Capítulo 31 Los días que robamos al diablo

Los primeros días en la cabaña tuvieron el sabor engañoso de la paz.

No había timbres. No había miradas ajenas. No había sotanas ni arciprestes ni rejas de iglesia. Solo el bosque cerrado, el generador que tosía cada vez que lo encendían y el silencio denso que se filtraba por las ranuras de las ve...

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