Capítulo 11

Guillermo rio entre dientes, mostrando su perfecta dentadura blanca. Se veía tan guapo.

“No hueles bien”, anunció.

Ay.

Me olí lentamente: él tenía razón y me sentí avergonzada.

“Iré a casa a ducharme”.

“La licitación comienza a las nueve y deberíamos haber tenido todo en orden a las ocho y media. ¿Puedes ir a tu casa y regresar en tiempo récord?”.

Fruncí el ceño.

Nunca antes había ido a una reunión así.

Mi equipo y yo solo teníamos que elaborar el proyecto y se suponía que lo presentaría el gerente o el director ejecutivo.

Como si leyera mis pensamientos, dijo: “Tú hiciste los cálculos. Tienes que estar allí para responder cualquier pregunta que te hagan”.

Asentí lentamente.

Tardaría una hora en llegar a casa, ducharme y vestirme…

Si consideraba que era lunes, definitivamente habría tráfico.

Había trabajado demasiado durante la semana pasada como para echarlo a perder.

“Yo… me bañaré aquí”, acepté.

“Bien. Hazlo rápido, antes de que lleguen los demás", dijo y salió de la oficina para sacar algunas copias.

Caminé hacia la puerta que había señalado.

Al abrirla me di cuenta de que era una pequeña habitación.

Pasé mi mano por los estantes llenos de libros. Junto a ellos había una cama y un escritorio.

Seguramente a veces pasaba la noche aquí porque vi ropa.

Entré por otra puerta, la cual daba al baño y exhalé.

Estaba limpio y era blanco.

Abrí la llave de la bañera, me quité la ropa y me metí en el agua tibia, suspirando de alivio mientras mis músculos cansados ​​se relajaban.

Me eché hacia atrás para acomodarme, pero recordé que no tenía tiempo para disfrutar esto y tuve que darme prisa.

Salí de la bañera y me sequé el cuerpo y el pelo.

Todavía me sentía muy cansada.

No podía esperar a que fuera de noche: me aseguraría de dormir bien.

Vi una de las camisas de Guillermo en el pequeño armario.

Caminé con calma hacia ella, la saqué y la acerqué a mi nariz.

Olía muy bien.

No debería estar haciendo esto en este momento... pero quería comprobar cómo se me veía puesta y rápidamente me la quitaría.

Así que me puse su camisa y me miré en el espejo.

Me llegaba hasta la mitad del muslo.

Sonreí, pues me encantó lo bien que me sentí con ella.

Me senté en la cama.

Era tan suave que me acosté sobre ella para apreciar toda su suavidad.

Sonreí al sentirme tan cómoda…


“Amelia… ¡Amelia, despierta!”.

Me desperté con un sobresalto y vi que Guillermo me daba golpecitos en el brazo.

La mirada furiosa en sus ojos ahuyentó mi sueño.

"¿Tienes idea de qué hora es?".

Rápidamente me senté y miré el reloj de pared: ¡eran las ocho con veinticuatro minutos!

¡Ay, dios mío!

“Lo siento… No fue mi intención quedarme dormida… Yo… Yo solo…”, tartamudeé.

"¿Por qué tienes puesta mi camisa?".

Miré hacia abajo.

¡M*ldita sea!

¿Por qué no me la había quitado?

No pude responderle.

"Te dije que te bañaras antes de que llegaran los otros empleados. Mi secretaria ya está en mi oficina, así que dime: ¿ahora cómo vas a salir de aquí?".

Imaginé lo que pasaría si Lilia, su secretaria, me atrapaba saliendo de esta habitación.

Definitivamente pensaría que me estaba acostando con el jefe y sabía muy bien lo rápido que viajaban las noticias en la empresa.

¡No estaba lista para convertirme en una marginada!

Rápidamente me puse de pie y agarré el brazo de Guillermo.

“¿Qué debemos hacer? ¡Por favor, piensa en una forma en que pueda salir de aquí sin que me vean!”. Entré en pánico.

En lugar de decir algo, sus ojos recorrieron mi cuerpo y luego nuestras miradas se encontraron.

Pasé saliva mientras mi respiración y mi corazón se aceleraban.

¿Se debió a nuestra proximidad?

Todas mis terminaciones nerviosas parecían más estimuladas que de costumbre.

Él no debería mirarme así.

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