Capítulo 3 Puntos dichos

Caroline

— ¡Es un estúpido, un arrogante! Sólo imagínatelo, lo que tiene de guapo, lo tiene de atrevido— rezongo delante de Sally.

La primera entrevista con el señor Fitzgerald resulto un rotundo fracaso, ignorándome al no verme a la cara, tratarme como a una prostituta y sin darme la cara ante sus descortesías, en definitiva, es un hombre grosero, sin educación ni tacto en cómo tratar a una mujer.

—¿Estás segura de que era el hijo de los Fitzgerald? Se me hace muy extraño que te tratara de esa forma… bien dicen que ni todo el dinero del mundo te hace una persona educada.

Me siento delante de mí asistente, quitándome los zapatos y poniendo mis pies en el taburete acolchado, definitivamente hoy fue un día de mucho trabajo, pero lo que me tiene de mal humor es su comportamiento.

—¿Te dijeron algo sus padres? No sé, alguna disculpa o ¿algo?

—En cuanto salí furiosa del lugar, la señora me alcanzo, preguntándome que era lo que había pasado, obviamente le dije que su hijo había sido un grosero conmigo, no quise entrar en detalles…

—En ese momento hubieras aprovechado en decirle la verdad sobre ese tarado, ¿acaso está enfermo?

—Pues no me atreví, lo que sí, es que en la mirada de la mamá vi mucha tristeza y preocupación al respecto, me imploro que regresara mañana, en serio necesitan una esposa para su hijo.

Sally se pone de pie, tomando mi agenda y viendo el itinerario de mañana, mientras que yo, pongo unas rodajas de pepino en mis ojos para calmar la hinchazón que me quedo de tanto llorar.

El trato del señor Angus no fue el apropiado, aunque eso me hace analizar un poco su solicitud para encontrar a su media naranja…

—Bueno, por la mañana no tienes citas, puedes tomarte todo el medio día en la casa de los Fitz, además, la cita de tu mamá con el médico se canceló, en cuanto llegues a tu casa puedes hablar con tus padres al respecto.

—Bien, entonces llama de nuevo a la madre del bruto ese y confirma la entrevista, solamente que esta vez no iré caminando…

—¿te fuiste caminando?

—Si, sabes que me dan terror los autos, no hay ningún bus que me lleve hasta ese lugar.

—Bueno, mañana te llevare yo, procura llevar lentes de sol o algún turbante para los ojos… debes de superar eso Caroline… si no lo haces, no sanaras.

Asiento mi cabeza ante lo que Sally me dice, pero realmente eso es más complicado de lo que parece.

Ya relajada y olvidándome del día terrible que tuve, termino de atender a la última pareja del día, una de las que se dieron de forma hermosa, no tuve mucha intervención… y es aquí en donde me pregunto si yo, algún día encontrare a mi otra mitad.

—Bueno, por fin el día se terminó, Jack y Rosalie están emocionados, listos para su sexta cita… esto es hermoso, en definitiva, mi madre merece un reconocimiento.

—Tu madre unió a muchas parejas, incluidos a tus hermanos… sólo le falto encontrarle pareja a la cabra más chica del rebaño.

Sally sonríe, y mi ápice de nostalgia se dispara a un doscientos por ciento, pero no tengo prisa, lo que debe de ser, será.

—Ya llegará alguien que luche por mí, una fea mujer que parece una prostituta.

Ella comienza a reír desbocada, en serio, contagiándome su risa magistral.

—¿En serio le creíste eso a ese hombre tonto? Ese hombre es idiota o es ciego, porque en serio, eres hermosa Caroline, eres una mujer preciosa y de un corazón de oro. No vuelvas a decir eso, ¿de acuerdo?

En efecto, si yo era insegura, ese hombre me había desestabilizado, porque si en verdad era fea, por eso nadie se había fijado en mí, ni siquiera para follar o algo así.

—Lo prometo, no volveré a pensar. ¿te parece si antes de llegar a casa vamos de compras?

—¿Cómo que quieres comprar?

—Un vestido de infarto, mañana por la mañana me llevaras hasta la mansión Fitzgerald, pero quiero verme despampanante, quiero que ese tonto se trague sus palabras.

Ella me choca el puño, como dos chicos robustos y me ayuda a apagar la luz de la oficina, saliendo directo a la plaza que nos queda a unos diez minutos a pie, decididas a hacer a que ese engreído se trague sus palabras, esas que me hirieron en la mañana.

