Capítulo 2 Parque
LA GRADUACIÓN
Seis y treinta de la noche.
La Felícidad de esa noche era inmensa, en casa mamá había puesto música, se podía escuchar por cada rincón de mi hogar. El día había llegado, me sentía orgulllo y satisfecho por lo que había conseguido hasta el día de hoy. Mis abuelos estaban por llegar y mi padre estaba en su cuarto vistiéndose. Mamá ya estaba lista.
Sparky estaba a un lado mío, estaba moviendo su cola de un lado hacia otro, quizás hasta el estaba contento.
Mi querido Sparky, hemos pasado tantas cosas juntos, sin duda eres y siempre serás mi mejor amigo—acariciaba su pelaje.
—Omar, no vayas a dilatar tanto, ya estamos esperando por ti—hablaba mamá desde la sala.
Habían pasado quince años, yo tenía veintiocho años, mis aspecto era muy diferente a cuando estaba pequeño. Ahora tenía barba, estaba en forma ya que me gustaba ejercitarme por las mañanas, mi voz era grave y mi estatura superaba los uno setenta y cinco.
Me encontraba frente al espejo terminando de ponerme la corbata, llevaba un saco negro con un fondo blanco, zapatillas negras de cuero lustradas, un reloj acerado y llevaba mi collar de cuarzo por dentro. Peinaba mi cabello hacia un lado, no era mi estilo vestir de esta forma, pues a mi me gustaba vestir de jeans y camisas holgadas, pero por hoy lo ameritaba.
Papa tocó a la puerta.
—Hijo, ¿puedo entrar?
—Adelante, papá, ya estoy terminando.
—Qué elegante te ves, Omar, cómo pasa el tiempo de rápido, aún me parece como si fue ayer cuando te compré la pelota y el guante de béisbol que siempre quisiste.
—¿Recuerdas, papá? Que buenos tiempos fueron esos.
—Ven, siéntate acá—golpeaba la orilla de la cama.
Me acerqué para sentarme a su lado.
—Primeramente quiero pedirte disculpas por todas las veces que estuve ausente, sé que mi deber era estar a tu lado en todas tus etapas, pero como sabes la situación económica de nosotros no mejoraba y tenía que trabajar fuera para poder mantener los gastos de tus estudios y de la casa, pero por fortuna cuentas con una madre que te ha criado muy bien, mírate, eres inteligente, eres educado y hoy ya te gradúas. Eres todo un hombre, mi Omar, quiero decirte que me siento muy orgulloso hasta donde has podido llegar, yo no tuve la oportunidad de prepararme profesionalmente, tuve una infancia llena de problemas y trabajé a corta edad. Por eso siempre nos esforzamos, para darte la oportunidad que tu si te prepararas, eres buen hombre, sé que eres justo y solidario, nunca te has gozado del mal ajeno. Quiero darte un consejo para que lo guardes en todo lo largo de tu vida: Cuando realices algo, lo que sea siempre hazlo bajo tus principios, que nada ni nadie los quebrante, ponle amor a tus cosas y sigue siempre tu norte.
—Gracias, papá, tú sabes que nunca he tenido ningún tipo de resentimiento por ti, aunque no hayas estado mucho tiempo en mi vida también era consciente que todo lo hacías por nosotros, pero eso ya quedó en el pasado, hoy por hoy me valdré por mí mismo y te agradezco por los sacrificios que hiciste—lo abracé, abracé tan fuerte a mi padre porque en el fondo sabía que nosotros nos queríamos mucho, además ellos estaban envejeciendo y no sabía cuánto tiempo les quedaría de vida.
Terminé de vestirme para bajar a la sala, ahí estaba mi madre con sus vestidos que la caracterizaban, los vestidos floreados. Los años le habían pasado la cuenta, tenía ciertas arrugas en su cara, pero el espíritu nunca le envejecía siempre era la mujer sonriente y carismática. Estaban mis abuelos. Se podía escuchar que estaban murmurando.
—¿Qué están hablando?—les sonreí—lo sé, me debo de ver extraño con un saco y una corbata ¿no?
—Para nada, al contrario, Omar, te ves muy guapo. En realidad estábamos debatiéndonos a quien saliste de buen porte—decía mi abuelo.
