Capítulo 3 Capitulo 3
Michelle
Los días pasaron rápido y ya me encontraba en mi puesto de trabajo, recibiendo los saludos de todos mis compañeros.
—Bienvenida —me dice Laura, la mejor amiga de mi pareja. Esta chica me molesta; es muy entrometida y siempre quiere opinar en la relación que llevo con mi esposo.
—Gracias —respondo y finjo una sonrisa corta.
—Hemos estado apoyando mucho a Jean. Se sentía muy solo y triste... No sabía que le encantaba el chocolate caliente con sabor a vainilla.
—Sí, es el chocolate favorito de mi esposo —le respondo con duda, ya que en la cafetería no preparan chocolate.
—¿Esposo? Aún no están casados. Bueno, ya sé que se van a casar en cuatro meses, pero descubrí que es su chocolate favorito el día que estuvo en mi casa y se acostó en mi sillón a ver Stranger Things.
—¿Fue a tu casa? —una parte de mi corazón no quería creerle. Antes ella me decía cosas y, al momento de encararla, me trataba de loca; además, Jean siempre dice que no la soporto y por eso la quiero hacer quedar mal.
—¡Ups! Si tu "esposo" no te lo dijo, yo no seré la indicada para decírtelo.
Se dio la vuelta y se fue, dejándome con la duda y la rabia. No podía creerlo; era imposible que Jean hubiera estado en ese lugar. Quería correr a encararlo, pero no quería que me llamara loca una vez más; sin embargo, no pude aguantarlo y fui a buscarlo. Vi a su mejor amigo, Manuel, quien me dijo que lo vio en el segundo piso, en las últimas oficinas. Llegué casi corriendo a su espacio de trabajo cuando una voz me hizo detenerme en seco:
—Te dije que no te metas más con Michelle.
—Ella tiene que saber la verdad de esto, Jean. Esa chica está mal.
—No sabes que escuchar conversaciones ajenas está mal, amiga —la voz de mi mejor amiga, María, mi hizo saltar del susto.
—¡Shh! Laura le está diciendo a Jean que yo debo saber la verdad —por mi mente pasaba lo peor; no quería saber si él me era infiel con esa estúpida.
—Michelle no debía enterarse. Ella está pasando por algo doloroso en este momento.
—Díselo, Jean.
No aguanté más y salí de aquel lugar a confrontarlos:
—¿Decirme qué, Jean? ¿Qué me estás ocultando? —la cara de Jean me decía que todo estaba mal; mis ojos empezaron a arder.
—No habrá boda, porque Jean y yo estamos saliendo desde hace un año —la voz de Laura me golpeó de frente. Su confesión había dolido más que cualquier golpe físico.
—Michelle, déjame explicarte. Las cosas no son lo que parecen, las cosas no son así.
—Esto es una broma de mal gusto, Jean —no puedo creer que esto sea de verdad.
—Hablemos en privado, por favor. Ya sabes cómo es Laura.
Salí del lugar dirigiéndome a la zona de los baños, allá casi nadie va.
—Explícame qué fue esa mierda —la ira se hizo presente y mi cara comenzó a arder de la rabia.
—Laura solo quiere fastidiar. Me contó lo del chocolate, y el día del chocolate fue en casa de Manuel, mi mejor amigo. Fue dos días después de que saliste del hospital; yo estaba destrozado y él me invitó a su casa. Tomamos chocolate y él me aconsejó; solo estábamos la madre de Manuel, él y yo, te lo juro. A Laura le molesta que digas que soy tu esposo, solo te quiere fastidiar, lo prometo.
—No me gusta que ella diga esas cosas. Déjaselo claro o toma distancia, ya no la soporto —digo más tranquila. Es verdad, Jean no me engañaría con Laura; ella es muy diferente al tipo de mujeres que le gustan a él.
—Sí, cielo, se lo diré. Ya tengo que volver. Nos vemos en casa; hoy tengo una reunión. O ve a pasear con María, tómate tu tiempo —besa mi frente y se va casi corriendo de aquella zona.
Algo en mí no cree que sea verdad lo que él me dice, pero me ha demostrado muchas veces que Laura es de lo peor como persona. Al regresar a mi lugar de trabajo, mi mejor amiga me esperaba de pie frente a mi escritorio.
—¿Y? ¿Ella es la chica buena y tú la malvada bruja?
—Laura solo quiere fastidiar, ya sabes cómo es ella —no quería que nada más, ni siquiera mi amiga, me atormentara con que Laura es una trepadora quitamaridos.
—¿Recuerdas a Sofía, a quien le quitó el marido después de cuatro años de relación? Sí, Laura, la chica que tu maridito defiende. Abre los ojos, chica, que te van a bajar al marido.
—¡No tires cizaña, que a Jean no le gusta ella! Ya no quiero que nada más dañe mi día, por Dios.
Mi amiga se va sin decirme nada y creo que he sido muy cruel al gritárselo en la cara. El día de trabajo pasó muy rápido. A la hora de la salida, fui hasta el escritorio de mi amiga a pedirle disculpas; no podía simplemente gritarle porque otra persona dañó mi día.
—¿Qué quieres? ¿Ya estás más calmada o crees que soy yo la cizañera aún?
—Discúlpame, por favor. Solo estoy un poco estresada. El tema de Laura me está volviendo loca y solo quiero apoyo —me acerco y la abrazo. María es como mi segunda hermana; la quiero mucho aunque a veces sea un poco ruda.
—Solo no te descuides mucho. Ella no me da buena espina; es muy lista para conseguir novios nuevos, o enamorar maridos ajenos, o casi novios... como me hizo a mí.
El día en que Laura presentó al enamorado de María como su novio oficial fue toda una guerra en esta oficina. Ya casi todas las personas sabían que María estaba saliendo con Julián, hasta que llegó Laura a esta zona y le bajó al enamorado. Por eso, nadie quiere dejar siquiera que un amigo se acerque a esa bandida.