(***)

Después de las compras, Sally paso dejándome a mi casa, una que queda a veinticinco minutos de la plaza, realmente aprecio que haga eso por mí y no me fuerce a ir en auto, menos conducir uno.

Meto la llave a la puerta y entro de un tirón y el delicioso olor a sopa y pollo frito hacen a que mi alma se renueve, entro dejando mi abrigo en el colgador, y lo primero que hago es llegar a la habitación de mi madre, quien está tranquila en su cama, aunque se quiera relajar, el Parkinson ha avanzado demasiado al punto de no dejar ni siquiera que se levante de la cama.

—Qué bueno que llegaste a casa mi niña preciosa. ¿Qué tal te fue hoy? —pregunta, tratando de acomodarse bien en la cama.

La saludo con un beso en la frente y me siento a su lado, quedando con un espacio reducido, le pregunto si esta incomoda, a lo que ella responde que no y empiezo a contarle lo que me paso hoy, omitiendo la parte en la que el niño rico y mimado me trato de fea y prostituta.

—¿En serio se portó grosero contigo?

—Sí madre, creo que tenía miedo… su mamá me pidió llegar de nuevo mañana, aunque no entiendo el motivo por el cual no puede conseguirse solo una novia… es demasiado guapo mamá.

Ella suspira y me toma de la mano, en señal de consuelo.

—Necesito que me mires… —indica, haciendo a que la vea a la cara.

—Dime, mami.

—En el mundo hay toda clase de personas, pero como decía tu abuela, para cada roto, hay un descocido… jaja, no me preguntes, pero, es cierto.

Ambas reímos, pero aun no entiendo el punto.

—Sé que no entendiste, pero para ese hombre no hay un alma gemela, hay que encontrarla por él, saber reconocer cuando alguien necesita ayuda incluso para amar, las tácticas del amor van cambiando, Caroline.

—Eso lo sé mamá, pero en verdad fue grosero, tal vez por eso no encuentre esposa.

—Puede ser, y para eso vas tú, así que… debes de ser fuerte, ayúdale a cambiar ese lado feo e hiriente hacia las mujeres, ponlo como un proyecto importante. La vida te da sorpresas hija mia.

Le regalo una sonrisa, la abrazo y en ese momento llega papá, indicándome que la cena está servida y es en donde aprovecho a preguntar el motivo por el cual cancelaron la cita al médico.

—Ahhh, es eso. Ya no quiero ir a ningún médico, Caroline.

Mi madre ha tomado una decisión, una que me avisa en que ya se cansó, ya no quiere luchar.

—¿Por qué me haces esto? Quedamos en que vas a ir al médico juiciosamente y que todo saldrá bien.

Mi molestia se hace notar, pero veo la sonrisa que se le dibuja en el rostro, ya conozco esa sonrisa pícara.

—Bueno, iré con una condición…

—¿en serio vas a chantajearme?

—¡CLARO!

Mi padre comienza a reír, negando con la cabeza y esperando a que mi mamá suelte la locura que ya formo en su cabeza.

Suspiro y le tomo la mano.

—Harás a que ese hombre encuentre a una mujer ideal, una mujer que le ayude a sanar su corazón, porque déjame decirte que, cuando un hombre actúa así, es porque tiene el corazón herido. No lo justifico, pero es un método de defensa.

—Pero no debe de tenerlo conmigo, madre.

—Te entiendo, pero escúchame… si logras que ese hombre ceda a tener una cita, yo iré al médico. ¿puedes con eso?

—Eres increíble mamá… haré esto solamente por ti, ¿okay?

Ambas reímos y sellamos el pacto con un abrazo acaramelado, mientras mi padre me insta a que vaya a cenar y que en unos minutos llevara a mamá a la mesa para cenar.

Me retiro de la habitación de mi madre, yéndome a dejar las bolsas de ropa que compre en mi cama y dirigirme a cenar.

(***)

La noche paso como pasa una estrella fugaz, haciendo a que me levante con un poco de optimismo.

Luego del baño que tomé, empiezo a arreglarme, colocándome un hermoso vestido rosa con cuadros blancos, unas zapatillas plateadas y mis accesorios del mismo color del metal, un moño en la cabeza y el respectivo maquillaje, sintiéndome hermosa, única y que esta vez, todo será diferente con ese cabeza de chorlito.

Salgo de la habitación, enfilándome hacia la salida, encontrándome con mi madre en el jardín, quien me hace mil cumplidos, me despido de ella y Sally se encuentra ya en su auto azul, un pequeño Volkswagen Beetle.

