25: El que vive de ilusiones, muere de desengaños

Sin embargo, en el momento en que mi mirada regresó a su lugar, fue que ella logró volver a ser la misma. Al abrir los brazos, mi hija corrió a mi lado y me abrazó con fuerza, haciéndome saber que todavía me necesitaba.

—No te preocupes, cariño. En serio que las cosas van a estar bien, no voy a agr...

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