—Es evidente que a los Da Silva—decía mi madre sonriendo.
—¿Crees que este señorito se hizo solo?—presumía mi padre—también va la genética Dündar.
Todos sonreíamos en ese instante
—Por cierto, ¿y mis otros abuelos?—pregunté a papá.
—Ellos vienen en camino, tú sabes que viven largo y me dijeron que el tráfico estaba bastante pesado así que lo más seguro es que en la universidad los miremos.
—Salgamos ya o se nos hará tarde.
Nos dirigimos a la cochera, ahí estaba el antiguo Volkswagen rojo de mamá. Aun seguía en pie, además estaba la camioneta de papá.
—Subamos—dijo mi padre señalando su camioneta.
Quedé viendo de reojo el auto de mamá tomándole su mano.
—¿Qué pasa, Omar?
—Mira—señalé su auto.
—Sí, ¿que tiene el auto?
—Quiero que tú y yo nos vayamos en este auto ¿vale?
—¿Por qué?—frunció el ceño.
—Mamá, este auto ha sido el testigo de todas nuestras travesías desde pequeño, cuando subíamos a ese auto nos trasladábamos a nuestro mundo, quiero que lo ocupemos.
En ese instante a mamá se le salió una lagrima abrazándome, mi corazón se había puesto más pequeño de lo normal al verla así. Sabía que mi madre había trabajado duro para sacarme adelante.
—Papá, ustedes pueden ir en la camioneta, mamá y yo nos iremos en su auto
Mamá entró al asiento del piloto y yo del copiloto.
—¿Estás listo?—preguntó.
—Estoy listo—abrochándome el cinturón.
Era como en los viejos tiempos cuando mamá me llevaba a la escuela.
Mama rebatía entre la caja de los discos viejos, ella sonrió cuando encontró uno.
BACK IN BLACK—AC/DC
No sabía que mamá tuviera esos gustos, pero era divertido que mi madre era un tanto jovial.
—¿En serio te gusta AC/DC?
—¿Cuántos años crees que tengo, omar? Déjame decirte, jovencito, que cuando tu conociste esta banda yo ya había ido a varios conciertos de ellos, ¿crees que para los gustos musicales hay edad?
—Para nada, mamá, en realidad eres mi espejo, cuando yo esté de tu edad haré los mismo con mis hijos—le levanté el pulgar en símbolo de aprobado.
Recorríamos las calles de la ciudad de Brooklyn, todo había cambiado en estos años, habían más negocios, habían construidos más edificios y por supuesto el gran puente colgante, podía sentir el clima fresco al bajar las ventanas. La camioneta de papá venía detrás.
•
Llegamos a la universidad, nos estacionamos cerca de la entrada. Mi papá estaba animado.
—Mira, Omar, por allá están tus abuelos—señaló.
Volteé a ver y efectivamente ahí estaban. Los señores Dündar, ambos venían vestidos de blanco.
—Mi pequeño, Omar, que grande que estás—me apretaban mis mejillas.
Siempre hacían eso desde que tengo uso de razón, pero era su manera de expresar cariño hacia mi.
—Sigamos—sugería mi madre.
En la entrada de la universidad había una enorme pancarta que decía: Felicidades a todos. Las demás familias iban entrando con sus hijos, hoy se graduaban más compañeros y de diferentes carreras.
Los salones habían ramos de flores de todos colores, las personas llegaban con trajes elegantes. La fuente que había en el centro de la universidad destelleaba varios colores. Hasta que llegamos al salón de eventos.
—Hola, hermano—saludaba Cris.
—Hermano, ¿todo bien?
—De lo mejor, hoy nos graduamos, Omar—me palmeaba el hombro emocionado.
—¿Cómo pasa el tiempo cierto?—hacía lo mismo con su hombro.
—Aún recuerdo las cosas que hacíamos por todos estos pasillos, todas las veces que nos llevaron a la dirección, las chicas que molestábamos, a los profesores que le dábamos bromas de mal gusto.
—¿Crees que extrañaremos todo esto?—pregunté observando alrededor de la universidad.
—No podría decirte todavía, pero lo que sí puedo decirte es que nuestras vidas de ahora en adelante cambiará.
