intentaba mantenerse calmada, no podía evitar sentirse como si estuviera caminando hacia su juicio final.

Cuando llegaron al patio principal, Damon estaba esperando. Su postura era rígida, y sus ojos oscuros se clavaron en ella con una intensidad que hacía imposible desviar la mirada. Estaba rodeado por varios miembros de la manada, pero todo el lugar estaba extrañamente silencioso, como si el aire mismo estuviera conteniendo el aliento.

—Lyra —dijo Damon, su voz profunda rompiendo el silencio. —He sido paciente contigo, más de lo que suelo ser con nadie. Pero ya no puedo ignorar las preguntas que me persiguen.

Lyra sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero mantuvo la cabeza en alto. —No sé de qué hablas.

Damon dejó escapar un suspiro corto, como si hubiera esperado esa respuesta. Dio un paso hacia ella, cerrando la distancia entre ambos, y esta vez su mirada no era de pura autoridad, sino de algo más profundo, algo más humano.

—He visto lo que eres capaz de hacer —continuó, su tono más suave ahora. —Eres más fuerte y más rápida de lo que deberías ser. Y esa noche en el bosque... hubo un momento en que casi sentí tu energía.

El corazón de Lyra latía con fuerza mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas. Sabía que estaba al borde de algo peligroso, algo que podría destruir todo lo que había construido desde que llegó a Lunasangre.

—No soy diferente a nadie aquí —dijo finalmente, su voz firme a pesar del temblor en su interior.

Damon se quedó en silencio por un momento, evaluándola con una mirada que parecía capaz de atravesarla. Finalmente, hizo un gesto hacia Caleb, quien se acercó llevando algo envuelto en una tela oscura. Cuando lo desenrolló, Lyra vio el colgante que había encontrado en la habitación secreta.

—¿Y esto? —preguntó Damon, alzando el colgante para que ella lo viera. —¿No significa nada para ti?

Lyra sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. El colgante brillaba a la luz del sol, su piedra central pulsando con una energía que parecía responder a su propia presencia. Sabía que no podía mentir sobre esto, no frente a Damon, pero también sabía que decir la verdad cambiaría todo.

—Es solo un objeto —respondió finalmente, aunque su voz carecía de convicción.

Damon frunció el ceño, claramente insatisfecho con su respuesta. Dio un paso más cerca, inclinándose ligeramente hacia ella para que sus ojos estuvieran al mismo nivel.

—Este objeto te llama. Lo vi en tu rostro cuando lo encontraste. Hay una conexión aquí, Lyra, y no voy a detenerme hasta descubrir qué significa.

Por un momento, Lyra sintió el impulso de rendirse, de dejar que Damon descubriera la verdad. Pero sabía que no podía hacerlo, no todavía. Apretó los puños, sus uñas clavándose en sus palmas, mientras sus pensamientos corrían a toda velocidad. Tenía que decidir, y rápido.

Finalmente, tomó aire y alzó la mirada hacia Damon. —Entonces tendrás que seguir buscando.

La tensión en el aire era casi insoportable mientras los dos se miraban, ninguno dispuesto a retroceder. Finalmente, Damon se giró, dejando el colgante en manos de Caleb.

—Esto no ha terminado, Lyra —dijo Damon mientras se alejaba, su tono cargado de una promesa que enviaba un escalofrío por su columna.

Cuando la multitud se dispersó y Lyra quedó sola, sintió cómo las lágrimas amenazaban con derramarse. Había sido capaz de mantener su secreto por un poco más de tiempo, pero sabía que Damon no se detendría hasta descubrir la verdad.

Y sabía que pronto tendría que tomar una decisión: continuar ocultándose o aceptar quién era realmente, sin importar las consecuencias.

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