Capítulo 50 El lago que no pide perdón

Los días junto al lago se midieron en respiraciones profundas y en la ausencia de faros en el retrovisor.

La cabaña olía a madera húmeda, a café y a ellos. Por las mañanas el vapor se levantaba del agua fría y se enredaba entre los pinos. Por las noches el silencio era tan denso que a veces Erika s...

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