Capítulo 4 Mejillas

SEDÚCEME

—Buenos días, Tommy, necesito que me ayudes con algo.

—Adelante.

—¿Dónde encuentro una tienda de ropa? pero que no sea tan caro, tú sabes, no ando mucho dinero que digamos.

—Déjame pensar—se tomaba el mentón.

Quería comprarme algo llamativo para mi salida en la noche con Débora, ella siempre se vestía juvenil en cambio yo... debía de cambiar un poco mi estilo.

Tommy anotaba algo en una hoja viendo la computadora.

—Toma, esta es una tienda que está más o menos cerca de acá, suerte con eso—levantaba su pulgar en forma de aprobado.

—Gracias, Tommy—chocábamos los puños.

Salí del hotel, había un sol radiante, achicaba mis ojos porque me daba directo a la cara, llevé mi mano hacia mis ojos haciendo sombra, había un taxi en solo la entrada.

—¿Podrías llevarme a esta dirección?—le di el trozo de papel.

Quedó viéndola por un momento haciendo memoria.

—Listo, vamos súbete.

Íbamos sobre la avenida cerca de la playa, a medida que avanzábamos podía ver el mar y los demás edificios cerca de la orilla de la costa. Habían un grupo de chicos jugando volleyball, muchos yates y motos acuáticas.

El taxi se detuvo un momento para recoger a una señora.

—Hoy está haciendo un calor tremendo—se abanicaba con la mano.

Asentí y sonreí.

Seguíamos en camino, la señora pasó hablando por el celular todo el viaje. El taxista se detuvo y me dio unas indicaciones.

—La dirección queda acá, mira, tomas esta cuadra hasta el fondo, ¿ves aquel rótulo que está en verde? De ahí tomas cuatro cuadra al este y ahí está la tienda, en frente de los artículos de cacería—hacía señas con su mano.

—Gracias—me despedí de él—cuídese señora—la quedé viendo.

Caminé reteniendo lo que el taxista me había dicho, miré el rótulo verde y empecé a continuar con las cuadras que me quedaban. Era extraño caminar por una ciudad que n conocía del todo. Cruzando la calle miré un oso disecado en la acera de una tienda. Perfecto esa debe de ser la tienda de cacería. La tienda que está en frente debe de ser a la que voy.

Crucé la puerta sonando una campanilla al instante. Una mujer delgada estaba en la caja y otras dos estaban atendiendo.

—Bienvenido, ¿en qué podemos ayudarte?—preguntó una acercándoseme.

—Quiero un Outfit para una fiesta, pero soy un poco malo eligiendo esas cosas.

—No te preocupes, te ayudaré a que te veas bien, vamos sígueme.

Pasamos entre los maniquíes, llegando al área de ropa de hombre, habían muchos estantes, perchas y maniquíes portando ropa interior.

—¿Qué colores te gustan?—preguntaba mientras rebatía entre las perchas.

—Mi color preferido es el negro—tomaba una camisa.

—Estás en Miami, acá para una fiesta te vendría bien esta—sacaba una camisa.

Era negra, con flores blancas, botones estilo madera y una bolsa del lado del pecho derecho.

—Ten, prueba este también—dándome un short.

Este también era negro, tenía rasgado en la parte de abajo, en todo el borde. Entré al vestuario y me empecé a desvestir, dentro de este había un espejo delgado pero largo, podía verme totalmente. La verdad no me miraba mal, creo que tendría que adoptar ciertas cosas ahora en mi vida, quizá cambiar un poco de vestimenta no sería mala idea.

Salí del vestuario para escuchar la opinión de la mujer que me andaba ayudando a elegir.

—Oye, pero te ves muy guapo—me miraba de pies a cabeza.

—¿Tú crees?—levanté mis hombros sonriéndole.

—Claro que si, ¿no te viste en el espejo?—ahora solo vayamos por los zapatos..

Llevaba conmigo la camisa y el short. Entramos al área de zapatos, habían unos estantes enormes con muchos zapatos bien ordenados, la mujer se dirigió y tomó un par.

—Toma, estos te quedarán a la perfección—dándome una caja.

Eran blancos, al ponérmelos pude sentir la comodidad. Si mis compañeros de clases me hubieran visto se hubieran sorprendido, yo era un poco anticuado con la vestimenta.

