Capítulo 48 La deuda que se cobra al amanecer

El tercer día en el depósito de piedra se arrastró como una herida abierta.

Erika no apagó del todo la linterna cubierta. La dejó en el suelo, apuntando hacia la pared, lo justo para no tropezar y lo bastante débil para no filtrarse por ninguna rendija. Comió solo porque el cuerpo se lo exigió. Beb...

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