83: Tiburones grandes

En el momento en que entré en la casa de mis padres, me sentí más cómoda. Ya no tenía sentido seguir en la casa de Erick molestando más a estas personas; al final, ellos no eran nada mío.

—Hija —mi papá fue el primero en acercarse a la camilla donde iba—, qué alegría volver a verte. Ya tu habitació...

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