76: Un infierno debido a la ausencia de respuestas

La cara de sorpresa de Lorcan era de esperarse; en cambio, mi postura fue una de total calma.

—No te puedo creer que él llegue a ese punto; se supone que eres su hija.

—Sí, pero tal como ves, no me quiere creer cuando le digo que me estoy muriendo porque lo que piensa es que quiero hacerlo sentir...

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