Capítulo 6 Despedida
DESPEDIDA
Me desperté con un dolor de cabeza, supongo que a esto era a lo que le llamaban resaca. Yo Sentía mi garganta seca y con ganas de tomar algo helado, me apreté mis sienes de forma circular achicando mis ojos, me sentía desorientado. Noté que en mis costados estaban ciertos moretones, seguro fue Débora con su látigo. Ellas dos estaban dormidas aún, Débora estaba a mi derecha y Natasha a mi izquierda, la sábana cubría la mitad de su cuerpo, exponiendo su trasero con una pierna más arriba que la otra.
Me levanté minuciosamente para no despertarlas, tomé la ropa que tenía en el suelo, había un espejo rectangular en la sala. Cuando me puse la camisa sentía que me ardía la espalda, me la levanté, giré un poco a mi derecha viéndome al espejo, habían marcas grandes de rasguños.
Parece que anoche de tanta excitación no sentía nada.
Me abroché el pantalón, me puse los zapatos para abrir la puerta sin hacer ningún ruido. Hoy era el día en que me tenía que regresar a Brooklyn, ademas el esposo de Débora vendría así que no quería que me descubrieran por si a él se le antojaba venir temprano.
Salí del apartamento viendo a todos lados, una persona que venía con una mesa con ruedas quizá traía instrumentos de limpieza me quedó viendo. Me señaló el cuello sorprendido.
—¿Qué?—levantando mis brazos—¿pasa algo?
El asentía señalando nuevamente mi cuello.
¡Mierdas! Era un chupetón, era notable así me sobé el cuello.
Salí rápidamente a mi apartamento, no quería que alguien más me viera esto. Llegando a mi apartamento fui al espejo del baño, volteé para verme bien el chupeton.
¿Ahora como se supone que me quitaré esto? me pregunté, mientras me restregaba el cuello.
Había un mensaje de mamá. Ella me esperaría en el aeropuerto de Brooklyn.
¡Perfecto! Lo que me faltaba, mamá seguro me notará esto, no quiero que empiece a interrogarme porque pareciera que ella es mejor que yo en eso.
Me tomé un baño, con agua fría. Tenía hecha mis maletas, pero el vuelo salía a eso de las ocho con quince minutos de la noche. Por lo que tenía aún tiempo para hacer ciertas cosas pendientes.
Me afeité completamente la barba, incluso la parte púbica. Tomé una tijera que había en el gavetero y con un peine me comencé a recortar las puntas de mi cabello. Me senté a la orilla, tenía una toalla envuelta de mi cadera hacia abajo. Entré a YouTube para buscar algo para quitarme la marca del chupetón, pero fue en vano, me salían videos sin soluciones, entre tantas búsquedas había un tipo de maquillaje permanente que ayudaría, pero tenía que comprarlo fuera del hotel. Terminé de vestirme, tenía que ir a buscar ese maquillaje.
Bajando el asensor, estaba Tommy a lo lejos.
—¿Qué hay, Omar?—chocando mi puño.
—Todo bien, ¿sabes dónde queda alguna tienda de maquillaje?—pregunté en voz baja.
—Creo que si, pero ¿por qué traes una bufanda en tu cuello, es más? ese color ni combina con tu camisa—señalaba frunciendo el ceño.
Me acerqué más a Tommy, bajé un poco la bufanda enseñándole la marca del chupetón.
—¡Diablos! ¿no me digas que eso te hizo la señora Jones?
—No solo eso amigo, dormí con ella y su amiga ¿puedes creerlo? Por poco y me matan—le hacía de seña en mi cuello.
—Esa mujer sí que está loca, suerte que solo a ti te ha tocado porque mírame a mi, tengo toda mi vida esperando una oportunidad y no me sale nada. ¿Sabías que hoy viene su esposo si?
—Lo sé, ella me lo dijo ayer y unas indicaciones.
—Pues si ella te lo dice hazle caso, ese hombre es capaz de pagarle a unos matones para cortarte los genitales.
—De igual forma hoy me voy a mi ciudad, pero bien, ¿me puedes dar la dirección?
