Capítulo 22 22

―Cuando aceptaste ese trabajo en Puebla, ¿pensaste siquiera por un segundo en que significaba irte de mí?

La pregunta cayó entre nosotros.

Podía haber mentido.

No lo hice.

―Sí.

Zayen no se movió.

―¿Sí?

―Sí, pensé en ti.

Su mano seguía en mi cintura, pero dejó de apretar.

―¿Antes o después de aceptar...

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