
Amor entre mentiras
Jade F. C. J · Completado · 105.8k Palabras
Introducción
Capítulo 1
INFANCIA
Temporada de otoño
Las madres alistaban a sus pequeños para ir a dejarlos al kínder. en el centro de Brooklyn se encontraba la escuela comunitaria del pueblo, las familias en su mayoría se conocían, era un barrio sano, las personas que vivían eran muy laboriosas. Donde vivía era un lugar llamado El Borough donde los Afroestadounidense representan el mayor grupo de población. Mis padres se llamaban Mert Dündar de padres rusos y mi madre Melina da Silva de origen brasileño. Nuestra casa era un poco pequeña ya que mis padres eran de bajos recursos, por lo que mi madre cada vez que me vestía me decía que me quería ver un hombre formado, para poderle dar la vida justa a mis hijos. Mamá era una mujer muy buena, ella se esforzaba por darme lo mejor. A menudo me recordaba que la mejor herencia que me dejaría sería la educación. En cambio mi padre, no podía decir mucho de él, la mayor parte del tiempo vivía fuera de la ciudad en negocios. Quizás lo miraba unas dos veces al mes y cuando llegaba a casa no le gustaba mucho estar conmigo, siempre la pasaba detrás de su computadora. Por lo qué la mayor parte del tiempo me crié con mi mamá.
—Omar... Omar, ¿Dónde estas? No ensucies tu uniforme recuerda que tenemos que estar a las siete a tu escuela— gritaba mamá desde la alcoba.
Tenía un perro llamado Sparky, era un perro siberiano de color gris y ojos azules, me gustaba correr con él alrededor de casa, era como mi mejor amigo. Aun recuerdo cuando mamá lo llevó desde cachorro.
—Sí, mamá, por acá estoy—le respondía detrás del patio.
—Por favor ven acá, necesito arreglar tu uniforme.
Regresé a la alcoba, creo que ya era hora de marcharme a la escuela.
—Mira cómo estás, Omar, te he dicho que no juegues con Sparky antes de ir a la escuela, siempre termina por ensuciarte, si sigues así tendremos que regalar ese perro.
—¡No! No hagas eso, mamá, prometo no hacerlo más—juntando mis manos en forma de plegaria.
—Ve, trae tu mochila y tu lonchera que están encima de la mesa del comedor.
Mamá era una mujer delgada, le gustaba usar vestidos floreados, por lo general le quedaban a la rodilla, era una mujer de vestimenta sencilla, cabello castaño, de piel morena y estatura media.
En la cochera había un auto Volkswagen escarabajo de color rojo, tenía muchos años y en su pintura se notaba lo desgastado que estaba.
—Por favor abre el portón—pidió mamá—vamos sube, Omar.
Subí al coche. Mamá buscaba uno de sus discos antiguos, le encantaba la música. De hecho ella tenía unas guitarras y un piano acústico en la antesala, en las horas libres teníamos una sesión, ella quería que yo aprendiera a tocar el piano.
Era un día soleado, me sentía contento al ir a la escuela, tenía la mayoría de compañeros ahí. Además me gustaba viajar con mamá y escuchar de su playlist.
—Abróchate el cinturón por favor—mientras ponía un disco.
STAYIN ALIVE—BEE GEES
El viento entraba por todas las ventanas del auto pegándome en mi cara, mamá hacia ritmo con su cabeza mientras cantaba. Tenía la mamá más alegre del planeta, el paisaje era hermoso, no podía ser mejor este día.
—Mamá, ¿Cuándo iremos a la finca de mi abuelo? Dijiste que iríamos un día de estos ¿no?
—Iremos pasado mañana, necesito terminar unos pedidos de otros clientes.
Se me había olvidado... mamá se dedicaba a realizar todo tipo de reposterías, en especial pasteles. Decían que los que ella hacían eran los mejores de Brooklyn, por lo que en la escuela me decían El Pastelero. A mi no me afectaba, yo podía ver el esfuerzo que hacía mamá con sus cosas para sacarme adelante, además también disfrutaba de esos ricos pasteles, me gustaban las empanadas de piña.
