Capítulo 30 Los nombres que ya no existen

La cabaña olía a madera reseca, a polvo y a bosque cerrado. No había electricidad en todas las habitaciones, solo un generador pequeño que Owen encendió lo justo para tener luz en la cocina y en el dormitorio. El resto se dejó en penumbra. Afuera, los árboles formaban un muro oscuro que tragaba cual...

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