Tommy anotaba en una libreta
—Toma, no creo que no des con ella, te la he especificado muy bien, si quieres puedes irte en mi moto—dándome su llaves.
—¿Qué color es tu moto?
—Roja con franjas negras, no te perderás en la parte trasera tiene pegado mi nombre en letras grande, solo no aceleres mucho, la quiero intacta para cuando regreses—golpeaba mi hombro.
—Gracias, Tommy, eres el mejor—le guiñé un ojo.
La amistad que había hecho con él era buena, me sorprendía más bien que yo estaba prosperando con eso de socializar ya que antes no lo era.
Llegué al parqueo, habían muchas motos con las mismas características que me había descrito Tommy, pero yo solo me iba fijando en la parte trasera si encontraba su nombre hasta que por fin di con ella.
Era una Honda NC750X, era enorme, subí y al momento de arrancar sentí la vibración del motor, era poderosa. Temía a lo que me había recomendado Tommy. El no acelerar mucho.
Salí del hotel, no conocía mucho de direcciones acá, pero a como me las había detallado Tommy hasta el más tonto podría llegar. Había una recta despejada, aceleré más la moto, sentía el desplazamiento inmediato, podría haber jurado ver levantarse un poco la llanta delantera. Creo que debería de invertir en una de estas motos, ni siquiera una bicicleta tenía allá, pero cuando empezara a trabajar ahorraría por una moto. De pronto un semáforo se puso en rojo frenando bruscamente, las llantas empezaron a destilar humo, me sentía como aquellos chicos malos de película.
Media hora después
La tienda de maquillaje estaba en frente de mi, estacioné la moto cerca de un rótulo.
—Buenos días—saludé al entrar.
—¿En que le podemos ayudar, joven? —me recibió una chica.
—Ando buscando un maquillaje permanente como este—le mostré la foto en mi celular.
—Claro que tenemos, ¿Qué color lo buscas?—mostrándome muchos colores.
Yo en realidad no sabía mucho de eso.
—Lo quiero del color de mi piel.
Empezó a rebatir entre los colores comprobándolos en mi brazo.
—Creo que este está perfecto—embarrando un poco.
—Ni siquiera se nota—le sonreí contento, sabía que era mi solución a mi problema.
•
La pista una vez más era mía, esta vez sí aceleré más de cómo lo había hecho de venida, quería un poco de adrenalina y sí que la obtuve. El camino se me hacia más corto a medida que iba acelerando, los objetos que estaban a mi alrededor apenas los podía distinguir.
SICKO MODE—TRAVIS SCOTT
Estacioné la moto para adentrarme al hotel, necesitaba ir a comprobar lo del maquillaje.
—¡Qué rápido regresaste! No seguiste mi consejo ¿verdad?—decía Tommy al momento de tomar.
—No te preocupes, lo importante es que te la traje intacta.
por cierto, ¿adivina quien vino ya?—lo decía en voz baja medio tapándose la boca.
—¿Quién?—me acerqué.
—El señor Jones, así que dile adiós a tu querida Débora—se burlaba.
—Yo no siento nada por ella, solo fue por el momento, no es mi tipo, pero me sirvió de experiencia para ciertas cosas. Te dejo, tengo que hacer unas cosas y terminar de hacer las maletas.
Subí al apartamento, tenía la curiosidad de que si ese bendito maquillaje serviría o no, el andar con esta bufanda me estaba dando mucho calor. Me acerqué al espejo untando un poco en mi cuello y para suerte es como si no andaba nada. Tenía un poco de hambre, pero también se me vino a la mente un recuerdo vago de Débora. ¿Qué podría estar haciendo? Creo que estar con una persona por dinero y no por amor se debe de sentir un vacío enorme, más con el hecho de acostarme con alguien que no me genere placer sería frustrante. Al menos me siento bien a como soy, quizás no soy un tipo rico, pero soy feliz con lo poco que tengo.
Me acerqué a la ventana, de ahí tenía una vista hacia la ciudad, en el fondo extrañaba mi casa, mi gente, las cosas sencillas que me hacían feliz. Estando acá pude darme cuenta que las fiestas o el sexo pueden darme felicidad por así decirlo, pero esta felicidad era momentánea, cuando llega el momento de estar solo es cuando reflexiono que no me llenó, pero de algo puedo estar muy seguro. No me arrepiento de las cosas que he hecho acá.