—Por favor no incumplas tu palabra, mi abuelo dijo que me llevaría a la colina donde está la cascada montado a caballo.
Mis abuelos maternos tenían una finca a las afuera de la ciudad donde habían toda variedad de animales desde vacas, caballos, ovejas, cerdos. Ellos criaban sus animales para su propia alimentación. En los días que no tenía clase los visitábamos, estaban de edad avanzada, era su único nieto que tenían.
—Tranquilo, sabes que cuando yo prometo algo lo cumplo—guiñaba el ojo izquierdo con esa sonrisa que caracterizaba a Melina Da Silva.
Ese día traía puesto mis zapatos favoritos, eran de color rojo, estaban desgastados, pero había creado un mito sobre ellos que cada vez que me los ponía sucedían la mayoría de deseos que pedía. Quizá por eso siempre le decía a mamá que los reparara cada vez que les sucedía algo.
—Mamá, ¿este fin de semana vendrá papá?
—Eso te quería comunicar, anoche estuve hablando con él y me dijo que se habían retrasado en las reuniones por lo que los socios llegarían días después de lo pensado así que lo más probable es que venga dentro de veinte días.
—Extraño a papá ¿sabes? La última vez que hablábamos me prometió que jugaríamos béisbol y que me traería un guante y una pelota nueva.
—Sé que lo extrañas, Omar, casi no lo vemos, pero las cosas son así. Papá tiene que trabajar duro para que nosotros podamos comer y cubrir con los gastos de la casa y la escuela. Cuando seas mayor comprenderás ciertas cosas, pero no te pongas triste, acá tienes a tu mamá por siempre.
—En el próximo viaje le pediré que deje ese trabajo, quizá acá pueda encontrar otro trabajo
—Tu papá estuvo buscando por meses acá y no encontró, si no ha sido por su amigo que le ayudó a conseguir ese hubiéramos perdido la casa y todos los bienes.
—¿Crees entonces que algún día papá estará conmigo todo el tiempo?
—Lo estará, solo ten paciencia, no todas las cosas que quieres suceden pronto—acariciaba mi cabello.
Yo recibía clases tres veces a la semana, mi aula estaba llena de colores, en ella cantabamos, jugábamos, dibujábamos. Mi profesora decía que yo era el mejor dibujante de sus alumnos. A menudo le decía a mi madre que tenía un hijo talentoso.
—Mira, Omar, creo que ese es el auto de tu amigo Cris.
Cris era uno de mis mejores amigos, él era gracioso, provenía de una familia de sociedad media. Me visitaba algunos días en las semanas, mi mamá se llevaba bien con su madre.
—Sí, ese es—le señalaba.
—¿Cómo sabes?—me preguntó frunciendo el ceño.
—Es por el golpe que tiene en la parte trasera, mamá, ¿ves ese que tiene cerca de la placa?—me levanté un poco para enseñarle.
—Tú sí que eres muy detallista, omar—sonreía.
Llegamos a la escuela, las madres entraban con sus hijos tomados de la mano, cargaban sus mochilas. Yo tomaba la mano de mi madre con mis zapatos de la suerte.
En la entrada estaba una maestra recibiendo a todos los niños ofreciéndole un dulce.
—Gracias—dijo mamá. Te lo guardaré para cuando llegues a casa.
Ella siempre decía que los dulces me ponían hiperactivo por lo qué mejor me los daba en la casa, en donde ella me pudiera controlar. No le gustaba que su hijo diera guerra en otros lugares. Podía ver que cerca de mí habían pasado las gemelas Karla y Krisa Morrison, eran las mas odiadas del aula por hacerle travesuras de mal gusto a todos nosotros, ellas venían de una familia rica, para mi mala suerte escuchaba los rumores que yo le gustaba a una de ellas.
Detrás venía Donald, él se caracterizaba por ser un niño inteligente, todos decían que él quería ser astronauta cuando fuera grande. Siempre hablaba de experimentos que hacía en su casa e incluso confesó que por poco una vez casi incendia su casa, él me caía bien.
