Capítulo 28 El peso de la corona

Lidia tenía la mitad de su ropa dentro de la maleta cuando se detuvo. En sus manos sostenía una de las camisas blancas de Dante, aquella que él le había prestado la primera mañana en el apartamento. El inconfundible aroma a sándalo y al calor de su piel seguía impregnado en la tela.

Una lágrima rod...

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