Capítulo 7

Me cuesta mucho detener mi lucha cuando el pánico se apodera de mí. Cierro los ojos tratando de enfocarme en la respiración. Siento una leve presión en mi pecho y respiro de manera corta y acelerada. Lucho por salir de su agarre mientras escucho a alguien más acercarse.

—¿Todo bien, papá?

La voz es mucho más profunda que la de Alfa Damian, lo que me hace preguntarme quién se está acercando a nosotros.

—Voy a necesitar unos minutos a solas con él. Lucas, por favor lleva al resto del grupo al tercer piso. Que Dom se quede al final. Quiero silencio absoluto. Ni una palabra ni un sonido mientras pasan, de lo contrario todos enfrentarán las consecuencias de la falta de respeto de alguien.

—Sí, señor.

Mi lucha se calma un poco cuando el hijo del Alfa se aleja y se dirige de nuevo hacia el grupo.

—Cole, sé que acabas de conocerme, así que no hay confianza, pero necesito que sigas mis instrucciones con exactitud. Te voy a guiar a través de una técnica de respiración que te ayudará a relajarte. A medida que te vayas tranquilizando, sentirás que aflojo tus brazos.

Asiento con la cabeza, aceptando su propuesta, ya que me siento desorientado y sin control.

—Primero quiero que tomes una respiración rápida y profunda, luego la la sueltas rápidamente. Solo deséchala. Vamos a hacer esto tres veces. Luego haremos tres respiraciones más lentas. ¿Listo?

Asiento para indicar que entiendo sus instrucciones.

—Muy bien, inhala rápido, luego suéltala.

Sigo su ejemplo y tomo una respiración rápida y aguda soltándola casi de inmediato. Es mientras estoy inhalando en la tercera cuando él reanuda la conversación.

—Quiero que sigas mi voz mientras te digo qué hacer. Bien hecho. Ahora inhala...2...3...4... y exhala 2...3...4... otra vez inhala 2...3...4... y exhala 2...3...4... otra vez.

Es mientras estoy haciendo la tercera respiración que siento que el agarre del Alfa se suaviza. Aunque todavía está ahí, ahora es más reconfortante, y siento sus pulgares frotar suavemente el dorso de mis manos. Me deja tomar unas cuantas respiraciones más por mi cuenta antes de hablar.

—Ahora puedo decir que eres muy sumiso, reconozco que esto es una lucha para ti, pero necesito que me mires. Haz contacto visual conmigo antes de que suelte tus brazos.

Abro los ojos con lentitud sin dejar de mirar hacia abajo. No es la primera vez que alguien me ordena que haga contacto visual con un Alfa. Mi padre lo hace todo el tiempo. La lucha es que mi padre me ordena hacerlo y luego me reprende por el miedo que nota en mis ojos.

Cierro los ojos de nuevo mientras los recuerdos de mi último encuentro con mi padre inundan mi mente y repito el ejercicio que el Alfa acaba de hacer conmigo.

—Cole.

El Alfa Black habla en el tono más bajo que jamás haya escuchado de un Alfa.

—No puedo ayudarte si no me cuentas lo que está pasando. ¿Hablarás conmigo?

Sacudo la cabeza mientras trato de evitar el flashback, abriendo los ojos de nuevo y muy despacio. Alzo la cabeza haciendo contacto visual como él pidió, pero me resulta imposible mantenerlo.

—Lo siento, Alfa.

Susurro mientras cierro los ojos y me alejo, anticipando el castigo que seguría. Cada Alfa que ha sido tan directo conmigo siempre me ha causado sufrimiento. Sé que puede percibir mis temblores mientras lo escucho suspirar.

—Está bien, Cole. Vamos a entrar. Tal vez sea un poco más cómodo hablar si no hay un enfoque tan directo.

Apenas susurro un "gracias" mientras siento que sus manos se apartan de mis mis muñecas. Al abrir los ojos, miro a mi alrededor en busca de una indicación. Es cuando cuando cruzo una mirada con el Alfa Damian que obtengo la información que necesito. Con un leve gesto de su mano, me señala hacia la vivienda de los aprendices, me sigue mientras me encamino en esa dirección.