Sentí un tirón de mi mochila, era Cris, mi mejor amigo, el compañero fiel de todas mis travesuras, con él hacía todo tipo de cosas. Lo malo es que a menudo se enojaba porque él sí era enamorado de Karla y esta lo vivía ignorando. En el fondo le pedía a mis zapatos que le cumplieran el deseo de que le hiciera caso.
Al fondo del pasillo se podía escuchar los gritos de Michael, era el busca pleitos del aula, su mamá con frecuencia llegaba a la escuela ya que el solo en problemas se metía
—Hola, pastelero, ¿Qué traes en esa lonchera?—trataba de abrirla.
—Ya cálmate, Michael, ¿no te cansas de molestar a los demás?—le recriminaba Jason.
Jason era el mejor amigo de Michael, pero este era más consciente de las cosas que hacía. Era el típico niño que aconsejaba al chico malo, era bueno en canto. Su padre era un guitarrista de una banda famosa por lo que con él me llevaba bastante bien.
A medida que iba caminando con Cris, en busca de nuestra aula, al fondo miraba esa silueta.
Cabello largo, sedoso y negro. Piel clara, medias negras con una falda azul marino, llevaba un lazo rojo intenso en su cabeza y una camisa blanca, era la niña más bonita de la escuela su nombre es Pilar, Pilar Varane. Era sin duda la chica que me gustaba tanto, su padre era un poderoso inversionista, las mayores obras de caridad las hacía en Brooklyn. Afortunadamente, Pilar y yo éramos buenos amigos. Era como un enamorado anónimo, porque sabía que una niña rica jamás se fijaría en un niño pobre como yo, pero que un día cuando estuviera grande se fijaría en mi.
—Hola, Pilar, luces muy bonita. Cris y yo nos preguntábamos si habías quedado en la misma aula que nosotros.
—Hola, Omar. Hola, Cris. El aula que me toco es la de allá—señaló en dirección a la nuestra.
Perfecto, ahora podría ver a Pilar todos los días, sería una oportunidad para mi.
—Esa es el aula donde iremos nosotros también—respondía Cris mientras me codeaba.
—Bueno, allá los veo—sonreía Pilar.
•
—No creerás que tienes oportunidad con ella, ¿o si, Omar,?—me decía Cris de brazos cruzados.
—Creo que eso lo tendré que averiguar conforme el tiempo, Cris. Por el momento me conformo con su amistad y que pueda verla siempre que vengamos acá. Por cierto, ¿te gustaría acompañarme a la finca de mis abuelos? Iré con mamá en estos días y mi abuelo me prometió ir a la cascada a caballo. Dile a tu mamá, no creo que no te deje ir.
—¡Wow! ¿a caballo dices? Seríamos como los vaqueros que vimos en la película la vez pasada en mi casa. Llevaré unas pistolas que me obsequió mamá.
—Yo llevaré el juego de espadas, podríamos ser caballeros también.
—Vamos, niños entren, sus madres ya se fueron y ya empezaremos las clases.
Empezamos a correr hacia él aula mientras nuestras mochilas se movían de un lado a otro.
•
—Buenos días, niños, ¿se encuentran bien?
—Si, profesora—respondíamos en coro.
—Quiero que estén tranquilos, yo seré su profesora, acá nos diviertiremos todos, aprenderemos cosas nuevas y también se desarrollarán en un ambiente en donde puedan descubrir sus capacidades. Construiremos un coro más adelante, acá en la escuela festejamos el aniversario cada año y como número especial todos los niños de cada aula preparan un canto.
Bien, ese sería mi momento de demostrar todas las lecciones que me ha dado mamá con su piano.
—Por lo que veo hay caras nuevas y como primera actividad lo que haremos es presentarnos uno a uno, todos acá somos un equipo y nos tenemos que llevar muy bien. ¿Ok?
Silencio.
—No los escuché ¿estamos de acuerdo?
—Estamos de acuerdo, profesora—una vez más lo decíamos en coro.