—Tú iras a un desfile de modas, no mientas.

—Sally, por favor.

Entro al auto, poniéndome sola el turbante para no poder ver el camino, respirando profundo y emprendiendo el camino hacia la mansión Fitzgerald, con un poco de miedo, en realidad si tengo miedo al no saber con lo que me vaya a topar el día de hoy con ese tarado.

Los minutos pasan, algunos baches hacen a que mis lágrimas se salgan, ya que sólo de sentir ese golpe en las llantas, me hacen rememorar esa noche trágica.

—Según waze, faltan solamente siete minutos para llegar, calma.

No emito palabra alguna, solamente trato de pensar en otra cosa que no sea ni el idiota con el que debo de hacer una misión imposible o el accidente que marco mi vida para siempre.

Escucho un ruido de golpe, imaginándome lo peor, pero Sally acota un “Llegamos” con risa.

Ella baja del auto, ayudándome a salir del mismo y quitándome el turbante de los ojos, me ayuda a arreglarme y desde el otro punto de la casa, la señora Fitzgerald me espera ansiosa.

—¡Fiu, vaya! Si en verdad no estuviera casada con el imbécil de mi esposo, te juro que le haría caso a ese energúmeno.

—¡Shhh, cállate! Bueno, ¿me esperas aquí o voy caminando?

—Aquí te espero jefa, mucha suerte.

Nos despedimos entre risas y guiños, como si de dos adolescentes se tratara, caminando directo al infierno.

La señora Fitz me recibe muy emocionada, pidiéndome disculpas nuevamente por lo de ayer y haciendo cumplidos por mi forma de vestir, diciendo que me veo más hermosa que nunca.

—Vamos, pasa. Hoy la cita se hará en el jardín, ya vendrá Angus, siéntate por favor. ¿ya desayunaste? —pregunta de una forma muy amable y en sus ojos refleja sentimientos nobles.

—Gracias señora Fitz… —ella me detiene abruptamente.

—Dime Terra, soy Therra Fitzgerald.

Le regalo una sonrisa y me refiero a ella como Therra, diciéndole que no se moleste y que, si alcance a desayunar en mi casa, aunque sean mentiras.

—Bueno, aunque sea el jugo, no me desprecies.

Estoy por aceptarlo, pero ahí viene él, acompañado de su perro que es una belleza, sólo que esta vez, viene con unos lentes Dolce & Gabbana color negro, una belleza.

¿Habrá algo que no le quede bien a ese idiota?

Con un poco de dificultad se sienta en la mesa frente a mí, haciéndome preguntar si está enfermo.

—No me vea así, señorita Montgomery. ¿acaso no ha tenido resaca? —indaga, haciendo a que el color de mis mejillas se encienda.

Therra carraspea, y le pide que sea amable conmigo, como si de un niño pequeño y berrinchudo se tratara.

—Sí, he tenido resaca y resulte en el hospital por una crisis nerviosa. En fin, es un gusto verle nuevamente.

Therra me sonríe y se despide de ambos, dejándonos a solas y con el can al lado del millonario arrogante.

—El gusto también es mio, le pido disculpas por lo que paso ayer, no estoy acostumbrado a este tipo de intervenciones amorosas.

—No se preocupe, este es mi trabajo, a esto me dedico y no a la prostitución…

Debía de soltar mi inconformidad.

—Veo que le afecto lo de ayer

—Claro, me insulto.

—¿En serio no realiza trabajos sexuales?

El colorete se me sube a la cabeza, el enojo es evidente, y es en donde mi lado perra sale a flote.

—Claro, está acostumbrado a solicitar trabajos sexuales porque nadie, en su sano juicio se atrevería a acostarse con usted, ¿no es así, señor Fitzgerald?

Esta por darme replica, pero mi boca esta como una de las cataratas del Niágara, con una presión por sacar lo que llevo atorado por dentro desde ayer.

—No me diga más, sé que los hombres de su categoría esperan a que todas las mujeres se le ofrezcan como se ofrece el pan caliente, pero en mi caso señor, usted está tratando con una mujer que está a un nivel inalcanzable, así que, evíteme la pena de retirarme nuevamente y hacer a que su vida deje de ser miserable y a quitarle el azul de sus bolas, que, al parecer, por no desahogarse es que se encuentra con ese pésimo humor.

Me tranquilizo, mientras una sonrisa burlona aparece en su rostro.

—Mucho gusto señorita Montgomery, empiece con su trabajo, por favor.

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