—¿Qué se hizo Pilar?—pregunté.
¿Recuerdan esa niña linda por la que babeaba? Pues irónicamente, Cris era su novio desde años. Lo sé... la vida es injusta, pero no hacían mala pareja, los dos me caían bien y al final acepté que no siempre te sales con la tuya.
—Me dijo que vendría dentro de poco, tú sabes cómo son las mujeres con eso del maquillaje y su cabello—sonreía.
Asentía
De porte elegante, su caminado era caracterizado por presumido, con la camisa medio abotonada, con su cabello hacia atrás, con la mayor seguridad que un hombre podía tener, ese tipo que venía caminando era Michael. El todo el tiempo que estuvimos en la universidad se dedicaba a dramatizar algunas obras que pasaban por la Tv.
—Hola, perdedores, sientanse dichosos que hoy verán una vez más a Michael—levantó su cabeza.
—¿No crees que Michael es gay?—preguntaba Cris.
—Pues creo que tiene más de eso que de hombre, mira cómo viste y esas actitudes... esos gestos tan raros o quizá es demasiado egocéntrico—carcajeaba.
—Te veo por aquellos asientos, tengo que ir a comunicarle a mi familia donde estarán sentados— me despedía de Cris.
Iba caminando entre la multitud, eran tantas las personas que habían llegado a ver a sus seres queridos graduarse que no se podía caminar.
—Auch, me has pisado—gritaba una mujer.
—Lo siento—me disculpé.
—Fíjate por donde pasas—se quejaba una chica.
—Disculpa, no quise hacerlo—encogía mis hombros.
¡Rayos! No sé cómo pasar en medio de esta gente sin cometer estupideces, creo que me tendré que ir por este pasillo.
Caminé unos metros para llegar al pasillo, buscaba una salida que me hiciera llegar donde había dejado a mi familia, pasé por un pasillo que estaba oscuro. Mire dos siluetas, achiqué mis ojos y estaban casi teniendo sexo. ¡Wow! Esta gente si no pierde tiempo, quizá en otro momento me hubiera quedado a distinguir bien quienes eran, pero tenía otras prioridades. Mi familia.
•
—Por Dios, Omar, ¿Dónde te habías metido? Tenemos rato de estar de pie acá, no sabemos ni donde nos sentaremos con tantas familias que han venido—me regañaba mamá.
—Tranquila, solo estaba saludando a Cris que me lo topé por ahí. Miren por allá, ahí pueden sentarse ya que yo estaré por este lado—les indicaba a todos.
Ayudé a mis abuelos mientras mi padre ayudaba a los otros, el hecho de haber tanta gente daba la impresión que mis abuelos podrían tropezarse. Caminaba al ritmo de ellos, tenía un poco de compasión, me imaginaba cómo sería yo al momento de llegar a la vejez, sería duro y más si no tuviera alguien que velara por mi, por eso siempre era servicial con ellos.
—Idiota—exclamó una chica.
Voltee a ver y era una de las Gemelas.
—¡Karla!
—¡Omar!
Nos quedamos viendo cómo tontos por unos segundos.
—Lo siento mucho, no quería ensuciar tus tacones.
Quedó viendo que llevaba a mis abuelos.
—¿Son tus abuelos?—preguntaba al momento que los miro.
—Sí, ellos son mis abuelos, Karla.
—Hola, señores Da Silva, lo siento mucho lo de ahorita, solo fue una expresión de dolor.
—Cuídate, Omar.
—Cuídate tú también, Karla.
Seguí guiando a mis abuelos, pero no sé qué me dio por voltear donde Karla, al parecer ella hizo lo mismo, pero cuando me quedó viendo me guiñó el ojo, mordiendo su labio inferior y pasando su lengua en todo el contorno de los labios. Tragué grueso e inmediatamente abrí un poco mis ojos, parpadeé varias veces, quizá había visto mal, pero no. En realidad Karla me habia hecho ese gesto.
Llegamos a los asientos, coloqué a mis abuelos al lado de mis padres para luego incorporarme al gremio de estudiantes que se graduarían. Por un lado estaban todos los familiares y al lado contrario nos encontrábamos todos los estudiantes. El director se acercó al micrófono dándole dos toques.