—Todo me ha quedado a la perfección, te agradezco mucho que me hayas ayudado—le dije a la mujer.

—No es nada, ahora solo ve y perfúmate bien para esa chica que conquistarás hoy, tigre—guiñaba su ojo izquierdo.

Me dirigí a caja y era perfecto, porque me había alcanzado el dinero e incluso me sobró un poco. Le debía una a Tommy por haberme mandando acá.

Salí de la tienda y en eso mi estómago hizo un pequeño ruido. Auch, sin duda tengo hambre y se me olvidó comer algo en el hotel. Me habían sobrado treinta dólares, creo que buscaré un lugar de comideria rápida. Empecé a caminar cargando mis bolsas de compras, llegué a una cuadra en donde habían muchos establecimientos de comida rápida, entre ellos había uno de comida mexicana.

—Disculpa, ¿Cuál es su especialidad?—quise saber, porque se sentía muy rico el olor.

—Tenemos tacos al pastor, te los recomiendo mucho, ¿los has probado?—preguntó señalándome la imagen que tenían en la entrada.

—La verdad no, pero si tú dices que son buenos pues los probaré.

Esperé alrededor de unos quince minutos, mientras tanto me tomaba un refresco muy helado, la señora del taxi tenía razón, acá era bastante caliente y hasta yo empezaba a sofocarme. Saqué mi celular, andaba registrada a Débora. Entré al WhatsApp y miré un estado de ella levantándose.

¡Wow! Esta mujer hasta recién despertándose luce hermosa, estaba en pijamas.

Me debatí por un momento si le escribía o no, yo era bien indeciso, más con el tema de las mujeres, pero nada perdía, igual me sentía más valiente si le escribía desde el celular que en persona.

—Buenos días, ¡qué hermosa que luces hoy!—respondiéndole su estado.

Llegó la orden de tacos, puse mi celular en la mesa. Respiré profundo, se sentía muy rico su olor.

—¿Quieres chile?—sugirió la mesera.

Yo era pésimo con el chile

—No, así esta bien, gracias—moviendo mi cabeza en forma de negación.

Las tortillas estaban crujientes, podía sentir el jugo de la carne en mi lengua, tenía un sabor único, jamás había probado la comida mexicana. Sin duda no sería la última vez que comiera esto. Desbloqueé mi celular para ver qué había pasado con el mensaje que le había enviado a Débora.

Dos check en azul

Que vergüenza siento, me dejó en visto y ahora no tengo remedio.

Hasta el hambre se me había quitado, cuando regresé al hotel me dará pena verle a la cara.

Terminé de comerme los tacos, ya me sentía un poco desganado cuando de pronto sonó mi celular, era un mensaje.

—Gracias—acompañado de un sticker de corazón palpitando—recuerda lo de hoy por la noche, no te conteste porque me estaba bañando.

Era ¡Débora! Mi ánimo me había vuelto a la vida, tanto así que ordene otros tacos para llevarle a Tommy.

—Ten, prueba esta delicia, te encantará—le entregaba la bolsa de los tacos a Tommy.

—Pero que delicioso se ve—abría la caja—por cierto la señora Jones te dejó un paquete.

—¿En serio? ¿te dijo algo en especial?—frunci el ceño.

—No, solo me dijo que le diera este paquete al chico brasileño del quinientos doce.

—Está bien, para mientras subiré al apartamento, quiero darme un baño.

Llegué al cuarto ansioso por saber qué tenía ese paquete. Nunca fui bueno por los nudos y esas cosas así que destrocé la caja por completo, di con un material grueso, era una caja más o menos pequeña de cuero, di la vuelta y en el centro de la caja decía:

Rolex.

¡Mierda! Creo que ni con un mes de trabajo podría pagar esto. Se miraba fino, era de color negro mate, me lo coloqué en la muñeca, encajaba perfecto. Giré mi muñeca para probármelo.

Débora, si tenía gustos para vestir. Más debajo de la caja había una pequeña nota:

Para el joven Da Silva, espero lo luzcas hoy.

Creo que hoy sería una noche inolvidable, Débora desde la primera vez que la vi no dejé de pensar en ella.

