Capítulo 3 El primer asalto
ALANA
Las puertas del ascensor se cierran frente a mí mientras Ian todavía sostiene mi mirada.
Imbécil.
El indicador comienza a descender.
Sótano.
Me quedo inmóvil apenas un segundo antes de entender lo que pretende hacer.
—No puede ser tan idiota —claro que puede.
Si Ian sale por el muelle de carga con la cara golpeada, los nudillos vendados y esa actitud de delincuente orgulloso, los periodistas no necesitarán siquiera inventar el titular. La relación todavía no existe para nadie.
El compromiso se anunciará mañana. Y él está a punto de regalarles exactamente la imagen que Cooper intenta borrar. Empujo la puerta de la escalera.No tengo tiempo de esperar otro ascensor. Me quito los tacones, los aprieto contra el pecho y bajo corriendo.
Tres pisos.
Mi respiración se desordena antes de llegar al segundo.Todo por lo que llevo años trabajando puede incendiarse en cuestión de minutos si ese hombre decide salir por la puerta equivocada. La campaña. Mi trabajo. Mi familia.
Todo.
No pienso dejar que suceda. Cuando empujo la puerta del sótano, el rugido de una motocicleta llena el espacio.
Mierda.
Ian está montado sobre una moto negra de gran cilindrada, ajustándose los guantes como si nada de esto tuviera importancia. Al fondo, detrás de la persiana metálica del muelle, ya se filtran destellos blancos.
Flashes.
También escucho voces. Los periodistas están esperando. Me pongo los tacones como puedo y camino directamente hacia él.
—¡Apaga ese maldito motor! —Ian levanta la visera del casco y sus ojos oscuros me recorren despacio.
Después mira hacia la escalera.
—Vaya. La princesita sabe correr.
—Apágalo.
—Muévete.
—No —doy otro paso y me planto delante de la rueda e Ian inclina ligeramente la cabeza.
—Alana.
—No voy a dejar que salgas así.
—¿Y exactamente cómo piensas detenerme? —el motor vibra bajo él.
Mi sentido común me recuerda que estoy delante de una motocicleta conducida por un hombre al que conocí hace apenas unas horas y que, según todos los titulares, acaba de destrozar a alguien en un club y sus nudillos lo confirman. Aun así, no me muevo.
Ian podría avanzar, pero no lo hará o eso espero.
—Puedes atropellarme —digo—. Aunque dudo que un homicidio mejore demasiado tu imagen —durante un segundo permanece serio y luego se ríe.
—Estás loca.
—Y tú eres un idiota. Estamos empatados —Ian apaga el motor. Primera victoria.
Se quita el casco y lo deja sobre el tanque.
—Habla —se escucha un golpe metálico detrás de nosotros.
La persiana comienza a subir unos centímetros más.Tenemos poco tiempo.
—Si sales solo, herido y perseguido por periodistas, mañana da igual lo que digamos. Nadie va a creer que de repente eres un hombre tranquilo dispuesto a casarse.
—Qué tragedia.
—Tú también firmaste ese contrato —su sonrisa desaparece.
—Yo firmé porque no tenía elección.
—Lo sé —Ian entorna los ojos.
—No. No sabes una mierda.
—Sé que hay alguien a quien necesitas proteger —su mandíbula se tensa y ya entiendo que crucé una línea.
—No la metas en esto.
—No estoy intentando utilizarla contra ti.
—Entonces ni siquiera pienses en su nombre —el tono es suficiente para que no insista.
Cooper consiguió controlarlo con Luna. No voy a convertirme en otra persona que haga lo mismo.
—Perfecto —digo—. Entonces olvidemos eso. Tú necesitas que esto funcione por tus razones. Yo necesito que funcione por las mías.
—Tu maravilloso ascenso —aprieto la mandíbula.
—No sabes cuáles son mis razones —algo en mi respuesta parece incomodarlo.
Bien.
—Lo que sí sé —continúo— es que los periodistas están ahí fuera y tenemos unos segundos antes de que esa persiana termine de abrirse —Ian mira hacia el muelle. Las voces son cada vez más fuertes.
—¿Y cuál es tu brillante plan? —Observo su rostro.
Sus heridas, las vendas.Llas cámaras esperando. Y de pronto lo veo, no necesitamos explicar nada esta noche.Solo necesitamos darles algo que quieran explicar mañana.
—No vamos a contarles ninguna historia —Ian frunce el ceño.
—¿Qué?
—Vamos a darles una imagen —ahora sí parece interesado.
—Mañana podemos decir lo que queramos sobre la pelea. Que estabas defendiendo a alguien. Que reaccionaste porque alguien intentó propasarse conmigo. El equipo puede construir los detalles.
—Eso suena bastante conveniente.
—Porque lo es —la persiana vuelve a crujir y más luz entra desde la calle.
—Pero antes necesitamos que crean una cosa —continúo—. Que tú y yo ya estábamos juntos antes de que Cooper anuncie nada.
Ian me observa y durante un segundo deja de sonreír. Está pensando y lo sabe. La idea funciona.
—Tienes una mente bastante sucia para alguien que llama honorable a mi padre.
—Tengo una mente útil —una sonrisa lenta aparece en sus labios.
—Eso está por verse —baja de la moto.
La diferencia de altura vuelve a molestarme cuando se planta frente a mí.
—Hay un problema con tu brillante plan, Florecita.
—¿Cuál?
—Las parejas se tocan —da un paso y yo mantengo mi posición.
—No abuses.
—¿No quieres que parezcamos convincentes?
—Parecer una pareja no significa que tengas que pegarte a mí —Ian reduce otro poco la distancia.
—Los fotógrafos pueden ser muy exigentes —apoyo una mano contra su pecho.
—Quédate ahí —él mira mi mano y después mi rostro.
—Estás nerviosa.
—Estoy intentando evitar que arruines mi carrera antes de empezar el primer día.
—Claro —la persiana metálica sigue subiendo detrás de nosotros.
Ya puedo escuchar preguntas. Mi nombre todavía no. El suyo sí.
—¡Ian!
—¡Cooper!
—¡Mira aquí!
Los primeros flashes se cuelan por debajo.Ian no aparta los ojos de mí.
—Última oportunidad para salir corriendo, princesita.
—No pienso salir corriendo.
—Eso ya lo dejaste bastante claro —la persiana termina de abrirse y todo sucede al mismo tiempo.
Gritos, micrófonos,cámaras. Luz blanca golpeándonos desde todos los ángulos. Ian gira apenas el rostro hacia ellos. Y lo entiendo.
Este es el momento, no mañana. No cuando el equipo de Cooper tenga preparada una historia perfecta.
Ahora.
Antes de que alguien pueda preguntarnos qué hacemos juntos, tomo a Ian de la chaqueta y acorto la distancia, sus ojos se abren apenas y por primera vez desde que lo conozco, lo tomo por sorpresa.
Entonces beso sus labios. Ian permanece inmóvil una fracción de segundo. Solo una. Después su mano vendada se desliza hacia mi nuca y me acerca contra él.
El beso cambia. Deja de ser una fotografía y su boca se mueve contra la mía con una intensidad que no esperaba, mi mano se cierra con más fuerza sobre su chaqueta.
Los flashes explotan a nuestro alrededor, eso era lo que quería. Una imagen.
Una mentira suficientemente buena para que mañana pudiéramos construir el resto. Pero cuando Ian se aparta apenas y su respiración se mezcla con la mía, mi cabeza tarda demasiado en recordar por qué lo besé.
Había calculado la fotografía.
No había calculado esto.
