Capítulo 4 Tres minutos en el despacho

Tres minutos en el despacho

El vestido negro no tenía encaje, pero tampoco tenía misericordia.

Me lo puse con las manos rígidas, dándole la espalda al espejo de pie para no ver en qué me había convertido. La tela mate se adhería a mi cuerpo como una segunda piel, cortada varios centímetros por enc...

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