Pondré un poco de música para hacer calistenia, después de todo yo siempre me ejercitaba.

Cant't Hold Us—Macklemore, Ryan Lewis, Ray Dalton

El sol se ocultaba. Los atardeceres desde el piso donde me encontraba se podían apreciar una una forma inigualable.

La noche caía. Yo ya tenía lista mi ropa encima de la cama, me había afeitado un poco la barba. Cepillaba mis dientes.

Mensaje de mamá:

Espero la estés pasando bien hijo, recuerda que te amamos mucho.

También te amo, mamá, le respondí.

Aunque pasaran los años en mí para mamá, ella siempre me miraba como su hijo de niñez, lo agradecía mucho, no siempre la tendría acá y tenía que disfrutar de su compañía.

Estaba casi vestido, me miraba con un toque elegante y pícaro.

Mensaje de Débora:

—¿Estás listo brasileño?

—Ya casi, solo termino de ponerme mis zapatos ¿vale?

—ok

Terminé de vestirme, me eché perfume en mi cuello, en mis manos para restregarlos en mis brazos. Salí del apartamento, bajé en el ascensor hasta llegar al piso donde estaba Débora.

—Ya estoy acá—le envié mensaje.

La puerta de su apartamento abrió. Vestido gris escarchado ajustado a la piel, una cadena plateada muy brillante, una cartera negra de cuero blando, tacones de plataforma negros, era toda una diosa.

—Qué cambio que traes, Omar—su rostro daba una expresión de sorprendida.

—Tú no te quedas atrás, mírate, eres toda una celebridad—sonreímos.

—Bien, bajemos entonces, iremos por mi coche para luego pasar por donde mi amiga.

Nos adentramos al parqueo del hotel, había un Rolls-Royce azul marino increíble, no sé en qué trabaja Débora, pero definitivamente esta mujer era adinerada.

—¿Entrarás o te quedarás ahí viendo?

Rodeé el auto para llegar al asiento del copiloto. Débora encendió el auto, el poder de su motor se escuchaba, incluso podría haber sentido pequeñas vibraciones en todo el interior del coche.

Buscó en su celular y puso un poco de música para irnos, el sonido estéreo era potente.

Taste—Tyga, Offset

Paseábamos por las calles de la ciudad, me sentía dueño y señor de todas las avenidas, era una sensación diferente, creo que así se sentía la vida de un rico, imaginé.

Entramos a un residencial muy lujoso, había una enorme Casa Blanca, tenía un muro en la entrada, pero se podía apreciar el diseño de la casa. Débora escribía en su celular.

—Mi amiga ya saldrá—viendo su celular.

—claro, no tenemos prisa.

Se abrió el portón de la casa, venía una mujer más o menos de la misma edad de Débora, supongo que eso es así. Tenemos amigos de acuerdo a nuestras edades, por lo que me sentía un niño al lado de ellas.

Era una mujer de estatura baja, cabello castaño, de piel morena, su acento se escuchaba como puertorriqueño.

—Natasha, te presento a Omar. Omar, te presento a Natasha—saludándonos.

—Un placer—saludé, dandole un beso en la mejilla.

—El gusto es mío—respondió—Débora me había comentado acerca de un chico que conoció en el hotel.

Turn Down For What—Dj Snake, Lil Jon

Habían luces por todo el lugar, mujeres bailando en jaulas, en tubos. Autos deportivos se estacionaban, gente adinerada entraban a la discoteca. Había un bartender haciendo trucos con tragos, juraba haber visto fuego de uno de los tragos, muchas chicas solas y acompañadas. Supongo que así era la vida nocturna en una discoteca.

Llegamos a la barra.

—Tres de los más fuertes—le sugirió Débora al bartender.

Yo hacía ritmo con mi cabeza. No podía creer que Omar Da Silva, el chico tímido estaba con dos mujeres en una discoteca.

—Te quedó a la perfección—decía Débora al verme el reloj que me había regalado.

—Sí, no te hubieras preocupado tanto.

—No te preocupes, no es nada—tomándome mi mentón.

Los tragos llegaron, empecé a tomar uno tras otro, mi cuerpo me lo sentía un poco entumecido, lo raro es que los nervios se me fueron quitando poco a poco, quizá de cierta forma los tragos me estaban llenando de valor.