—Muy bien empiece el niño que está en la primera fila.
—Me llamo Alejandro.
—El próximo.
—Mi nombre es Raquel.
Pasaron uno a uno los niños diciendo sus nombre, mientras yo me quedaba ido viendo a Pilar, era mi amor platónico. Volvía a ver a mis lados que nadie me viera. Cuando de pronto escuché a la profesora repetir algo.
—Niño, te he hablado muchas veces.
Quede viéndola sin saber a qué se refería. Cris estaba detrás de mi.
—¿A qué se refiere, Cris?—me volteé para preguntarle.
—Ella quiere que te levantes y le digas tu nombre.
—Si, maestra. Lo siento. Mi nombre es Omar Da Silva y vivo en Borough. Me gusta la música.
—Omar, el pastelero—gritaban al fondo.
Volteé inmediatamente y se trataba de Michael, fruncí el ceño, quería ir a golpearlo por ser un tonto. Mordí mis labios y conté hasta diez para no hacer ninguna locura.
—Hay que tener más respeto por su compañerito de clases por favor. Veo que el niño del fondo le gusta jugar mucho. ¿Puedes decirnos tu nombre?
—Me llamo Michael, no tiene nada de malo que le haya dicho así, maestra, se lo dije porque su mamá hace pasteles.
—De igual forma hay que tener respeto hacia sus compañeros, ahora pídele disculpas.
Michael se me acercó, levantó su mano para estrecharla con la mía en forma de disculpas, en el fondo sabía que él lo estaba haciendo para salir del problema con la maestra, pero en el fondo sabía que sería una piedra en mi zapato. Para seguirle el juego también estreché su mano.
—Lo siento, omar, no debí haberte llamado así.
—Te perdono, no te preocupes.
•
—Pero mira como vas de sucio Cris, tu mamá te va a matar.
—No hables, ¿puedes ver tus panatalones?—sonreía mientras me señalaba en la parte de las rodillas.
—Vi cómo quedabas viendo a Karla, parecías un tonto—me le burlaba.
—Tú no te quedas atrás, ¿crees que no vi como estabas babeando por Pilar?—haciendo una mueca tapándose su boca.
—Somos tal para cual—le decía mientras le echaba mi brazo en su hombro.
—Omar—llamaba mi mamá.
—Hola, señora Da Silva
—Hola, Cris, pero ¿donde se metieron ustedes que vienen tan sucios?
—Solo jugábamos a las escondidas, mamá. Tropezamos algunas veces y por eso estamos sucios—ponía mi labio en una sola línea.
—Cris—se acercaba su mamá
—Hola, Melina, al parecer nuestros pequeños tuvieron una mañana muy agitada.
—Mamá, Omar me invitó a ir a la finca de sus abuelos, dice que irá a la cascada montado en caballo. ¿Me puedes dejar ir con ellos?
Mi madre me volvió a ver sorprendida, seguro no se esperaba que yo le había contado a Cris sobre el viaje por lo que inmediatamente aparté mi vista haciéndome el inocente.
—¿Eso es cierto, Omar? —me preguntaba su madre.
—S...si, así es—tartamudeé un poco, sabía que mi mamá la había tomado por sorpresa—¿no es así mamá?
—Sí, si tú quieres puedes dejar ir a Cris con nosotros, lo cuidaremos bien—mamá guiñaba su ojo.
—Te dejaré ir con la condición que te portes bien, yo mismo me encargaré de preguntarle a Melina si te portaste mal, de lo contrario no volver a darte ningún permiso
Cada uno nos dirigimos a los autos, mi madre se había despedido de la mamá de Cris al igual que yo de él, me alegraba que mi mamá había aceptado que él viniera con nosotros.
—¿Estás listo?—preguntaba mamá buscando más de sus discos.
—Sí, mamá. Lo siento por no haberte dicho sobre lo de Cris.
—Pierde cuidado, sé que es tu mejor amigo, de hecho lo mismo te iba a sugerir. Hoy pasaremos comiendo pizza por la avenida principal ¿te parece?—introdujo un disco.