—Tengan muy buenas noches a todos los alumnos y padres de familia presente, la noche de hoy no es una noche cualquiera, esta noche todos los alumnos que llegaron al final de este ciclo empezarán otro, es una dicha para nosotros el ser testigo del esfuerzo que ciertos alumnos hicieron para llegar hasta acá. El camino ha sido largo y muchos quedaron atrás, las pruebas llegaron más los valientes siguieron. Felicidades a ellos, felicidades a sus madres y padres ya que detrás de cada vida representada acá también había un padre, una madre esforzándose. Antes de todo quiero decirles una frase muy importante. El querer es poder, lleven siempre eso en sus mentes. No habrán limites a menos que ustedes lo quieran.
Las palabras que había dicho el director en realidad me habían llegado al corazón porque yo más que nadie sabía lo que me había costado esto y a mis padres también.
Luego de esas palabras del director subieron unos alumnos con instrumentos.
—Buenas noches a todos los presentes, la banda de la universidad ha preparado un cover dedicado a todos aquellos alumnos que esta noche se graduarán, esperamos sea de su agrado.
THE NIGHTS—AVICII
La canción empezó, cerré mis ojos en toda la canción, pude sentir como mis etapas pasaban por mi mente, los juegos, las caídas, los malos momentos, las limitaciones en las que viví, pero todo eso acabaría. Esta vez si me pude levantar de cada tropiezo que di. Lo admito, esa noche mis lagrimas escurrían por mis mejillas, pero esta vez no era de tristeza, eran de alegria. Vivir viendo a tu madre dándolo todo por ti es admirable y a la vez un poco triste por sentirse incapaz de cambiar las cosas en ese instante, pero sabía qué haciendo esto gratificaría todo lo que ella hizo por mi. Esta noche nadie podría arrebatarle la felicidad al pastelero.
Terminaron de tocar la canción, desde el fondo del salón se vino un sonido fuerte esparciéndose por todas las paredes, eran fuertes aplausos.
—Gracias, muchas gracias—decía el vocalista elevando la guitarra.
Luego de eso llegó el maestro de ceremonia con un libro, ese era el libro donde estaban todos nuestros nombres.
—Levantemos por favor, daremos una pequeña oración.
Bajé mi cabeza en símbolo de reverencia, la oración continuaba hasta que el maestro nos indicó que nos podíamos tomar nuestros asientos.
Seguido comenzó a llamar uno a uno a todos los alumnos. Me sentía un poco nervioso, yo era malo cuando se trataba de mostrarme a públicos de esta magnitud.
—Dündar Da Silva Omar—escuchaba por el micrófono
Me levanté de inmediato, estaba cruzando los dedos para no hacer el ridiculo al subir las graderías.
—Recibamos a este joven especialista en criminalista, nos complace haber tenido a un alumno tan destacado como lo ha sido Omar, por el cual le queremos gratificar con la medalla del mejor promedio de la universidad.
Así es, esa noche me estaba graduando con honores, yo había decidido estudiar criminalista, había encontrado mi vocación de años y me apasionaba todo lo referente a investigar hechos.
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Llegamos al jardín principal, estábamos todos reunidos posando para la foto grupal, se escuchaban risas de felicidad.
—¿Están todos listos?—nos decía el fotógrafo—a la cuenta de tres quiero que sonrían y lancen sus birretes al aire: uno, dos, ¡tres!
Flash
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—¿Cuándo podré verte, amigo?—le preguntaba a Cris.
—No lo sé, Omar, pero sé que regresaré en unos años y espero que estemos vivos para ir a la finca de tu abuelo—Cris estrechaba mi mano fuertemente.
Los padres de Cris le había conseguido trabajo en Australia, se iba por muchos años y lo extrañaría sin duda.
Nos dimos un abrazo, nos prometimos que nuestra amistad jamás se acabaría.
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—Omar, tu papá y yo queríamos que pasáramos por el restaurante que queda cerca del parque, ese donde preparan un beef steak con carne argentina. ¿Estás de acuerdo?—sugería mamá.
—Por supuesto que si, más bien creo que mi estómago está haciendo ruidos extraños desde antes—todos carcajeábamos.
