Capítulo 3 Necesito encontrarlo.

Dos horas después, Kiara tenía más preguntas que respuestas.

Había leído artículos sobre Al-Nur, revisado noticias internacionales y abierto tantas pestañas en la computadora que ya ni siquiera recordaba cuál había sido la primera.

Sabía que el país atravesaba una situación delicada después de un problema dentro de la familia gobernante, que varios actos oficiales habían sido suspendidos y que las autoridades mantenían un silencio hermético.

Lo que no sabía era qué demonios tenía que ver Rashid con todo aquello.

Buscó su nombre completo.

Rashid Al-Zahir.

Aparecieron empresas, inversiones y algunas referencias comerciales que ya conocía. Nada explicaba por qué su asistente se comportaba como un agente de inteligencia ni por qué un desconocido había utilizado la expresión «asuntos oficiales» para referirse a él.

Kiara se recostó contra la silla y se frotó los ojos.

—Esto es ridículo.

Volvió a escribir el apellido.

Al-Zahir era mucho más común en Al-Nur de lo que había supuesto. Encontró empresarios, funcionarios, abogados y hasta un cirujano que definitivamente no era su novio porque tenía setenta y tres años y una fotografía poco favorecedora.

Cerró aquella página.

—Esto es difícil.

Su teléfono continuaba en silencio.

Lo tomó, volvió a abrir la conversación con Rashid. El último mensaje seguía sin entregarse.

Kiara apoyó una mano sobre su abdomen.

Desde la consulta había comenzado a hacer aquel gesto sin darse cuenta. Era absurdo. El embarazo era demasiado reciente para sentir absolutamente nada, pero saber que había una vida comenzando allí hacía imposible no pensar en ella cada cinco minutos.

—Tu padre está consiguiendo irritarme desde otro continente. Es un talento.

El teléfono sonó.

Kiara casi tiró la computadora al suelo intentando agarrarlo.

No era Rashid.

—Mamá.

—Qué manera tan cariñosa de responderle a la mujer que te dio la vida.

Kiara cerró los ojos. Había olvidado que debía llamarla.

—Perdón. Estoy esperando una llamada.

—¿De Rashid?

—Sí.

—¿Problemas?

Kiara miró las tres pruebas que todavía no había tenido valor de tirar.

—No exactamente.

Contarle a su madre que estaba embarazada antes que a Rashid le parecía extraño. Quería que él fuera la primera persona en saberlo, aunque en aquel momento estaba haciendo un esfuerzo extraordinario por impedirlo.

—Tu voz dice que sí hay problemas —insistió.

—Tu capacidad para interrogar personas debería estar regulada por el gobierno.

—La desarrollé criándote.

Kiara sonrió a pesar de todo.

—Estoy bien. Rashid tuvo que regresar a Al-Nur por una emergencia familiar y todavía no hemos podido hablar.

—¿Su padre?

—Eso creo.

Aquellas dos palabras le dejaron un sabor desagradable.

Eso creo.

Después de más de un año de relación, ni siquiera podía responder con seguridad qué estaba ocurriendo en la familia del hombre que amaba.

Su madre guardó silencio antes de preguntar:

—¿Quieres que vaya a verte?

—No. De verdad estoy bien. Te llamaré mañana.

Terminó la conversación prometiendo hacerlo y volvió a la computadora.

Nada.

A medianoche aceptó que probablemente no descubriría nada más y se fue a dormir.

A la mañana siguiente, Rashid seguía sin llamar.


—No puedes seguir mirando el teléfono de esa manera. No va a sonar por miedo.

Claire dejó un café frente a Kiara y se sentó al otro lado de su escritorio.

—No lo estoy mirando.

—Acabas de desbloquearlo tres veces en menos de un minuto.

—Estoy comprobando la hora.

Claire señaló el reloj de pared.

—Hay uno gigantesco delante de ti.

Kiara tomó el café y bebió un poco.

—Estoy considerando despedirte como amiga.

—No puedes. Sé demasiadas cosas.

Kiara sonrió, pero volvió a mirar la pantalla.

Nada.

Ya habían pasado cuatro días desde que Rashid se marchó.

Cuatro días desde aquel beso extraño. Cuatro días desde que prometió volver.

Y ahora ella estaba embarazada.

