Capítulo 5 Capítulo 5
Michelle.
La inauguración fue grandiosa. Había demasiados platillos, gente cantando, riendo, y yo me sentía más que bien. Siento que pertenezco aquí; la gente me hablaba como si me conociera, me sentía feliz y quisiera que este sueño no se acabara. La música sonaba tan fuerte que mi cuerpo solo quería bailar. Me levanté y tomé de la mano a mi mejor amiga.
—Ven, baila conmigo —la música de Michael Jackson sonaba y yo solo bailaba.
—¿Te diviertes, Michelle?
—Tenía mucho tiempo en el que no sentía qué era divertirme, qué era reír, saltar y cantar.
La gente saltaba y tratábamos de imitar la coreografía, hasta que aquella bebida aterrizó en mi pecho.
—Lo siento, no fue mi intención.
Aquel chico de ojos cafés que vi hace un rato ahora me estaba hablando. Todo a mi alrededor desapareció, solo éramos él y yo, y sus bellos ojos cada vez más mi hipnotizaban.
—¿Estás bien?—Su voz es tan dulce.
—Sí, estoy bien, no te preocupes —me perdí en sus ojos, en esa sonrisa. Él me miraba y sentía que mi mundo se detenía; mi corazón latía tan rápido que sentía que se saldría de mi pecho en cualquier momento.
—Estás empapada. En el segundo piso hay un baño, puedes usar mi chaqueta.
—Sí —no sé si son los tragos que ya tengo en mi cuerpo, pero no siento miedo de que me vuelvan a fallar; siento que con él todo será diferente.
—Es aquí. Yo te espero acá afuera, ¿vale?
Ingreso y cierro la puerta tras de mí, y solo pienso si es lo correcto. Quiero arriesgarme, quiero besarlo, pero en el fondo de mi corazón hay miedo. Aún no supero lo de Jean y no quisiera dañar un corazón tan puro y lindo como el de este chico. Me apresuro a cambiarme de ropa y salgo del baño.
—Te queda muy linda.
—Gracias —siento cómo mis mejillas se comienzan a sonrojar.
—¿Viniste sola?
—No, estoy con mi mejor amiga —comenzamos a caminar hacia el balcón que estaba vacío; solo había dos pequeños sillones y una mesita en el centro.
—¿Eres de por aquí?
—Soy nacida en Alemania, solo que llevo cinco años aquí en Nueva York. ¿And tú eres de aquí? —me siento tan bien hablando con él.
—Qué curioso, yo nací en Colombia pero desde mis ocho años vivo aquí. ¿Quieres sentarte aquí o vas a volver con tu amiga?
Su mirada me enamora. Siento un hormigueo cada vez que me mira, y con esa sonrisa tan perfecta, ahora sí creo en el amor a primera vista.
—Sí, podemos seguir conversando. Al igual no conozco a nadie y mi amiga sí, así que ella no estará sola —le respondo mientras tomo asiento en uno de los sillones cafés.
—¿Qué te gustaría tomar? Aquí preparan unos cócteles deliciosos.
—Sí, no hay problema, un cóctel suena delicioso —por primera vez siento que tengo una cita con un hombre que no me pregunta cuánto dinero gasto, o que me reclama porque ayudo económicamente a mi familia, o me dice que yo no merezco el dinero porque mi trabajo no vale. Esta vez todo es diferente y es verdad que no todos son iguales, hay caballeros. Aquel chico, del que aún no sabía cómo se llamaba, hizo una llamada y un camarero trajo los cócteles y unos pasabocas.
—Ten, prueba esta delicia. Es jugo de naranja con vodka y unas frutas dulces picadas; es delicioso, yo lo llamo «la gloria».
—Sabe rico —aquel cóctel sí que es la gloria, está delicioso. Tiene más sabor a jugo de naranja que a vodka. Al momento de tomar un trozo de manzana, sabía entre dulce y picoso, pero está delicioso.
—Te lo dije, preciosa, esta es la gloria —abro los ojos de par en par. ¡Me llamó preciosa!—. Lo siento, no quería ser grosero ni mucho menos confianzudo, me ganó el atrevimiento, discúlpame.
Sus mejillas se tornan de un rosado que se ve tan tierno.
—No te preocupes, solo llevaba mucho tiempo en el que no oía ningún cumplido —confieso un poco avergonzada.
—Aquel hombre que no note a una chica tan preciosa como tú, es sin duda un idiota que no vale la pena.
—Así me sucedió. Años con un hombre al que yo sí quería, y él me engañó con la chica que yo le decía que no me caía muy bien. Esa chica es una perra —la rabia al recordar esto se hace presente y, de un sorbo, tomo casi acabando mi bebida.
—A mí mi pasó igual. Hasta me iba a casar y el día en que le iba a pedir matrimonio la encontré en mi cama con mi socio. Lo único que hice fue irme.
—Imposible. Eres muy guapo y, aparte, se ve que eres muy atento en la relación, ¿cómo pudo hacer eso? —me siento en shock. Es imposible que alguien le haga eso a un hombre tan sexi como él.
—La vida da many sorpresas, y hay personas que le hacen el mal a la gente equivocada.
Las horas pasaron y ya sabíamos mutuamente de nuestros gustos. Compaginamos en muchos gustos musicales, también nos gustan los tatuajes, nos encantan los perros pero tenemos gatos. La noche pasaba y cada vez más se llenaba la mesita con las copas vacías de los cócteles. Sonó una canción y él me invitó a bailar.
—You found me, preciosa. Lo siento, he perdido tantas veces que en esta ocasión no quiero perder.
Me besó.
El beso fue suave pero rápido, donde yo lo tomé por el cabello y él apretaba mi cintura. Comenzamos a caminar hasta llegar a una habitación. Cerró la puerta contra mi espalda y mis manos ya le estaban quitando la camisa. De un tirón sacó por encima de mi cabeza la chaqueta que me había dado anteriormente. Empezamos a besarnos y él tocaba mi cuerpo; me estaba volviendo loca. Empezó a besar mi cuello, haciéndome estremecer con suaves mordidas.
