Capítulo 2 El Trato.
Ricardo no levantó la voz. No hizo falta. Le bastó con deslizar el documento sobre la mesa con una precisión casi quirúrgica, deteniéndolo justo frente a Alessia, como si supiera exactamente en qué punto debía caer para no parecer una imposición… aunque lo fuera.
—Vamos a ser directos.
Alessia no lo tocó de inmediato. Sus ojos recorrieron primero el borde del contrato, luego subieron hasta el rostro de Ricardo, intentando encontrar algo que no fuera cálculo en su expresión. No lo encontró.
—La prensa ya cree que ustedes dos están saliendo —continuó él, entrelazando los dedos con calma—. Y si intentamos negarlo ahora, lo único que lograremos será alimentar más rumores.
Alessia exhaló suavemente, como si necesitara tiempo antes de responder.
—¿Y qué quieren exactamente?
Ricardo no titubeó.
—Que conviertas el rumor en realidad.
La frase no fue agresiva, pero cayó con peso. Alessia soltó una risa breve, incrédula, negando apenas con la cabeza.
—¿Perdón?
—Una relación pública —intervino Adrián, sin elevar el tono, pero con una calma que no parecía improvisada.
Ella giró hacia él. Y fue ahí donde lo notó. No estaba incómodo. No estaba sorprendido. Estaba… preparado.
—Un contrato de seis meses —añadió Ricardo, como si cerrara una idea ya discutida.
Nicolás deslizó la tablet frente a ella. La pantalla se encendió con gráficos, fechas y proyecciones que no dejaban espacio para improvisaciones. Alessia observó todo unos segundos, sintiendo cómo algo en su interior se tensaba.
—Apariciones públicas —continuó Ricardo—. Eventos, galas, entrevistas cuidadosamente seleccionadas.
Alessia levantó la vista.
—Esto es una locura.
Ricardo negó suavemente, inclinándose apenas hacia adelante.
—No. Es estrategia.
El silencio que siguió no fue rechazo inmediato, sino asimilación.
—Y los beneficios para ti son importantes —añadió—. No estás perdiendo en esto.
Nicolás tomó la palabra con precisión.
—Visibilidad en la industria. Nuevos contratos. Patrocinios.
Alessia desvió la mirada hacia la pantalla, aunque no parecía verla realmente.
—Incluso podríamos desarrollar tu propia línea de maquillaje —continuó Ricardo, observándola con atención.
Eso bastó para que reaccionara; no mucho, pero sí lo suficiente para responder con una claridad que no dejó espacio a dudas:
—Tengo novio.
Ricardo no mostró sorpresa. Solo movió otro documento hacia ella con la misma calma.
—Lo sabemos.
El gesto de Alessia cambió. Frunció el ceño mientras tomaba las hojas, y sus ojos comenzaron a moverse más rápido conforme avanzaba entre nombres, fechas y firmas… hasta detenerse.
El nombre se detuvo en seco en su mente: Marcos Beltrán, un puesto gerencial en Monterrey. La información se acomodó en su mente demasiado rápido, haciendo que su respiración se volviera más corta.
—¿Qué es esto?
Ricardo se recargó en la silla, completamente dueño de la situación.
—Una oportunidad.
Alessia levantó la mirada, incrédula.
—Ustedes hicieron esto.
—Nosotros aceleramos un proceso que ya existía —corrigió él—. Nada más.
No había culpa en su voz, solo control, y el silencio que siguió cayó entre ellos con un peso difícil de ignorar se volvió más pesado… hasta que Adrián habló.
—No te pedimos que lo engañes.
Alessia giró hacia él.
—Te pedimos que elijas —continuó, sosteniéndole la mirada—. Y ahora… la distancia ya está haciendo parte del trabajo.
No había dureza en sus palabras, pero tampoco consuelo. Era lógica. Fría. Eficiente. Y eso era lo que más incomodaba.
Alessia lo observó un segundo más. Porque en su expresión no había indiferencia… había reconocimiento. Como si él ya hubiera estado ahí.
—Firmas —intervino Ricardo, empujando el contrato ligeramente— y tu carrera despega. Tu exnovio empieza una nueva vida. Tu familia no se ve afectada.
Hizo una pausa.
—No firmas… y los rumores seguirán creciendo. Pero sin control. Sin beneficio para ti.
Alessia bajó la mirada hacia el contrato. Ya no lo veía como papel. Lo veía como una salida. La única.
Y eso era lo que más le molestaba.
El silencio se extendió. Nadie habló. Nadie interrumpió. Porque todos sabían que la decisión ya estaba tomada… solo faltaba que ella la aceptara.
Cuando levantó la mirada, algo había cambiado.
—Solo visito a mi familia los domingos.
Ricardo parpadeó apenas.
—Y eso no va a cambiar —continuó Alessia—. Él no irá conmigo.
Adrián la observó con más atención, inclinándose ligeramente hacia adelante.
—¿Esa es tu condición?
—Sí.
Luego añadió, con firmeza tranquila:
—Mi trabajo puede volverse público. Mi imagen también. Pero mi familia no forma parte de esto.
Ricardo intercambió una breve mirada con Nicolás.
—Está contemplado —respondió finalmente—. Cláusula de privacidad.
Alessia asintió apenas, como si con ese gesto intentara cerrar algo que aún no terminaba de acomodarse dentro de ella. Adrián no apartó la mirada; la sostuvo un segundo más, atento a la firmeza con la que había hablado, a los límites que había marcado sin dudar. Había distancia, sí… pero también una decisión. Porque, aun así, estaba ahí, acercándose a un mundo que no le pertenecía. Al suyo.
Tomó la pluma. El silencio se volvió más denso, más definitivo. Firmó sin dramatismo, pero con consecuencias.
Alzó la vista hacia Adrián, sosteniéndole la mirada con una claridad que no dejaba espacio a dudas.
—Mi familia queda fuera.
—Así será —respondió él sin titubear.
—Y no irás conmigo.
—No lo haré.
No hubo negociación ni resistencia. El acuerdo se instaló entre ellos con una facilidad casi inquietante. En ese momento, el teléfono vibró en su mano.
—Debo contestar —añadió, apartándose unos pasos.
Nicolás observó entonces algo que no le gustó. Adrián seguía mirándola, pero no como antes. No como parte de una estrategia. Había algo más. Más atención. Más interés.
Y eso… no estaba en el plan. Aun así, cuando Alessia regresó, lo hizo más centrada, como si ya hubiera decidido qué partes de sí misma podía sostener ahí dentro.
—¿Eso es todo? Tengo que trabajar.
Ricardo sonrió apenas, como si ya hubiera anticipado esa reacción.
—Casi.
Sacó una última carpeta con calma, dejándola sobre la mesa sin prisa.
—Tu primera aparición pública será en cuatro días.
Alessia parpadeó, sorprendida por la rapidez.
—¿Tan pronto?
Ricardo inclinó ligeramente la cabeza, midiendo el momento antes de responder.
—La prensa ya está hablando —hizo una pausa breve—, y nosotros no seguimos la narrativa… la controlamos.
