Capítulo 61 El contrato que no borraba la sangre

El cuarto mes empezó sin anuncios.

No hubo faros en el retrovisor. No hubo golpes en la puerta. No hubo hombres de miradas demasiado largas en la tienda del pueblo. Solo el viento entre los cerros, el crujido de la madera de la casa y el ritmo que dos personas habían aprendido a imponerle a un sile...

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