—¿Por qué no llamas a algún familiar suyo? —preguntó Claire.

—Porque no tengo sus números.

Claire dejó de sonreír.

—¿Ninguno?

—Su familia vive en Al-Nur. Nunca los he conocido.

—Llevan más de un año juntos.

—Gracias por recordármelo. Está ayudando muchísimo.

Kiara se levantó con el café y caminó hacia la ventana. Dicho en voz alta sonaba peor. Había conocido compañeros de trabajo de Rashid, amigos, asistentes y socios. Incluso había viajado con él varias veces.

Pero de Al-Nur sabía poco. Y de los Al-Zahir, menos.

Rashid siempre decía que su familia era complicada.

Ella nunca había insistido porque tampoco quería convertirse en esa mujer que exigía conocer cada rincón de la vida de su pareja.

Ahora comenzaba a preguntarse si había confundido confianza con falta de curiosidad.

—¿Sabes dónde vive su familia? —preguntó Claire.

Kiara giró lentamente.

—En Al-Nur.

—Me refería a una dirección.

—No.

—¿Nombre completo del padre?

Kiara abrió la boca. La volvió a cerrar.

Claire arqueó una ceja.

—No me mires así.

—No estoy haciendo nada.

—Tu cara está haciendo muchísimo.

Kiara regresó a su escritorio.

—Rashid es reservado.

—Una cosa es reservado y otra que necesites contratar un investigador para localizar a tu suegro.

—No es mi suegro.

—Todavía.

Kiara bajó automáticamente la mirada hacia su abdomen.

Claire lo notó.

—¿Qué?

—Nada.

—Acabas de hacer una cara. ¿Ocultas algo?

—Tú llevas media hora haciendo caras.

El teléfono vibró antes de que Claire pudiera continuar.

Kiara lo agarró inmediatamente.

Un mensaje. No era Rashid. Era Karim. “Señorita Bennett, el señor Al-Zahir no podrá comunicarse con usted por el momento. Espere hasta que la situación en Al-Nur se estabilice.”

Kiara leyó dos veces. Después llamó. Karim no respondió. Volvió a llamar. Nada.

—¿Qué pasó? —preguntó Claire.

Kiara le mostró el mensaje.

—¿Que esperes hasta que la situación se estabilice? —leyó su amiga—. Eso suena bastante serio.

—También suena a que todos saben algo menos yo.

Kiara escribió inmediatamente.

“¿Rashid está bien?”

El mensaje fue leído. No hubo respuesta. Escribió otro.

“¿Él sabe que estoy intentando comunicarme?”

Leído. Nada.

La irritación comenzó a subirle por el pecho.

“Karim, necesito hablar con él. Es urgente.”

Esta vez la respuesta llegó.

“No puedo ayudarla.”

Kiara dejó el teléfono sobre la mesa.

Claire la observó durante unos segundos.

—¿Qué vas a hacer?

—No lo sé.

Pero era mentira. Una idea acababa de aparecer.

Era impulsiva, costosa y probablemente una estupidez.

Abrió una página de vuelos. Claire se inclinó para mirar la pantalla.

—No.

—No he dicho nada.

—No hace falta. Reconozco esa cara.

Kiara escribió Al-Nur en el destino.

—No puedo seguir esperando mientras todos me dicen que no pueden ayudarme.

—Kiara, estás hablando de viajar al otro lado del mundo para buscar a un hombre que podría llamarte perfectamente cuando pueda.

—Y podría hacerlo mañana, dentro de una semana o dentro de un mes. No lo sé porque nadie me dice nada.

Claire suspiró.

—¿Estás segura?

Kiara miró el mensaje de Karim. Después apoyó una mano sobre su abdomen.

Rashid todavía no sabía que iba a ser padre.

Y ella ya estaba cansada de pedir permiso para hablar con el hombre con quien había compartido más de un año de su vida.

Seleccionó un vuelo.

—No.

Claire frunció el ceño.

—¿No?

Kiara tomó su tarjeta y comenzó a introducir los datos.

—No estoy segura de absolutamente nada.

Presionó comprar. La confirmación apareció segundos después.

Kiara vio el boleto.

Destino: Al-Nur.

—Pero voy a encontrarlo.

Y esta vez, Rashid tendría que explicarle personalmente qué demonios estaba ocultando.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo