Capítulo 5 Cuando deja de ser actuación.

Ese instante —cuando cruzaron la galería bajo la mirada de todos— terminó de sellarlo.

Ya no eran solo dos personas entrando a un evento; se habían convertido en el centro de atención.

Las imágenes filtradas, los titulares, la firma apresurada del contrato… todo había ocurrido demasiado rápido, como una cadena de decisiones que no le había dejado espacio para detenerse a pensar. Y, en medio de todo eso, Marcos.

Ignoró dos llamadas perdidas, luego tres, y cuando quiso darse cuenta, ya no había conversación ni cierre, solo distancia… y una decisión tomada bajo presión.

Aceptar aquel contrato no había sido solo una oportunidad, sino una renuncia que Alessia entendía demasiado bien… y, aun así, decidió mantenerse firme.

A su lado, Adrián tensó ligeramente la mandíbula. No fue un gesto pensado, sino un reflejo. Sin soltar su mano, la atrajo un poco más hacia él y, casi sin que se notara, rodeó su cintura con el brazo libre.

El movimiento fue natural, fluido… demasiado. Y Alessia apenas tuvo tiempo de reaccionar; no lo esperaba, no estaba en el guion… pero tampoco se apartó. Su cuerpo respondió antes que su mente, acercándose lo justo para que ese gesto dejara de parecer actuación, y entonces las miradas cambiaron.

Alessia no necesitó escuchar cada palabra; le bastó con percibir cómo los susurros se abrían paso entre los invitados —«¿viste eso?»—, «no parece fingido…», «esto es nuevo»—, instalándose alrededor de ellos con una certeza inquietante.

Desde el fondo, Ricardo lo observó todo sin alterar la expresión. Pero sus ojos… eran otros. Más atentos. Más calculadores.

—Eso no estaba en el plan… —murmuró Nicolás.

Ricardo no respondió de inmediato. Seguía mirando, analizando cada gesto, cada distancia, cada pausa entre ellos.

—Precisamente por eso… —dijo finalmente.

Nicolás giró apenas el rostro hacia él.

—¿Qué quieres decir?

Ricardo entrecerró los ojos.

—Quiero ver hasta dónde llega sin ella.

La idea quedó suspendida un instante antes de tomar forma.

—Acércate a Alessia. Dile que necesita ir al tocador.

Nicolás entendió al instante que aquello no era logística, sino una prueba, y sin mostrarlo se acercó con naturalidad, interrumpiendo solo lo necesario.

—Disculpa —dijo en voz baja—. Es mejor si pasas al tocador antes de continuar.

Alessia dudó apenas, confundida por un segundo, pero el entrenamiento se impuso y asintió con suavidad.

—Claro —dijo antes de girar hacia Adrián—. Regreso en un momento.

Y entonces ocurrió: Adrián no respondió de inmediato.

Su mano en la cintura de Alessia se tensó apenas. Un gesto mínimo, casi imperceptible… pero suficiente para delatar algo que no estaba bajo control.

Nicolás lo vio; Ricardo también lo había notado, y un segundo después Adrián asintió.

—Te espero.

Su voz fue perfecta. Serena. Medida. Pero su mirada no se apartó de ella hasta que desapareció entre la gente.

El trayecto hacia el tocador fue más silencioso de lo esperado. Más contenido.

Cuando la puerta se cerró, el ambiente cambió por completo. El murmullo de la galería quedó atrás, sustituido por un silencio cálido, íntimo. La luz suave de los espejos devolvía una imagen distinta… más real.

Alessia se observó apenas un segundo y, en ese reflejo, volvió a ser ella.

—Tranquila —dijo Nicolás, acercándose lo justo—. Lo estás haciendo bien.

Alessia dejó escapar un suspiro leve, como si intentara convencerse.

—No se siente así —dijo, y Nicolás respondió con una sonrisa apenas insinuada:

—Por eso funciona.

Se acercó un poco más, esta vez con intención profesional, y acomodó un mechón de su cabello con cuidado. Luego su atención bajó al collar: una pieza oscura, elegante, con diseño floral y piedras negras que captaban la luz con sutileza.

—Esto es perfecto para esta noche —murmuró.

Alessia lo miró en el reflejo. No lo había elegido con tanta intención… pero ahora lo entendía.

Los aretes, discretos pero firmes, completaban el conjunto sin competir con el resto. Nada exagerado. Todo en equilibrio.

Nicolás ajustó el cierre invisible con precisión.

—Te da presencia —añadió—. No estás acompañando a Adrián… estás a su nivel.

—Escúchame —dijo Nicolás, con un tono más serio—. Cuando salgas, no lo busques de inmediato.

Ella frunció apenas el ceño.

—¿Por qué?

—Porque él va a buscarte a ti —dijo sin rodeos—, y necesitamos ver qué hace cuando tenga que hacerlo.

Alessia lo entendió en ese mismo instante; no era una simple pausa, era otra prueba.

—¿Esto también es parte del plan?

Nicolás no respondió directamente, se limitó a sostener una leve sonrisa.

—Ahora sí.

Alessia tomó aire, ajustó la postura y rozó el collar con la yema de los dedos, casi como si necesitara anclarse antes de asentir.

—Estoy lista.

Pero al avanzar hacia la puerta supo que algo había cambiado, no por las cámaras ni por el contrato, sino por él… y por la forma en que, sin darse cuenta, empezaba a importarle.

Ricardo seguía con la mirada fija en ellos, analizando, midiendo cada gesto.

—Eso es lo que lo hace funcionar… —murmuró finalmente.

Aun así, incluso él sabía que algo empezaba a moverse fuera de control.

Alessia sintió la presión suave de la mano de Adrián guiándola; no era brusco ni dominante, sino… protector. Se detuvieron frente a otra obra, aunque ninguno de los dos parecía mirarla realmente.

—Te estás adaptando rápido —dijo Adrián sin soltarla.

Alessia dejó escapar una leve exhalación.

—Tú no lo estás haciendo fácil.

Él giró apenas el rostro hacia ella.

—No quiero hacerlo fácil.

La respuesta la tomó por sorpresa.

—¿Entonces qué quieres?

Adrián la miró directamente, sin desviar.

—Que sea creíble.

Hizo una pausa breve antes de añadir:

—Incluso cuando no debería serlo.

Y fue ahí cuando Alessia lo entendió, no como parte del contrato ni del entrenamiento, sino como algo mucho más peligroso: el riesgo no estaba en fallar frente a las cámaras, sino en empezar a creerlo también.

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