Capítulo 5 Solo quiero ayudar

Apenas deja atrás a Alejandro, Sofía camina de vuelta a la habitación. Por el camino tropieza con un desconocido, pero no le presta atención; continúa con un andar pesado y desprovisto de energía. Al cruzar el umbral, ve a su padre inmóvil en la cama y a su madre a su lado, envejecida diez años en una sola noche.

Sacando fuerzas de la nada, se niega a que la desesperación la consuma. Sabe que no puede permitir que a su padre le pase nada, que debe conseguir el dinero para la cirugía y recuperar la empresa que tanto les ha costado construir. No se va a dejar vencer; ahora mismo, el destino de su familia depende por completo de ella. A pesar de ser tan joven, carga con una responsabilidad enorme sobre las espaldas. Aún trata de tranquilizar a su madre.

— Tranquila, mamá, pronto saldremos de todo esto. Son cosas que pasan para que nos volvamos más fuertes —expresa, para darle fuerza a su madre, a pesar de tener un caos por dentro—, mi padre, ¿cómo se encuentra?

— No ha reaccionado, los médicos lo mantienen sedado, dicen que es lo mejor en su condición…, el tumor es muy grande y con cualquier emoción o sobresalto se puede reventar y causarle la muerte. ¿Cómo le pudo suceder esto a tu padre?, nunca pensé que algún día estuviera así, él es un hombre tan fuerte y altivo, ¿desde cuándo?..., ¿desde cuándo está así?, esto se pudo evitar, pero nunca dio señales de nada.

—Tranquila, mamá. Mi padre es un hombre fuerte, tú lo has dicho, de seguro saldremos de esto pronto, —sonrió forzadamente para tranquilizar a su madre, quien no está enterada de la situación de la empresa.

— Eso espero, Sofía, si a él le pasa algo, yo me muero…, sin él no quiero vivir —llora con desesperación, al calmarse sigue hablando. Sofía la mantiene abrazada—. Lo que no entiendo, es, ¿por qué no lo han operado, dada su situación?, si la condición en que esta es tan grave, ¿por qué no lo operan?

— No sé mamá —desvió la mirada, ya que ella sabe los motivos—, los médicos tendrán sus razones. En ese instante, llega el médico tratante, por lo que Sofía se sintió aliviada, ya no tiene que seguir mintiéndole a su madre.

—Buenas tardes, señorita Bustamante, necesito hablar con usted.

—Vamos afuera, así no incomodamos a mi padre, aunque esté inconsciente, sé que nos escucha —dijo, para no tener que hablar enfrente de su madre, ella sabe lo que el médico le va a decir.

Se dirigieron hasta la oficina, allí la conversación es privada.

—La situación de su padre es delicada, por eso he evitado que le den el alta... —explica el médico con sincera preocupación—. Sin embargo, no podré sostenerlo mucho tiempo más si no se saldan los días acumulados. Me apena tocar este tema con usted en un momento así, pero son políticas del hospital y ya las he postergado demasiado.

—Lo comprendo, doctor —responde Sofía con voz suplicante—. Solo le pido unos días más para conseguir el dinero. Y por favor, que mi madre no se entere de esto; ella no sabe que estamos en la ruina, ni que esa es la razón por la que no han operado a mi papá.

—Haré lo que esté en mis manos para mantenerla al margen, pero no le prometo nada. La administración me presiona y no puedo saltarme el reglamento por mucho tiempo.

Al terminar de hablar con el médico, Sofía se marcha de allí: debe encontrar el dinero como sea. Se dirige a su casa a toda prisa para reunir todas sus joyas y prendas de valor; piensa venderlas para cubrir, al menos, la estancia de su padre en el hospital.

Sin perder tiempo, se encarga de llamar a cada uno de los empleados de la empresa, así como a familiares, amigos y conocidos. Agota hasta el último de sus recursos buscando fondos para la operación e inversionistas para salvar la firma, pero todo resulta en vano. Los días transcurren implacables y el dinero que obtuvo por sus pertenencias comienza a agotarse.

Al ver que no consigue nada con su círculo cercano, decide cambiar de estrategia: redacta un proyecto y sale a buscar inversionistas externos. Diseña una propuesta sumamente atractiva y se dirige directamente a las empresas de la zona para descubrir a quién le puede interesar.


Ese mismo día, el asistente personal de Bellini le rinde cuentas sobre Sofía.

—Señor, el paciente del hospital es el padre de la señorita Bustamante. Requiere una cirugía de emergencia. Actualmente ella no tiene pareja; no se le conoce ningún historial amoroso, solo vive para su carrera. Tiene un futuro brillante como abogada. Sobre la empresa familiar, sabemos que enfrenta una crisis severa, aunque los detalles se mantienen bajo reserva.

—Quiero que sigues indagando —responde Bellini con frialdad.

«Sin novios ni distracciones... seré el primero en su vida», se dice a sí mismo con una mueca de satisfacción.

Se levanta de inmediato y parte hacia el hospital. Necesita verificar la situación del viejo Bustamante por sus propios medios.

Al entrar al pasillo, nota que Sofía avanza al lado de un desconocido. Por instinto, los sigue de cerca para enterarse de lo que ocurre, aunque consigue escuchar muy poco. Cuando el hombre se marcha, él intenta propiciar un encuentro casual, pero ella pasa de largo sin notar su presencia, como un fantasma consumido por la angustia.

Sabiendo que no cuentan con el dinero para la operación, decide intervenir de forma anónima y camina hacia el módulo de caja.

—Vengo a pagar la liquidación médica del señor Jorge Bustamante —informa con tono firme.

—¿Qué parentesco tiene con el paciente?

—Ninguno. Soy un allegado de la familia.

—En ese caso no es posible. Las políticas del hospital exigen que un familiar directo realice o autorice el trámite.

Leonardo se da media vuelta sin discutir. Mientras cruza el vestíbulo, su mente no deja de girar buscando la forma de financiar la cirugía sin comprometer la dignidad de Sofía.

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