LOW RIDER—WAR
•
Mi nombre es Omar Da Silva, hijo de la mejor pastelera de Brooklyn, el niño de los zapatos rojos mágicos.
Últimos capítulos
#43 Capítulo 43 Invitada
Última actualización: 6/30/2026#42 Capítulo 42 Pasando
Última actualización: 6/30/2026#41 Capítulo 41 Caja
Última actualización: 6/30/2026#40 Capítulo 40 Sorpresa
Última actualización: 6/30/2026#39 Capítulo 39 Deseos
Última actualización: 6/30/2026#38 Capítulo 38 Trágame tierra
Última actualización: 6/30/2026#37 Capítulo 37 Spencer
Última actualización: 6/30/2026#36 Capítulo 36 Caliente
Última actualización: 6/30/2026#35 Capítulo 35 Ruido
Última actualización: 6/30/2026#34 Capítulo 34 Inocente
Última actualización: 6/30/2026
Te podría gustar 😍
Sin Segunda Oportunidad, Despreocupada y Próspera
Mi prometido estaba allí con su amante embarazada envuelta en sus brazos, burlándose de mí. —Sin mí, no eres nada.
Me di la vuelta y llamé a la puerta del hombre más rico de la ciudad. —Sr. Locke, ¿interesado en una alianza matrimonial? Estoy ofreciendo una participación de cien mil millones de dólares—más un futuro imperio empresarial, sin costo alguno.
¡Mate!
Sin embargo, la tranquilidad de su relación se ve quebrantada una noche, cuando Gia lo descubre besando a su mejor amiga en una fiesta. Su loba, en un grito interior, le asegura que él es su mate, pero Gael niega cualquier vínculo más allá de la amistad.
¿Será que Gia está cediendo a la obsesión y fantaseando con su conexión, o realmente está destinada a estar con Gael?
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?
El regreso de la princesa de la mafia
Venganza de la Luna Abandonada
—Bella. —El tono de Ethan cambió, adquiriendo ese filo de advertencia que yo conocía demasiado bien—. Faye está vulnerable en este momento. Está aterrada de que la resientas, de que esto divida a la manada. Lo último que quiere es que este bebé se interponga entre nosotros.
—Entonces no debiste hacerlo. —Sostuve su mirada de frente, dejando que viera el hielo en la mía—. Vuelve con tu hijo.
—Por el amor de Dios. —Se pasó una mano por el cabello—. ¿Cuántas veces…? Fue inseminación artificial. Usaron mi esperma, sí, pero Faye y yo nunca…
Bella soltó un resoplido frío. Qué mentiras tan descaradas. Su compañero había tenido una aventura con la pareja de su hermano, y toda su familia ayudó a echarla sin nada, solo para abrirle paso a la amante y que ocupara el lugar que le correspondía. Pobre idiota… creía que ella era solo una hija adoptiva no deseada, fácil de desechar y controlar. Nunca supo que la genio informática que había estado buscando era su propia Luna.
Como se había manchado a sí mismo, Bella había terminado con él. Lo rechazó y recuperó lo que era suyo, ascendiendo hasta lo más alto con la ayuda de Victor, quien había estado secretamente enamorado de ella durante años.
Cuando Ethan intentó recuperarla:
—No quieres que nuestro hijo crezca sin padre.
Bella sonrió con burla.
—El padre del niño no eres tú.
UNA NOVIA FALSA PARA EL DON DE LA MAFIA
Mi hermana gemela se escapó y me dejó a mí para casarme con Luciano Moretti, un implacable Don de la Mafia. Caminé por el pasillo, temblando, rezando para que no notara el cambio. Pero en el instante en que me besó en el altar, su lengua invadió mi boca, exigente y posesiva, saboreándome como si fuera de su propiedad.
Creí que podría ocultar la verdad. Pero en nuestra noche de bodas salió del baño llevando apenas una toalla, con el agua resbalándole por los abdominales esculpidos y la marcada V que apuntaba hacia su pesada hombría.
