Capítulo 27 Solo mía

NILO

Mi mano baja por su vientre. Se posa en su centro húmedo. Busco sus pliegues, los aparto y acaricio ese punto que la hace morderse los labios para no gritar.

—Pídelo, Luzia —digo, sin dejar de acariciarla—. Eso es lo que deseas. Lo que has deseado desde aquella primera noche.

—No —susurra—. ...

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