Capítulo 3 Sin vuelta atrás.

—Será en una galería de arte —añadió Nicolás, mientras deslizaba una carpeta sobre la mesa con la naturalidad de quien ya tenía todo previsto.

Ricardo asintió apenas, completando la idea sin perder el control de la conversación.

—Un evento pequeño… pero lleno de prensa.

La pausa que dejó después no fue casual. Era el tipo de silencio que preparaba el terreno para algo más.

—A partir de ahora tendrás seguridad.

Alessia frunció ligeramente el ceño, no tanto por la sorpresa, sino por lo que implicaba.

—¿Seguridad?

La puerta se abrió en ese instante, interrumpiendo cualquier otra pregunta. Un hombre alto entró en la oficina con paso firme, vestido con un traje oscuro que no llamaba la atención… pero tampoco pasaba desapercibido. Su postura era recta, su mirada atenta, evaluando sin invadir.

—Alessia —dijo Ricardo—, te presento a Gabriel Rojas. Jefe de seguridad.

El hombre inclinó la cabeza con respeto.

—Un placer.

Había algo en su voz que transmitía calma, pero también una distancia profesional imposible de ignorar.

—No queremos que respondas a reporteros todavía —continuó Ricardo—. Los paparazzi estarán atentos.

Adrián intervino entonces, con esa serenidad que parecía medir cada palabra.

—Nada ha sido anunciado aún.

Ricardo asintió.

—Por eso mismo. Gabriel te acompañará cuando sea necesario.

Alessia lo observó un instante y luego miró a Adrián. Su vida había cambiado… y todo había ocurrido en menos de veinticuatro horas.

—Todo estará listo —continuó Ricardo, retomando el control con facilidad—. No tendrás que preocuparte por nada.

Nicolás deslizó otra carpeta hacia ella, señalando algunos puntos mientras hablaba.

—Sabemos el tipo de vehículo que tienes, pero no te preocupes. Se mantendrá en el estacionamiento privado de Adrián.

Alessia frunció ligeramente el ceño, sintiendo cómo cada detalle comenzaba a reconfigurar su rutina.

—A partir de ahora te moverás en un vehículo asignado —añadió Ricardo—. Gabriel será quien lo conduzca.

La palabra guardaespaldas no la impactó tanto como habría esperado. Había trabajado antes con modelos importantes; sabía que, cuando la fama entraba en juego, la seguridad siempre iba de la mano.

Pero aquello no terminó ahí.

—Tampoco continuarás viviendo en tu actual departamento —agregó Nicolás, con la misma naturalidad con la que se cambia un horario.

Alessia levantó la mirada.

—¿Cómo?

Ricardo entrelazó las manos sobre la mesa, inclinándose apenas hacia adelante.

—Para que la relación resulte creíble ante la prensa, necesitamos coherencia en el estilo de vida.

Hizo una pausa breve, calculada.

—Actualmente vives en Residencial Alameda Norte.

Alessia asintió lentamente.

—Te mudarás a uno de los departamentos en West River Towers —continuó—. Forma parte del complejo residencial del oeste que el señor Valcázar ha elegido.

El silencio que siguió no fue rechazo inmediato. Fue comprensión.

“Porque, si era honesta consigo misma, todo aquello había estado implícito desde el momento en que firmó: un noviazgo público no era solo una historia, sino un escenario completo, una narrativa construida para ser creída.”

—Supongo que tiene sentido —dijo finalmente, dejando escapar un suspiro suave.

—Nos aseguraremos de que el traslado sea discreto —añadió Ricardo.

Hasta ese momento, Adrián había permanecido en silencio, observándola. Cuando habló, lo hizo con una calma distinta.

—No queremos que te sientas vigilada… solo protegida.

Alessia sostuvo su mirada un segundo. No respondió con palabras, pero asintió levemente.

No tardó mucho en abandonar el edificio.

A su lado caminaba Gabriel, manteniendo una distancia justa, profesional. Su presencia no era invasiva, pero tampoco pasaba desapercibida. Era el tipo de persona que parecía anticiparse a todo sin necesidad de hablar.

Alessia avanzó junto a él hacia el estacionamiento, buscando de forma instintiva su scooter.

Buscó su scooter por inercia… pero no estaba. Se detuvo apenas un segundo y, al recordarlo, todo se sintió —por primera vez— completamente real.

—Por aquí —indicó Gabriel.

La condujo hacia un sedán negro, elegante y discreto. No era ostentoso, pero cada detalle dejaba claro que no era un vehículo cualquiera.

Antes de que pudieran subir, dos flashes estallaron en el aire, secos, consecutivos. Alessia giró la cabeza, sorprendida, y alcanzó a ver al fotógrafo al otro lado de la calle justo cuando Gabriel reaccionaba, abriendo la puerta trasera con rapidez.

—Suba.

Otro flash iluminó el estacionamiento.

“No sería la única. Esto… ya era real.”

Alessia entró al vehículo sin mirar atrás. La puerta se cerró, aislando el ruido, y entonces lo sintió con claridad: ya no era solo un contrato, era su realidad.

“Ya no era solo un contrato. Era su realidad.”

La mudanza ocurrió más rápido de lo que esperaba.

En cuestión de horas, Alessia se encontró en un departamento completamente distinto a todo lo que había conocido. Amplio, luminoso, con espacios abiertos y líneas limpias que parecían sacadas de una revista. Todo estaba perfectamente dispuesto, como si alguien hubiera diseñado ese lugar pensando en una vida que aún no terminaba de existir.

No podía creerlo. Ese lugar no era para alguien como ella; era el tipo de vida al que pertenecía Adrián, no para Alessia.

El armario ordenado y amplio contrastaba con lo que solía usar. Aun así, eligió algo sencillo: una blusa roja de manga larga, un pantalón negro de tiro alto y botines que le daban seguridad. Se acomodó el cabello en un medio recogido con ondas suaves.

Se detuvo frente al espejo un instante más, observando con atención ese reflejo que, aunque distinto, seguía siendo suyo.

El sonido del timbre irrumpió en el silencio y la obligó a volver al momento. Se quedó quieta un segundo, asimilando lo que eso significaba “El entrenamiento”.

Tomó aire con calma antes de avanzar hacia la puerta, enderezando ligeramente la postura, como si ese pequeño gesto fuera suficiente para sostener todo lo que venía.

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