
Despreciable alpha
Blanca Rios · Completado · 100.5k Palabras
Introducción
Capítulo 1
¿Alguna vez han sentido que algo… nos falta, un vacío extraño que no puedes llenar con nadie? No sé si es la depresión por la que paso gracias a que soy una don nadie. Tengo 18 años y estoy en mi último año de la secundaria, pero mis padres no podían con todo en casa, así que tuve que optar por conseguir un empleo de mesera temporal para aliviar la carga económica. Lamentablemente, no duré mucho tiempo en ese lugar, ya que me echaron sin contemplaciones porque no accedí a acostarme con mi jefe.
Es tan complicada mi vida y así ha sido siempre; un laberinto de rechazos y malos tragos. Incluso de pequeña me hacían bullying en la escuela ya que no iba con la mejor ropa ni usaba el mejor maquillaje como las demás chicas de mi edad. Debido a mi timidez extrema y a mi complexión, mis compañeros me apodaron "zombi", porque era pálida de piel y no era muy buena para mantener una conversación fluida con los demás. Ese aislamiento me convirtió en una sombra, alguien que prefería pasar desapercibida antes que exponerse a las burlas crueles del mundo exterior.
Aun recuerdo mi primer año de secundaria con un sabor amargo. Un chico de un curso superior, que era el centro de atención de todas, me invitó a la fiesta de graduación de los que se graduarían ese año. Estaba tan emocionada y con el corazón acelerado porque, por primera vez en mi existencia, un chico guapo y sexy me invitaba a salir y parecía notar mi presencia. Sin embargo, todo terminó en una profunda desgracia para mí después de la fiesta. En un descuido, lo descubrí hablando en los pasillos con uno de sus amigos, riéndose a carcajadas mientras decía con total frialdad que grabaría todo en video mientras yo me comportaba como la perra que, según él, realmente soy. Ese golpe destruyó la poca autoestima que me quedaba y me encerró aún más en mi propio caparazón.
—¿Pensando otra vez? —dijo mi madre desde la puerta, logrando asustarme ya que no la vi entrar a mi habitación.
—Lo siento… —respondí, tratando de disimular las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos.
Ella se rió con ternura, contagiando un poco de calidez a la fría habitación. —Pensé que me habías escuchado cuando entré a la casa, vienes muy distraída de la calle.
—Lo siento, es que… no puedo evitar darle vueltas a las cosas —admití, bajando la mirada hacia mis manos entrelazadas.
—Deja de mortificarte, ese hombre era un cerdo —sentenció mi madre con un tono firme pero consolador—. Lo importante es que ya quedó atrás.
Ella y papá unieron sus pocas fuerzas y lograron que ese tipo, mi exjefe, fuera preso tras la denuncia que pusimos. Pero la justicia para los que no tenemos recursos es una ilusión efímera; al poco tiempo el hombre salió libre porque alguien muy poderoso lo ayudó. Creo que era el dueño de la prestigiosa cadena de restaurantes en la que trabajaba, un sujeto con las influencias suficientes para borrar cualquier delito con un par de billetes.
—Mientras tu padre y yo trabajemos, podremos reunir lo suficiente para todo, incluso para los gastos de tus futuros estudios universitarios… —añadió ella, acariciando mi cabello con devoción.
—No, mamá… yo quiero ayudarlos, pero… —mi voz se quebró, sintiendo el peso de la impotencia sobre mis hombros.
Ella besó mi frente con infinita paciencia y me dijo que no me preocupara por nada, que me concentrara en terminar mi último año de secundaria. Pero, ¿cómo no voy a hacerlo? ¿Cómo puedo quedarme de brazos cruzados si ese maldito sujeto, además de despedirme, se encargó de esparcir rumores horribles en el vecindario y me hizo quedar frente a todo el mundo como una cualquiera que buscaba desesperadamente la forma de salir de su miseria vendiendo su cuerpo? La humillación social era un veneno que corría por las calles, obligándome a caminar siempre con la cabeza gacha.
Por esa razón, me la paso buscando empleo incansablemente por internet y revisando cada página en el periódico, mientras escucho música con mis auriculares puestos para intentar apagar el ruido de mis propios pensamientos desoladores. Pasé horas enteras frente a la mesa del comedor, subrayando opciones y descartando la gran mayoría debido a las exigencias del mercado actual. Seguí buscando en el periódico algún trabajo que no tuviera como requisito obligatorio pedir que fuera pasante universitaria o que tuviera años de experiencia comprobable en puestos administrativos.
Mis ojos leían detenidamente cada línea, cada columna de los clasificados con una mezcla de ansiedad y desesperanza, pero no había absolutamente nada apto para alguien de mi edad y en mi situación actual. Cuando el desánimo ya me estaba ganando y estaba a punto de cerrar el periódico de golpe para darme por vencida por el día de hoy, vi un pequeño anuncio en la esquina inferior de la última página. Era un recuadro simple, casi oculto, donde solicitaban con urgencia una niñera.
Nunca antes había trabajado limpiando casas ni cuidando niños ajenos, pero lo que pagaban en ese empleo en particular era un excelente y buen salario, una cantidad que resolvería de golpe las deudas más urgentes de mi hogar y me permitiría comprar mis materiales de estudio sin suplicar. Aunque, por otro lado, el anuncio especificaba una dirección que me hizo tragar saliva; había escuchado rumores extraños de ese lugar tenebroso y apartado en las afueras. Se me erizaba la piel de solo pensarlo, recordando las historias urbanas que los chicos de la escuela contaban para asustarse en las noches. Vivir en la ciudad no es fácil, los recursos escasean y el peligro acecha en cada esquina, pero supongo que ir a la entrevista no sería una mala idea si ponía en la balanza nuestras necesidades.
Al comentarle mi decisión a mi familia durante la cena, el ambiente se volvió tenso de inmediato.
—¿Cariño, estás segura de ir a esa mansión? —preguntó mi madre, mirándome con los ojos llenos de una profunda preocupación maternal.
—Necesitamos el dinero, mamá, y lo sabes perfectamente. Además, no me conocen y yo tampoco a ellos, no creo que sea peligroso ir si estaba publicado formalmente en el periódico —argumenté, tratando de sonar mucho más segura de lo que realmente me sentía por dentro.
Había rumores en la ciudad de esa propiedad, de todo tipo y calibre; algunos decían que estaba maldita, otros que sus dueños practicaban ritos extraños o que simplemente ocultaban secretos inconfesables tras sus enormes muros de piedra gris. Pero, pensando fríamente en mi propia experiencia con la sociedad, consideré que eran personas que seguramente viven aislados de las demás personas por pura cordura, y quien no querría hacer lo mismo si las personas solo te destruyen.
Últimos capítulos
#88 Capítulo 88 EPILOGO
Última actualización: 5/26/2026#87 Capítulo 87 Cenizas
Última actualización: 5/26/2026#86 Capítulo 86 Hechizo
Última actualización: 5/26/2026#85 Capítulo 85 Con otra
Última actualización: 5/26/2026#84 Capítulo 84 Horror
Última actualización: 5/26/2026#83 Capítulo 83 Negación
Última actualización: 5/26/2026#82 Capítulo 82 Rechazo
Última actualización: 5/26/2026#81 Capítulo 81 Soplón
Última actualización: 5/26/2026#80 Capítulo 80 Elección
Última actualización: 5/26/2026#79 Capítulo 79 Él no lo haria
Última actualización: 5/26/2026
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Lectura madura 18+
Alpha at the Door 2020 Por RainHero21 ©