Busqué mi celular, entré al menú. Me acordé de Lucia. Le había prometido verme con ella antes de irme, era joven y no se miraba mala persona, ya me faltaba poco tiempo para irme con lo cual algo de acción no sería mala idea.
—¿Qué harás hoy por la tarde?—envié el primer mensaje.
—¿Quién eres?
—Soy Omar, el chico con quien comiste Hamburguesa.
—¡Oh! Lo siento, lo había olvidado, es que como conozco a varios Omar.
—Me preguntaba si ¿te gustaría salir hoy? por la noche es mi vuelo.
—Sería buena idea, déjame termino de hacer unas cosas, para luego vestirme y nos vemos ¿vale?
—Está bien, toma tu tiempo.
Dos horas después
—Ya estoy lista, ¿Dónde te veo?
—¿Aún sabes cómo llegar al hotel donde me hospedo?
—¿Quieres que pase por ti?
—Si no es mucha molestia sería bueno.
•
—Y bien, ¿Dónde iremos, Omar?—acomodaba el retrovisor de su auto.
—Hay un buen restaurante que vi en una página, tiene buenas reseñas—enseñándole en mi celular..
•
El restaurante era de estructura rústica, había un parqueo vistoso con árboles pequeños, parece que el fuerte de ellos era la pasta, pero había notado algo extraño, había un auto parecido al de Débora también en el lugar, no podía echarme atrás, si era ella no importaba, pero no saldría del lugar solo por ella.
—¿Pasa algo?—preguntó Lucia viendo a la misma dirección que yo.
—No, todo esta bien—asentí.
—¿Es el auto? ¿te gustaría tener uno igual?—me interrogó.
—Mejor entremos ¿te parece?
Habían mesas por todo el lugar, lo primero que hice era ver si Débora no estaba acá o si tan solo era un auto similar al de ella, no podía ver nada. Lucia tomó de mi mano atrayéndome hacia una mesa que estaba en un extremo. Me senté junto a ella, pero seguía buscando a Débora.
—Pues déjame decirte que casi no he probado las pastas, yo soy más de la comida chatarra—sonreía Lucia.
—Yo como de todo—carcajeé.
Respiré profundo porque al parecer no estaba Débora. El mesero llegó mostrándonos el menú eligiendo platos similares.
—Además de esto, ¿desea algo más señor?—me decía el mesero.
—Ah, una botella de vino por favor—le ordené yéndose del lugar.
Saliendo del baño miré una silueta que ya conocía dirigiéndose hacia donde estaba, era Débora, caminaba con elegancia. Mordí mis labios, pero esta vez no de deseo sino de preocupación, recuerdo sus palabras cuando me dijo que me consideraba solo de ella, no quería un escándalo con Lucia, moriría de pena si eso pasara.
Pasando a un lado de nosotros puse mi mirada fija hacia lo lejos tratando de ignorarla, ella me miró de reojo, lo pude notar.
Me levanté
—Iré al baño, no tardo.
—Está bien, creo que ya vendrán nuestras órdenes.
Estuve frente al espejo, tomé un poco de agua para mojar mi cara. Por un momento me quedé viendo y empecé a hacerme preguntas en voz alta. Siempre hacía eso para tranquilizarme. Salió un sujeto del baño mirándome asustado, no lo culpo seguro escucho todo lo que dije y creyó que estaba loco. Tanto así que no quiso lavarse las manos.
Al momento de salir del baño miré hacia el fondo, ahí estaba Débora y su querido esposo, él era una persona de más edad que ella. No me sorprendería, sabía que una mujer como ella si andaba con alguien mayor debía de ser por dinero. Me acerqué hacia nuestra mesa dándole mi última mirada, ambos hicimos conexión, era una chispa que se encendía poco a poco. No entendía por qué me producía eso. Quizá porque con ella fue mi primera vez, pero en frente también tenía a Lucia, era joven.
—Vamos reacciona, Omar—me dije a mi mismo.
