Tu voz

—¡Oh no, maldita sea! Cuando él salió de la habitación, juré que lloré, lloré de verdad, como una niña cuando pierde a su madre. ¡Como una niña a la que le han robado su tesoro más preciado! Pero también lloré como una adulta a la que la vida le estaba arrebatando todos sus sueños. Lloré con intensi...

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