Capítulo 34 El silencio que aprendimos a habitar

Los primeros días en la casa de piedra no se midieron en horas. Se midieron en respiraciones compartidas, en el sonido del generador al encenderse y apagarse, en la forma en que el sol entraba torcido por las ventanas altas y dejaba rectángulos de luz pálida sobre el suelo de madera irregular.

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