Capítulo 101 El Acuerdo Insano

Los botones de la pijama saltaron y rodaron por doquier. Sus grandes palmas, calientes, tomaron de inmediato mi pecho por debajo del fino encaje de mi sostén, apretándolo con fuerza, con brusquedad, y con un deseo animal que se le escapaba de las manos.

—Ah... ¡no! Te lo ruego, no... —grité entre so...

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