—¿Bailamos?—les pregunté a las dos.

—Pensé que nunca lo dirías—dijo Natasha.

Las pista de baile estaba llena, tanto así que podía chocar con las demás personas que estaban bailando. Mi cabeza daba vuelta, luces que cambiaban de colores con frecuencia me enfocaban. La cara dándome un efecto de locura. Débora estaba frente a mi y detrás estaba Natasha.

Natasha tomó mi cuello dándome un beso apasionado, en su lengua me introducía una especie de pastilla la cual minutos después voló mi cabeza y mis cinco sentidos. Me sentía eufórico, me quité la camisa y comencé a gritar, levanté mi camisa y empecé a hacer círculos en el aire con ella.

Pasamos dejando a Natasha por su casa, se notaba que estaba cansada.

—Espero que nos miremos nuevamente, brasileño—tambaleándose de un lado a otro.

Débora estaba mejor en cuanto al efecto, parece que ya estaba acostumbrada a esta vida.

—¿La has pasado bien?—preguntó acercándose.

—Por supuesto que si, este día jamás lo olvidaré.

Llegamos al piso de Débora, los efectos en mi estaban pasando un poco, pero aún seguía viéndose mover el piso. Nos detuvimos al llegar a su puerta.

—Llegamos a salvo—sonreí.

—Así es, muy a salvo—mirándome fijamente.

—Qué tengas buena noche—me despedía.

—Espera—tomándome la mano

—¿si?

—Ven acá, Omar, quiero decirte algo.

Me giré para acercarme a ella, sentí cómo me tomó fuerte pegándome a su cuerpo.

—¿No te gustaría pasar a mi apartamento?—me susurró al oído deslizando su mano hasta llegar a mi pene, lo estaba masajeando.

Mi corazón palpitaba el triple de lo normal, sentía escalofríos por todo mi cuerpo y a la vez sentía como se endurecía allá abajo. Débora me tomó del brazo con fuerza y cerró su puerta.

Era un apartamento enorme, lleno de muebles finos, muchos cuadros, pero no podía ver bien ya que ella tiraba de mi brazo con rapidez. Entramos a su cuarto, había una cama enorme y un cuadro mediano de ella con otro hombre.

—Espera... ese es tu esposo, Débora.

—Al diablo con el, la mayoría del tiempo pasa hablando de su trabajo y no me atiende—lanzándome a la cama.

—¿Y si el viene?

—Viene dentro de dos días así que desvístete, yo ya salgo—entrando al baño.

Me desvestí rápidamente, me puse una almohada abajo, en el fondo quería, pero tenía pena, era mi primera vez. Sería con una mujer mayor.

La puerta del baño se abrió. Venía con un hilo negro mostrando sus senos, caminaba de manera seductora.

—¿Qué haces con esa almohada tapándote?—la quitó.

—No sé, me la puse por si alguien entraba de pronto.

—Quiero que te abras y cierres tus ojos—me ordenó.

Sentía un cosquilleo desde la planta de los pies subiendo poco a poco. Eran las manos de Débora, hizo una estación en mi entre piernas para morderlas sutilmente, luego sentí su legua lamiendo parte de mis genitales, tragué más grueso de lo normal, tomó mi pene y se lo introdujo en la boca, a la vez me masturbaba. Encogí mis dedos del pie del placer que estaba sintiendo. Débora era tremenda.

—Hoy te comeré, brasileñito—poniéndose encima de mi.

Tomó mi pene y se lo introdujo, dándome sentones fuertes, sus gemidos era cada vez más fuerte. Tomé su trasero, lo apretaba fuerte a medida que ella se movía de forma circular, estaba experimentando una excitación enorme. Sentí que desde el fondo de mi cuerpo explotaría, pero esta vez de deseo.

Débora se puso de rodillas empezando a masturbarme más rápido.

—Vamos, maldito, lléname la cara—abría su boca sacando su lengua.

Cerré mis ojos y empecé a gemir tan fuerte como podía, estaba terminando en su cara. Parte del semen le había caído en las mejillas limpiándose para luego meterse los dedos a la boca. Inmediatamente vino un estado de relajación a mi cuerpo cayendo de espaldas a la cama.

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