Capítulo 7 Lo que ya no puede ocultar.
Pero Adrián no lo vivía de la misma forma. Al principio pasó desapercibido… hasta que dejó de hacerlo.
Fue en los detalles donde empezó a notarlo. Alessia hablaba con otros sin esfuerzo, con una soltura que con él no existía. Y su risa… esa risa libre, ligera, real, no era la misma que le daba frente a las cámaras.
Luego estaba Gabriel. Siempre ahí. Demasiado cerca. Demasiado atento.
Adrián apretó apenas la mandíbula.
—Es su trabajo —se dijo, casi en un susurro.
Pero esta vez, la explicación no alcanzó.
Porque cada vez que la veía sonreírle a alguien más… algo dentro de él se tensaba.
Había algo en él que no podía controlar. Y menos en ese instante.
—Señorita Ferrer —intervino Gabriel al acercarse, firme y correcto—, Nicolás pidió que la acompañe a comer al restaurante Lumière. Él se quedará con Adrián.
Alessia asintió con suavidad. Era solo una pausa de cinco minutos, pero el ritmo alrededor no se detenía: luces encendidas, voces cruzadas, asistentes moviéndose sin perder el compás.
Aun así, Adrián dejó de percibir lo que ocurría a su alrededor. Sin darse cuenta, su atención se redujo hasta quedar atrapada en un solo punto: ella. Alessia estaba de pie a unos metros, completamente ajena, sin imaginar que, por primera vez, había dejado de ser parte del escenario para convertirse en el centro de todo para él.
Y en ese instante, a los ojos de Adrián, se veía distinta. Más real. Más… ella.
Llevaba un pantalón negro de tiro alto que delineaba su silueta con sencillez elegante. La blusa de mangas largas, en tonos azulados a cuadros, caía suelta sobre su cuerpo, con un aire relajado que contrastaba con la perfección del set.
Los tenis negros con agujetas rompían con la imagen del resto, dándole un aire más natural, más cercano… más humano. Nada de eso pertenecía al espectáculo, y aun así, era precisamente lo que la hacía resaltar.
Su cabello estaba recogido en una coleta elegante, con algunas ondas suaves que caían para enmarcar su rostro. El maquillaje, sutil y natural, apenas resaltaba sus facciones, su piel, la profundidad de sus ojos… y ese tono cálido en su mirada que Adrián ya empezaba a reconocer demasiado bien.
Llevaba accesorios discretos que apenas se hacían notar: un collar fino en plata con un pequeño dije geométrico, aretes delicados casi ocultos entre su cabello y una pulsera delgada que brillaba sutilmente con cada movimiento. Nada exagerado, nada que buscara atención… y aun así, la tenía. Toda.
Adrián la vio moverse, preparándose para irse, y algo en él reaccionó antes de que pudiera pensarlo.
—¡Adrián! —lo llamó el fotógrafo—. Regresa, seguimos en un minuto.
Pero ya era tarde. Él se había levantado, ignorando la indicación, con la mirada fija en ella mientras acortaba la distancia sin detenerse.
Vestía acorde a la sesión: moderno, casual, con un pantalón oscuro perfectamente ajustado, una camiseta neutra que marcaba su figura y una chaqueta ligera que completaba ese aire despreocupado… pero cuidadosamente construido. Era la imagen que vendía, el tipo de hombre que todos veían.
Pero no el que estaba pensando en ese momento.
—¿Amor, a dónde vas? —dijo al llegar a su lado.
La palabra salió con naturalidad… aunque no lo era del todo.
Alessia se giró, sorprendida. Solo un poco.
—Gabriel dice que debo ir a comer —respondió, señalándolo levemente—. Nicolás quiere hablar conmigo.
Adrián frunció el ceño.
—No tienes que ir ahora.
Gabriel intervino, con calma.
—Es una indicación directa, señor. Solo será un momento.
—Puede esperar —replicó Adrián, más firme.
—Adrián… —comenzó Alessia, intentando suavizar.
Pero él no apartó la mirada de Gabriel.
—Dije que puede esperar.
Algo en el ambiente cambió, sutil pero evidente.
—No —intervino una voz detrás.
Nicolás se acercaba con paso tranquilo… aunque firme.
—No puede.
Adrián giró hacia él, la tensión marcándose apenas en su gesto.
—¿Desde cuándo decides tú eso?
Nicolás no se alteró.
—Desde que Ricardo lo indicó.
El silencio cayó entre ellos, breve… pero denso.
—Quiere hablar con Alessia —añadió—. A solas. Tú terminas la sesión… y la ves en la cena.
Adrián no respondió de inmediato, pero su expresión lo dejaba claro no le gustaba en absoluto.
Alessia dio un paso hacia él con suavidad y tomó su mano; el gesto fue simple, pero suficiente para detenerlo.
—Adrián, te veré más tarde… solo cálmate y compórtate —dijo, sosteniéndole la mirada mientras su mano rozaba el hombro de su chaqueta con una naturalidad desarmante.
No hubo presión ni tensión, solo claridad.
Por un segundo, Adrián quiso decir algo, detenerla… pero no lo hizo. Alessia esbozó una leve sonrisa antes de apartarse, dejándose guiar por Gabriel, mientras él permanecía donde estaba, siguiéndola con la mirada hasta que desapareció.
Entonces lo sintió: una incomodidad creciendo en el pecho, lenta pero imposible de ignorar, porque no era solo que se fuera… era que no quería que lo hiciera.
Adrián regresó al trabajo, aunque ya no era el mismo de unos minutos atrás.
Nicolás lo observaba desde un costado, con el teléfono aún pegado al oído mientras hablaba con Ricardo, sin perder detalle de cada movimiento del actor.
—Está molesto —dijo en voz baja—. Desde que Alessia se fue… está volviendo a comportarse como antes.
Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.
—Comprendo —respondió Ricardo con calma calculada—. Gabriel mencionó que la llamó “amor”. Es lógico… frente al público funciona. Reduce rumores, refuerza la imagen. Pero también confirma algo: está cruzando líneas.
Nicolás entrecerró los ojos, mirando cómo Adrián repetía una toma con más fuerza de la necesaria.
