Capítulo 35 Los días que no tienen nombre

El tiempo dentro de la casa de piedra se volvió elástico.

No había relojes que marcaran la urgencia de una misa ni el sonido de un teléfono parroquial. Solo el generador, el viento y el ritmo que ellos mismos se imponían. Owen se levantaba antes del alba, revisaba el perímetro con la misma precisió...

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