Los platos estaban servidos. Empecé a hablar con Lucia, estábamos conociéndonos un poco más, hablábamos de nuestra infancia, de nuestra familia, colores favoritos, música preferida. Mientras comíamos coqueteábamos con nuestras miradas, el haber estudiado criminalista me había ayudado para descifrar el lenguaje corporal de las personas, podía interpretar que le gustaba mucho a Lucia. Luego de habernos tomado unas copa de vino me acerqué lentamente a ella y la besé apasionadamente. Ella tomó mi cuello para pegarme más, en ese momento no me importó hacerlo públicamente, la estaba pasando bien con ella y eso era lo que importaba.
Débora salió con su esposo pasándonos a un lado, derramando la copa de vino en la ropa de Lucia.
—Lo siento, fue un accidente—tratando de limpiarla con una toalla que cargaba.
—No se preocupe señora, los accidentes pasan, ademas solo es vino en la ropa.
Quedé viendo a Débora, sabía que era un intento de demostrar sus celos, ella me quedó viendo con una mirada penetrante, podía ver en ella enojo.
Tomé del brazo a Lucia para salir de ahí, no quería que eso se pusiera caliente, sabía de lo que era capaz una mujer con celos. Además recordé las palabras de Tommy con lo del señor Jones si se daba cuenta que yo era amante de su mujer.
•
—¿Hacia donde vamos?—preguntó impaciente.
—Vamos al hotel, recuerda que me tengo que ir y creo que ya se me está haciendo tarde.
Aceleró aún más.
Corri a la habitación, tomé mis maletas con desesperación. Abajo estaba Tommy.
—¿Te vas?
—Sí, Tommy, me voy pero déjame decirte que eres uno de mis mejores amigos, espero verte pronto—dándole un abrazo.
—Cuídate, Omar, prometo llegar pronto a Brooklyn—palmeando mi espalda—por cierto, deja de andar con señoras casadas—carcajeaba.
—Tu nunca cambias—salía del hotel.
•
—¿Puedes abrir la cajuela?
—Sí, claro, monta tus maletas.
—¿Cómo vamos con el tiempo?
—Son las siete y cuarenta.
—Perfecto, creo que no dejo nada.
Íbamos en la pista que llevaba hacia el aeropuerto, Lucia frenó.
—¿Qué pasa? Se nos hará más tarde.
—Necesito que tú conduzcas por favor.
—Bueno, ven—pasándonos de asientos.
Iba conduciendo por la autopista, el vuelo estaba próximo a salir, Lucía venía a mi lado cuando pasó su mano en mí entre pierna, creí que todo estaba bien hasta que metió su mano en mi pantalón, masajeaba mi pene una y otra vez como si fuese que amasaba pan.
—¿Qué quieres hacer?—pregunté, mientras conducía.
—Tú solo mira hacia el frente—seguía manoseándome.
Me desabrochó el pantalón y empezó a hacerme sexo oral, me daba pequeños mordiscos en mis genitales, sentía muy bien, pero también me distraía un poco sintiendo el placer. El hecho de conducir mientras ella lamía mi pene me resultaba una experiencia excitante, empezó a masturbarme poniendo su lengua en mi glande.
—Espe... espera un momento—estaba eyaculando.
Frené de manera brusca, el placer era tan grade que por poco y perdía el control.
—Sí que te gusta el peligro, Lucía.
—Qué lástima que ya te vas—se limpiaba la cara.
Estábamos estacionados frente a la puerta principal del aeropuerto, ella se encontraba recostada a su coche y yo a unos dos metros frente a ella con mis maletas.
—¿Me extrañarás?—preguntaba enrollándose un mechón en su dedo.
—Por supuesto que lo haré— la abracé—espero que me visites a como lo habías dicho.
Estrelazamos nuestros dedos meñiques en forma de promesa.
—El vuelo quince con destino a Borough, Brooklyn sale en cinco minutos.
—Bueno, fue un placer haberte conocido, Lucía, cuídate mucho que tenemos algo pendiente qué hacer—la besé.
Tomé mis maletas buscando el avión, volteé a ver atrás, dejaba a Lucía y a la ciudad de Miami, estos días acá fueron días inolvidables.
