Capítulo 42 42

Para cuando el sol estuvo bien alto, el calor de la salamandra me había espantado el cansancio por completo. Me levanté del sillón, preparé café cargado y me puse a acomodar un poco la casa.

A eso de las doce y media, dos golpes en la puerta interrumpieron el silencio. Cuando abrí, me encontré a Cie...

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