(POV de Demetri)

Estoy inmerso en mis pensamientos mientras mi hijo y yo seguimos a este joven hacia la vivienda de los aprendices. Han trascurrido quince años desde que heredé la manada. Es bastante inusual que la manada se pase de esta manera a menos que el Alfa gobernante muera en batalla mientras sus hijos aún son niños. Entonces, recae en el hijo mayor la responsabilidad de asumir el poder sobre la manada. Pero en mi situación y en la de la manada, ninguna de esas cosas ocurrió. Sé que el hecho de que fuera intuitivo influyó con la decisión de mi padre de heredarme la manada.

Siendo el más joven de los cuatro. Noté que mis hermanos mayores y mi hermana de alguna manera no compartían la misma visión de mi padre para la manada Crimson Dawn. No fue hasta que encontré a mi pareja maltratada a los dieciocho años cuando finalmente cambié mis ideas sobre mantener un santuario para aquellos que lo necesitan. Solo he sido el Alfa durante quince años, un pequeño cambio para la mayoría de los Alfas. Damian tenía solo tres años y Lucas poco más de un año cuando papá falleció mientras dormía. Puede que se necesite mucho para matar a un hombre lobo sin una bala de plata en el corazón, pero no somos invencibles y envejecemos.

Papá había estado disminuyendo su ritmo durante un tiempo y yo había ido asumiendo cada vez más de sus responsabilidades. Cuando la Diosa de la Luna finalmente lo llamó a casa, se esperaba una transición sin problemas para la manada. No hace falta decir que no lo fue. Mamá también se fue a reunirse con él solo unos años después.

Como la mayoría de los Alfa, trato de mantener dos reputaciones distintas para mi manada. Hay tolerancia cero para lobos no autorizados en mi territorio. Como todos los Alfas, me gusta mantener mi imagen lo más temible que se pueda. Si pones un pie en mi territorio sin anunciarte, es probable que nunca vuelvas a ser visto, ese era el mensaje. Pero aquellos que en realidad me conocen entienden que sé la diferencia entre un lobo problemático y un alborotador. Aquellos con este conocimiento interno a menudo recomendarán mi manada como un santuario temporal hasta que las cosas se resuelvan para una transferencia a otra manada. Algunos incluso han optado por unirse a mi manada como miembros permanentes.

Es el tirón de Damian en mi enlace lo que trae mis pensamientos vuelvan a enfocarse en la situación actual.

—¿Qué le sucede? Me mencionó en el autobús que no era nuevo en esto y que es mayor. Creo que dijo que tiene veintitrés años. Su ansiedad empezó justo antes de bajarse del autobús.

—No quiero apresurarme en sacar conclusiones ya que acaba de llegar y es posible que solo esté lidiando con ansiedad severa.

—¿Pero sospechas algo más?

—Sí. Sospecho que pudo haber sufrido abuso en su pasado, pero la mayor preocupación es si el abuso persiste en su presente.

—Pensé que el abuso terminaba una vez que el niño se convirtiera en adulto.

—Por desgracia, eso solo se logra si el niño es capaz de encontrar una manera de salir de la situación. Si este es realmente el hijo de Alfa Redmen, entonces alejarse de Red Fang sin volverse un renegado o matar a quien lo esté abusando sería muy difícil. No es como aquí, donde una vez que cumples veintiún años puedes solicitar una transferencia o que una hembra pueda unirse a la manada de su pareja.

—¿Entonces está usando el programa de guerreros como una forma de salir?

—Posiblemente.

Termino el enlace con mi hijo mientras entramos en el complejo de apartamentos. Cole se ha detenido justo dentro de la puerta, como a metro y medio permitiendo suficiente espacio para entrar. Parece confundido y muy agitado.

—Cole.

Incluso con mi voz calmada y nivelada, solo al escucharla hace que el joven se sobresalte mucho.

—No te pregunté si estabas en contra de ser separado de tus compañeros de manada. La decisión es tuya por completo.

—Solo tengo un amigo de verdad, así que no me siento parte del grupo.

—Eso pensé. Ven por aquí.

Hago un gesto a mi derecha mientras comenzamos a dirigirnos hacia la fila de puertas ubicadas en el lado este del complejo.

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