Capítulo 5 Demonio

“¡Este tipo está completamente loco!”, grité desesperada para mis adentros, sintiendo cómo el pánico paralizaba cada fibra de mi ser. El miedo más profundo e irracional se apodera de mí por completo en este instante porque, de un momento a otro, caí en la dolorosa cuenta de que probablemente estaba sola en la penumbra con un posible y peligroso psicópata. “Mis padres tenían toda la razón del mundo al dudar, definitivamente no debí ir jamás a trabajar a esa maldita casa en las afueras”, me recriminaba internamente con una angustia asfixiante. Quise usar todas mis fuerzas para empujarlo y quitárselo de encima de una buena vez, pero todos mis esfuerzos físicos resultaron inútiles; el cuerpo de este chico es increíblemente denso y pesado, es exactamente como si fuera una enorme roca sólida la que estuviera sujetándome contra la fría pared del callejón.

—Escúchame muy bien lo que te voy a decir, Elizabeth —siseó muy cerca de mi oído, y mis piernas comienzan a temblar de forma violenta cuando siento su fría mano rodear con firmeza mi frágil cuello, ejerciendo una presión amenazante que me cortaba el aliento—. Eres mía… absolutamente nadie más en este mundo tiene permitido acercarse a ti ni ponerte un dedo encima. Si alguien comete el error de hacerlo, tú misma pagarás las peores consecuencias de su atrevimiento, ¿quedó claro?

Mi vista se nubla gradualmente debido a las lágrimas contenidas y a la falta de aire, mientras siento de manera interna que mi acelerado corazón corre desesperado para esconderse ante el terrible e insoportable miedo que estaba sintiendo en este horrible callejón. El aura oscura, fría y sobrenatural que emana constantemente de este misterioso chico me causa tanto terror psicológico que, viéndome completamente acorralada y sin ninguna posibilidad real de defenderme o escapar, no tuve más opción que aceptar sumisamente cada una de sus despiadadas condiciones.

—Nos vamos a divertir mucho de ahora en adelante, ya lo verás —añadió con una sonrisa macabra. Lo escalofriante y tétrico que sonó eso en la oscuridad absoluta me hizo romper a llorar con amargura, incapaz de contener los sollozos—. Elizabeth… —se ríe con malicia al decir mi nombre en voz alta, saboreando cada sílaba como si fuera un chiste muy divertido para él—. Ni siquiera eres digna de portar un nombre tan hermoso y delicado, ya que la verdad eres una chica sumamente fea.

Tras soltar ese cruel insulto que terminó de destrozar mi ya golpeada dignidad, él se alejó lentamente de mí, dándose la vuelta y perdiéndose en la noche, mientras yo me quedo completamente paralizada en mi sitio, sumida en un estado de shock absoluto, sin poder creer que esto tan terrible me esté pasando realmente a mí. Me quedé completamente sola en la inmundicia del callejón mientras mi cuerpo, debilitado por la adrenalina, se desliza lentamente por la pared de ladrillos hasta caer sentada en el suelo húmedo, sin poder dejar de llorar ni un solo segundo. Con el dolor calando en mis huesos, me acurruco de forma fetal sobre el pavimento frío, abrazando mis rodillas con fuerza contra mi pecho, mientras lo último que dijo con desprecio se repite una y otra vez como un eco tortuoso en mi cabeza: “Eres fea… eres fea…”.

No sé con exactitud por cuánto tiempo me quedé llorando en esa misma posición, perdiendo por completo la noción de las horas; solo sé que cuando levanté la mirada el entorno era mucho más oscuro, denso y el día se había acabado por completo. Con las pocas fuerzas que me quedaban, me puse de pie y caminé a trompicones de regreso a casa. Al cruzar la puerta de la entrada, mi madre notó de inmediato mi aspecto desaliñado y vio que tenía los ojos sumamente hinchados y rojos por el llanto. Preocupada, se acercó a mí y me preguntó alarmada si había pasado algo malo en el camino, ya que llegué extremadamente tarde de la escuela; yo jamás acostumbro a llegar tarde a casa tras las clases, así que para ellos era una señal evidente de que algo grave pasó en la calle.

—Un chico… —comencé a decir con la voz rota, pero me detuve un instante a pensar en la aterradora e intensa mirada de ese chico nuevo de la escuela—. Un chico me invitó a comer un helado al salir de clases… y yo, tontamente, creí que era porque le gustaba de verdad, pero… yo lo malinterpreté todo por completo y estuve llorando por eso en el camino. Creí erróneamente que le gustaba a alguien por primera vez en mi vida.

Al escuchar mi inventada historia de desamor adolescente, mi mamá suspira aliviada y me abraza con un cariño inmenso y protector. Por encima de su hombro, observo detenidamente que mira a mi padre con complicidad, y él simplemente sonríe con una profunda tristeza reflejada en sus ojos. Él se acerca despacio hacia mí, me acaricia la cabeza con ternura y me dice con suavidad que es muchísimo mejor así, ya que para ellos yo siempre seré su pequeña bebé indefensa. Ellos siempre se preocupan en exceso por mí, me cuidan demasiado de los peligros del mundo exterior y a veces eso me gusta y me hace sentir segura, pero a veces creo con amargura que es precisamente por esa sobreprotección que soy tan frágil, asustadiza y débil ante cualquier intento de defenderme por mí misma, ya que ellos siempre lo hacen todo por mí.

Me pude tranquilizar un poco después de pasar unas largas horas encerrada por completo en la soledad de mi habitación, donde la oscuridad y el silencio son los únicos rincones donde encuentro un poco de consuelo y paz para mi alma atormentada. Inhalo profundo, tratando de sacar el aire contaminado de mis pulmones, y de la nada mi celular vibra sobre la cama, rompiendo la calma. Me pareció sumamente extraño el sonido ya que nadie nunca me escribe ni me llama, debido a que no tengo amigos en la escuela ni conocidos en la ciudad. Al desbloquear la pantalla, mis ojos leyeron el texto recibido:

“¿Puedes cuidar a nuestra hija el fin de semana completo?”.

Era un mensaje directo de la madre de ese loco de Damián. Al leerlo, un frío glacial me recorrió la columna. No, no, no… volver a pisar esa mansión es exactamente como regresar por voluntad propia a la boca del lobo, y yo prefiero mil veces mantenerme lo más alejada posible de ese chico tan siniestro. Ya se nota a leguas que es exactamente igual de cruel o peor que los demás que me han lastimado antes. Con los dedos temblorosos, rechacé amablemente su oferta de trabajo, pero casi de inmediato ella me envió otro mensaje diciendo que estaba dispuesta a pagarme mucho más dinero por cubrir el fin de semana. Me detuve a pensar por un segundo en que el dinero que me dio la primera vez nos vino de absoluta maravilla en casa, ya que gracias a eso solventamos algunos gastos médicos urgentes y compramos suficiente comida para la quincena.

En ese instante de duda, recibo otro mensaje de ella en mi bandeja de entrada, y esta vez me especificaba con números la enorme cantidad exacta que me pagaría por mis servicios, dejándome por completo con la boca abierta de la pura impresión porque es muchísimo más dinero de lo que jamás me imaginé ganar en toda mi vida. Sin embargo, al final del texto había una condición obligatoria que no se podía negociar: debía quedarme a dormir en su casa durante esos días, y eso me erizó la piel por completo porque ya quedarme a pasar la noche en ese lugar desconocido representa un peligro inminente para mí.

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