Capítulo 98 98

El silencio que siguió al grito de Tomás fue tan espeso que podía escucharse el chasquido del fuego a la distancia. Yo seguía petrificada junto a la mesada, con la piel erizada y la respiración atascada en la garganta. Tomás no dejaba de mirarme desde el umbral, con la mandíbula apretada y los ojos ...

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