Me acorraló contra la cama.
—Hueles diferente, esposita —susurró, y su mano se deslizó por mi muslo, con el pulgar rozando, peligrosamente cerca, mi calor húmedo.
Intenté apartarlo, pero a la mañana siguiente decidió ponerme a prueba. Empujó un plato de bagels con mantequilla de maní hacia mí: comida que me mataría, pero que era la favorita de mi hermana.
—Come —ordenó, y sus ojos bajaron a mi pecho, donde mis pezones se marcaban duros contra la bata de seda—. ¿O quieres que te dé de comer otra cosa?
Su mirada se ensombreció, se desplazó a mis labios, y supe que no estaba hablando de comida. Sabe que soy una impostora. Y va a disfrutar cada segundo de castigarme por ello.
La Compañera Rechazado del Licano
Con dos hombres luchando por ella, todo se complica y se revelan planes malvados y Anaiah descubre su verdadero poder que cambiará el curso de su vida y la convertirá en un objetivo.
¿Sobrevivirá Anaiah a los malvados planes y encontrará la felicidad con el hombre que elija? ¿O se ahogará en la oscuridad sin vuelta atrás?
¡Mírala subir más alto!
La Desesperada Persecución del CEO
Pensé que Seth era mi mundo, pero sus traiciones destrozaron tres años de devoción.
Ya estaba harta. Divorcio, sin mirar atrás. Entonces él se asustó. Comenzó a perseguirme, negándose a dejarme ir.
—¿Qué soy para ti, Seth? No me querías cuando te amaba. Ahora que ya te superé, ¿no me dejas en paz?
Demasiado tarde.
Tómame Una Vez, Te Haré Sangrar Dos Veces
Ella. Una humana. ¿Destinada a estar con un hombre lobo? Eso no podía ser.
Como humana, no hay forma de que escape de esa cosa de la pareja que insisten obstinadamente en que acepte. Es decir… hasta que decide confiar en el vampiro del calabozo de la casa de la manada. Con su ayuda, seguro que ambos podrán escapar de sus destinos como prisioneros de la Manada Luna Azul.
Pecado Adoptivo
Que me aceptaran en una de las universidades más prestigiosas del país es un sueño hecho realidad, sobre todo porque mi hermano adoptivo ya está allí y es la estrella revelación del fútbol americano.
Es todo lo que siempre he querido...
Hasta que todos mis sueños se hacen pedazos.
Mi “hermano” me odia.
No es el mismo chico que salió de nuestra casa camino a la grandeza. No quiere saber nada de mí y me trata peor que a su enemigo.
Hasta que lo veo con una chica.
Y entonces ya no se ve como mi hermano.
Se ve como el atractivo deportista por el que todas las chicas del campus se derriten.
Esto está mal.
No debería mirarlo de esta manera.
Y él no debería tocarme como si estuviera listo para devorarme.
Es mi hermano.
¿O no?
Las líneas se difuminan y los cimientos bajo mis pies se tambalean entre la lujuria y el pecado.
Se susurran secretos sobre piel febril, se comparten besos prohibidos en rincones oscuros.
Pero nunca es suficiente.
Necesito más.
La Última Cláusula del Multimillonario
Tres años de matrimonio terminaron con una línea y una pluma que le temblaba en la mano. No eran los papeles lo que dolía: era la forma en que él ni siquiera se inmutó cuando ella sí lo hizo.
Amelia Hart salió del penthouse de él esa noche sin nada más que una maleta y el corazón hecho pedazos. Se lo había dado todo a Daniel Sterling —su amor, su identidad, su devoción silenciosa—, solo para que la desecharan en el momento en que se volvió inconveniente.
Pero cuando el imperio que él construyó empieza a derrumbarse, cuando el CEO frío que jamás miró atrás de pronto necesita a la mujer que tiró a la basura, regresa con las mismas manos que una vez la soltaron, ahora extendiéndose hacia lo que destruyó.
Solo que esta vez hay una cláusula que él no leyó…












